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Serra Ferrer (III)

15 may 2017 / 20:12 h - Actualizado: 15 may 2017 / 20:14 h.

Lorenzo Serra Ferrer ha aterrizado en Sevilla como el nuevo Mesías del Real Betis, algo que no deja de ser una constante en el club de Heliópolis, la necesidad de un salvador caído del cielo que acabe con su mediocridad. El salvador lo necesitaban ahora Ángel Haro y José Miguel López Catalán, arrinconados por los malísimos resultados del equipo (incluso el de baloncesto) y la aparición de un Rafael Salas que quiere proponer ideas nuevas, y ávidos de un golpe propagandístico que amansara a las fieras. Es indiscutible que si el Betis no hubiera hecho el ridículo en muchos de los últimos partidos la llegada de Serra se hubiera anunciado cuando acabara la temporada y no en este momento sorpresivo en el que también se han dejado caer fichajes curiosamente. Es indiscutible que si los resultados hubieran sido mínimamente aceptables, ni siquiera buenos, Serra Ferrer no hubiera regresado para tomar las riendas de la entidad. Eso sí, lo negarán, a través tanto de cauces internos como externos, no lo duden.

Pero la llegada de Serra tiene muchas lecturas, provocará muchos efectos y genera dudas tan razonables como la esperanza que también genera. El primer damnificado es Miguel Torrecilla, mandado por los rectores al rincón de pensar y bajo la sensación general de que no se le despide porque costaría mucho dinero. Pese al rotundo fracaso de su primera temporada en el Betis creo que el todavía director deportivo merece otra oportunidad por su valía. Y aquí aflora una de las dudas respecto a Serra: si casi todas las personas aparentemente válidas que llegan al Betis fracasan hay un riesgo evidente en este sentido para el mallorquín, cuya llegada ha recibido el beneplácito de todos, como el año pasado la de Torrecilla. ¿Se tragarán también a Serra las arenas movedizas verdiblancas?

Los segundos damnificados son Haro y Catalán, que han tenido que reconocer lo que argumentábamos algunos de los ‘francotiradores’ y orquestadores de campañas: que sí necesitaban gente con conocimientos de fútbol que supervisaran todo. Rectificar es de sabios y para nada algo baladí, luego merece un aplauso. Pero surge aquí la segunda de las dudas. Durante meses se han resistido a recurrir a Serra Ferrer para el Betis actual, esgrimiendo que no había que mirar al pasado y que confiaban más en otras directrices. La llegada ahora de Serra implica otra rectificación pero no necesariamente que de repente Haro y Catalán hayan llenado el vaso de su confianza en el mallorquín como por arte de magia. Es un fichaje fruto de la desesperación y ya se sabe cómo suelen salir las cosas cuando de verdad no se cree en ellas. Esperemos que esta sea una de las excepciones.

Y en tercer lugar, surge la justificada duda de cómo puede resultar Serra desde un despacho del Villamarín. Como entrenador, el mallorquín y Lopera crearon a los dos mejores Betis que se recuerdan en décadas: finales, títulos y hasta Champions. Hay más en los libros de historia, por supuesto, pero no mucho más. Si segundas partes casi nunca fueron buenas, este desembarco de Serra es el tercero en el Betis y viene además tocado por el desempeño del balear en el club de sus amores, un Mallorca del que ha sido dirigente y accionista y que reza por no bajar a la Segunda B. Su proyecto ‘Milenium’ no convenció a Lopera y ahora cabe esperar que lo haya actualizado. El Betis necesitaba a gente como Serra Ferrer, aquí está. Haro y Catalán necesitaban una gran cortina de humo, aquí está. El Betis, que ha tenido 52 entrenadores en 51 años en la Primera División y que tendrá al menos 53 en 52 temporadas en la élite, resetea de nuevo. A ver por dónde sale.


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