lunes, 24 junio 2019
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Távora y el toro

08 feb 2019 / 10:00 h - Actualizado: 08 feb 2019 / 10:02 h.
  • Fotografía de archivo, tomada en Valencia el 05/06/2017, del dramaturgo Salvador Távora. EFE/Archivo/Manuel Bruque
    Fotografía de archivo, tomada en Valencia el 05/06/2017, del dramaturgo Salvador Távora. EFE/Archivo/Manuel Bruque

Salvador Távora había hecho el paseíllo como sobresaliente en el Coliseo Balear de Palma de Mallorca el 21 de agosto de 1960. Toreaba a las órdenes de su tocayo Salvador Guardiola, hijo del célebre ganadero de los campos de Utrera y rejoneador de cierta fama. Al clavar el rejón de muerte, quedó trabado por los estribos y fue arrastrado por el caballo sufriendo unas tremendas lesiones en la cabeza que le ocasionaron la muerte. A Salvador Távora le tocó acabar con la vida de aquel animal. Y se retiró del toro...

Pero el toro permaneció presente en su posterior trayectoria como dramaturgo. Su ópera flamenca ‘Carmen’ incluía en su versión completa la lidia de un animal bravo. Esa sinfonía visual, de inconfundible aire pos regionalista, sumaba un reconocible universo sensorial en el que se mezclaban los sonidos y hasta los olores de la Semana Santa con la siempre incierta y rotunda presencia del toro, que se colaba en la escena. ‘Carmen’ dio muchas alegrías a Salvador Távora, que volvió a tirar de ese imaginario cuando fue requerido para poner en pie el espectáculo de la inolvidable Feria Mundial del Toro, ese escaparate en el que –ésa es la verdad- sólo creyeron los ganaderos y dejaron marchitar el resto de actores del toreo.

La pregunta es, ¿Dejarían hoy a Salvador Távora incluir la lidia de reses bravas en sus espectáculos? Es historia tan reciente que sorprende. En la bisagra de los siglos XX y XXI aún no había triunfado por completo esta dictadura de lo políticamente correcto; no se había impuesto ese pensamiento único que tiene al mundo de la Tauromaquia como una de sus bestias negras. Távora, el dramaturgo del Cerro del Águila, reivindicó la identidad taurina de nuestra tierra en la escena como un ejercicio de libertad que hoy se nos antoja imposible. Tuvo tiempo de que le elogiaran por ello. Hoy sólo recibiría insultos. Sólo deseamos buen viaje al viejo torero. Descanse en paz.


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