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Sin esperanza

14 feb 2016 / 22:57 h - Actualizado: 14 feb 2016 / 22:30 h.

La corrupción está acabando con todos nosotros. Lo dijo Esperanza Aguirre el pasado viernes en la Asamblea de Madrid y dos días más tarde estaba dimitiendo como presidenta del Partido que había contribuido a aupar a las más altas cotas de la perplejidad. En tiempos, se decía que el PSOE era la formación política que más se parecía a los españoles. Ahora, debe ser el PP: sus dirigentes se hablan por Whatsapp, incluso para comunicarse decisiones tan graves como la que nos deja sin lideresa en estos tiempos de desgobierno. Visto lo visto, si Mariano Rajoy se divorciara alguna vez lo haría con un post-it en la puerta de la nevera. De momento, celebró San Valentín deshojando la margarita de si se presentará o no a la investidura si Pedro Sánchez fracasa en el intento. Sin comprender que en el amor y en la política hay trenes sin billete de vuelta.

Esperanza Aguirre se va porque algo huele a podrido en Génova. Ya en su día, cuando Filesa, Hamlet también visitó Ferraz y quedó demostrado que 1.200 millones de pesetas ayudaron a la financiación del PSOE. La justicia tendrá que demostrar ahora si la trama de los ERE en Andalucía no sólo conllevó la trincalina de cuatro golfos sino que afectó a la financiación del partido, una hipótesis que está por ver. Sin embargo, un cajero automático parece conducir al PP de Valencia, al de Mallorca y al de Madrid, hasta el corazón de la Gürtel. Quizá, más allá de la judicialización de estos pufos y de la relativa caída en desgracia del voto de los charranes, los partidos tendrían que crear un departamento de asuntos internos para evitar la impunidad de semejantes carteristas. O ilegalizarles por enaltecimiento de la desesperanza en la democracia. Ignoro si la corrupción está acabando con los corruptos pero, si recordamos la historia, puede acabar con nuestras libertades.


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