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Se alquilan vientres: razón aquí

A tal punto de generosidad y altruismo hemos llegado, que hasta estamos dispuestas a donar vidas, a alquilar nuestros vientres

14 ago 2018 / 20:09 h - Actualizado: 14 ago 2018 / 21:41 h.
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España siempre ha sido altamente valorada por países extranjeros por su altruismo y generosidad. Somos uno de los países europeos que más donaciones de órganos practica o mejor ha sabido sobreponerse a una crisis económica como la reciente. Donar cuando ya no nos hacen falta los órganos, dar de comer a nuestra vecina porque se ha quedado en paro o liderar campañas de acopio de alimentos, parece ser que nos ha definido en los últimos tiempos como país y seres humanos.

A tal punto de generosidad y altruismo hemos llegado, que hasta estamos dispuestas a donar vidas, a alquilar nuestros vientres para que mujeres y hombres puedan ver cumplidos sus deseos de ser madres y padres. Y en ésta nos encontramos, en pleno verano, con el debate encima de la mesa sobre la legalización o no de la gestación subrogada en España. Un melón que nadie quiere abrir. Con una situación política peculiar y una proliferación del discurso feminista, las posturas ante este tema se hacen cada vez más inconexas y cómo no apelemos al diálogo y el entendimiento, la batalla la perdemos antes de empezar.

No es recomendable volver al debate sobre las libertades individuales que se fraguó en su día en torno al tema de la prostitución y el aborto. Hay dos posturas ideológicas claramente definidas en este debate social. Los que apoyan la legalización y regularización de la gestación subrogada en nuestros país, que parten de la base de que ser padres o madres, es un derecho innegociable. Y por otro lado, Iglesia, movimientos feministas y algunos partidos políticos que por primera vez en la historia cierran filas y se ponen de acuerdo, para defender una postura que aleje a las mujeres de la cosificación y tener que parir para terceros.

La gestación subrogada, como bien sabemos consiste en la posibilidad de alquilar un vientre, previo pago, para poder convertirnos en padres y madres. En EEUU el proceso ronda los 150.000 dólares. Cada vez más países se suman a este nuevo modelo de negocio, donde la capacidad reproductiva de las mujeres se pone al servicio del capitalismo. El patriarcado por supuesto, lo incentiva con el viejo discurso de que las que prestan sus vientres «lo hacen porque quieren, y pueden elegir no hacerlo». Lo que quizás no nos paramos tanto a pensar, es que en casi todos los casos, las que paren hijos para otros, suelen ser para gente más blanca y más rica que ella misma. Los aspectos económicos y legales, son sin duda cuestiones importantes a tener en cuenta. No podemos perder de vista que vivimos en una estructura machista y androcéntrica, alimentada por un neoliberalismo complaciente y un capitalismo voraz.

En nuestro país, no es legal esta práctica, sin embargo, está en la agenda política el determinar si en un futuro no muy lejano haremos como nuestros países vecinos y crearemos un marco legal que contemple dicha práctica. Sobre todo por el negocio que se ha creado alrededor de este asunto. Paquetes de viajes, clínicas, médicos, abogados, intermediarios... todos se frotan las manos ante tan lucrativo mercadeo. Este tráfico de úteros que ya se está dando en EEUU, pronto puede ser una realidad en nuestro país y deberíamos analizar la cuestión desde distintos puntos de vista, antes de posicionarnos. Incluido el movimiento feminista, que tiene mucho que decir al respecto.

El deseo de ser padres o madres, se concibe entre los partidarios de la legalización, como un derecho social, por encima de la mercantilizacion del trabajo reproductivo y sus posibles consecuencias para el cuerpo de la mujer. Hombres homosexuales, con recursos económicos, se convierten en lobbies de presión para hacer valer sus intereses particulares, y ante esto ¿permanecemos impasibles? ¿seguimos legitimando entonces las relaciones jerárquicas basadas en el sistema sexo/género?

No creo posible encontrar la verdad ante tal maraña de intereses, pero una cosa tengo clara. Y es que si la gestación subrogada finalmente se legaliza en nuestro país, la alianza del patriarcado con el mercado liberal, será una realidad. A menos que se cree un marco legal que proteja a la madre que alquila su vientre. Que se establezca una edad mínima para la gestación. Que la decisión de someterse a dicho proceso no esté basada en coacciones, intereses económicos o presiones. Que la madre gestante, por ejemplo, pueda revisar en todo momento las bases del contrato que firma y velar porque siempre tenga pleno control de todo el proceso de gestación.

No nos queda de otra que implicarnos en este mundo imperfecto, que nos tocó vivir. Ser conscientes de nuestro poder para luchar contra el modelo establecido. De no convertirnos en los perros guardianes de un sistema que desprovee a las mujeres de su derecho a gestionar su capacidad reproductiva. Un derecho ese sí innegociable.


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