sábado, 17 noviembre 2018
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Sin implicación no es posible el compromiso

Conjugar adecuadamente desarrollo, globalización y bien común más que un reto debería de ser la práctica habitual de las organizaciones sociales, tales como las empresariales y las políticas

10 nov 2018 / 06:00 h - Actualizado: 09 nov 2018 / 13:49 h.
  • Sin implicación no es posible el compromiso

Desarrollo, globalización y bien común, "en una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras" (Caritas in Veritate).

Conjugar adecuadamente desarrollo, globalización y bien común más que un reto debería de ser la práctica habitual de las organizaciones sociales, tales como las empresariales y las políticas, apoyadas éstas en lo que podría denominarse la cultura de la implicación.

Si no existe implicación es imposible transformar determinadas prácticas que no ayudan a construir una sociedad más comprometida con las personas, porque somos quienes de una manera natural podremos ofrecer un mundo más justo. Cada uno de nosotros debe de concienciarse de que el cambio de los parámetros políticos y económicos se alcanzará si aceptamos implicarnos con un proyecto social que busque la dignificación de las personas.

La globalización es un hecho y el mundo apoyado en la tecnología nos ha cambiado a todos. Un cambio que ha originado un canal de comunicación entre las personas que supera las fronteras y, superará en breve, las prácticas políticas, como está superando ya las relaciones económicas clásicas, apareciendo nuevas figuras y nuevos modelos en este ámbito.

El Papa Benedicto XVI nos ofrece una solución para que la globalización económica pueda ser una solución para que la pobreza quede limitada a su mínima manifestación y no sea una herramienta generadora de la misma. Lo que nos dice es de gran calado por cuanto su visión debería de formar parte de la práctica habitual del trabajo en las organizaciones sociales. Tenemos que convertirla en un eje de reflexión para la misión conjunta que tienen que realizar empresarios y políticos" El comportamiento económico y empresarial que se desprende tiene en común principalmente el respeto de la justicia conmutativa. Indudablemente, la vida económica tiene necesidad del contrato para regular las relaciones de intercambio entre valores equivalentes. Pero necesita igualmente leyes justas y formas de redistribución guiadas por la política, además de obras caracterizadas por el espíritu del don. La economía globalizada parece privilegiar la primera lógica, la del intercambio contractual, pero directa o indirectamente demuestra que necesita a las otras dos, la lógica de la política y la lógica del don sin contrapartida" Caritas in Veritate.

Los políticos viven alejados de la realidad, no entienden a las personas que formamos parte de la sociedad, lo comprobamos a diario, y no solo en nuestro país, sino que desgraciadamente forma parte del día a día de muchos países. Hoy, son muchos los políticos que han desertado de lo que verdaderamente debería ser una vocación de servicio, y tan solo están centrados en lo que el marketing electoral puede darles el rédito suficiente para permanecer anclados en el puerto del poder. Consideran que tienen poder porque aparecen en medios de comunicación, porque son aclamados por simpatizantes o militantes de sus partidos -que no dejan de ser la gran minoría de la población- o porque se sienten dueños de las poltronas de los hemiciclos, ¡qué equivocados están! El tiempo y la historia los juzgará por la concordancia y la resolución real de los problemas, la mayoría de ellos quedarán enterrados en el olvido, y en cementerios fríos y oscuros sin el oropel al que estaban acostumbrados. No se percatan que la entrega y la generosidad es tejer una pieza de fraternidad. Una pieza en donde el desarrollo implica asegurar que la globalización tiene que estar basada en el reparto ecuánime de los bienes de este mundo, y que para ello precisan del tejido empresarial. Implicarse es comprometerse. Es una acción que abre la mente y esto supone el estar dispuestos a realizar un programa político en donde el Bien Común sea el motor del desarrollo del mundo.

No están implicados en querer solucionar los verdaderos problemas que tenemos los ciudadanos, tiran de un hilo mediático y se sostienen en el mismo, para ello cuentan con una corte de aduladores que no hacen sino ahondar más en lo que nos puede separar como sociedad que en intentar lograr una implicación conjunta que busque dar respuesta a los problemas reales de las personas.

Por esta razón viven alejados de los problemas y no se percatan que la globalización per se está suponiendo un cambio de tal calado en la sociedad que la política ya está afectada del mismo y que, mal que les pese a los ideólogos políticos y a los generadores del marketing político, la política empieza a estar ya superada por otros actores sociales que irán ganando cada día más protagonismo. De ahí el desapego de muchos ciudadanos a los partidos políticos que durante tantos años han ejercido la responsabilidad de gobierno, y el resurgimiento de partidos que basan sus discursos en un lenguaje caduco y poco fresco. Es cuestión de tiempo, estos últimos serán flor de un día, más allá de que el sistema les dote de medios económicos y estructurales. Por esta razón realizan un trabajo que solamente tiene la perspectiva del corto plazo, yo subrayo del cortísimo plazo. El uso global de las redes sociales está configurando una nueva mentalidad en muchos niños, adolescentes y jóvenes que muy poco les importa o les importará la política y que hallarán, no tengo ninguna duda, otras maneras de gobernar el mundo.

Mi recomendación es que comiencen a establecer un proyecto de colaboración con el mudo económico y empresarial porque solamente implicándose en la búsqueda de soluciones conjuntas seremos capaces de lograr un desarrollo que beneficie a las personas de manera global, alejándose de ser esa flor de un día que hoy tiene olor y color, pero que mañana estará marchita. Desde esta intencionalidad, porque por el momento no me atrevería a pedir más a políticos y empresarios, seremos capaces de hallar el camino para conseguir un desarrollo auténtico e integral. La Exhortación Apostólica Cáritas in Veritate nos señala al respecto: "Hoy, muchas áreas del planeta se han desarrollado, aunque de modo problemático y desigual, entrando a formar parte del grupo de las grandes potencias destinado a jugar un papel importante en el futuro. Pero se ha de subrayar que no basta progresar sólo desde el punto de vista económico y tecnológico. El desarrollo necesita ser ante todo auténtico e integral. El salir del atraso económico, algo en sí mismo positivo, no soluciona la problemática compleja de la promoción del hombre, ni en los países protagonistas de estos adelantos, ni en los países económicamente ya desarrollados, ni en los que todavía son pobres, los cuales pueden sufrir, además de antiguas formas de explotación, las consecuencias negativas que se derivan de un crecimiento marcado por desviaciones y desequilibrios".

La próxima semana reflexionaré sobre el bien común como punto de referencia de la implicación de las personas en la salvaguarda y cuidado del medio ambiente: " Si tenemos en cuenta que el ser humano también es una criatura de este mundo, que tiene derecho a vivir y a ser feliz, y que además tiene una dignidad especialísima, no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas". Exhortación Apostólica Laudato si


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