sábado, 20 julio 2019
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, última actualización

Todo se ha consumado

01 abr 2016 / 22:42 h - Actualizado: 01 abr 2016 / 22:42 h.

Hace una semana aún no se habían consumido las candelerías de la Soledad, el Sol la Esperanza ni la Virgen de la Aurora. Las imágenes aún recibían a los suyos desde la altura de sus peanas y la Semana Santa estaba apurando sus últimos capítulos. Una semana después seguimos experimentando ese extraño vacío que sólo saben dejar los días santos. Alguien dijo que la vida se vive en siete días en esas jornadas que saben esponjar el tiempo a la medida de la niñez. Quizá sea ése uno de sus secretos no contados. ¿Cuánto tiempo pasa del Viernes de Dolores al Domingo de Resurrección en el reloj interior? Ha pasado una semana; y parece que todo sucedió hace mucho. Los trajes aún andan condecorados con cintas y pegatinas, perfumando el armario del incienso que prestó la cercanía de los pasos. El capirote ha recuperado su lugar en el altillo de los trastos absurdos; la túnica espera en su caja para volver a la tintorería y los programas brotan arrugados en los bolsillos de los abrigos inevitables para un tiempo áspero e inusualmente frío. Todo se ha consumado pero en las dobleces del alma queda cierto amargor. La Semana Santa volvió a ser ese viaje pospuesto a un tiempo hermoso que perseguimos por las esquinas de la ciudad inmensa. En pos de los pasos y las cofradías volvemos a buscarnos a nosotros mismos o, posiblemente, a lo que un día fuimos. El encuentro con nuestros fantasmas volvió a quedar pospuesto. ~


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