miércoles, 26 abril 2017
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Trading y familia

19 abr 2017 / 22:20 h - Actualizado: 19 abr 2017 / 19:20 h.

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El gran problema de un trader o inversor de corto plazo es, sin duda alguna, el tiempo, puesto que, si no tiene dedicación exclusiva, corre el peligro de descapitalizarse a las primeras de cambio, puesto que la especulación bursátil requiere grandes dosis de concentración. Esta realidad, sin embargo, choca frontalmente con el derecho del trader a conciliar su tarea con su vida familiar, como el resto de los mortales.

El problema del trader surge cuando llega a la conclusión de que su tiempo es limitado. Que tiene, además, una vida privada y, en muchos casos, una familia que reconquistar día a día.

Y ello es así porque la actividad bursátil de un trader le absorve gran cantidad de tiempo y energía si quiere que esta sea rentable y, el hecho de trabajar contra reloj le generará aún más estrés del que ya, de por si, genera la inversión cortoplacista.

Por ello, habrá que hacer una prelación de tareas, llevando a cabo la principales o nucleares en el menor tiempo posible y dejando las tareas accesorias para cuando se tenga tiempo suficiente. La clave, por tanto, se encuentra en reducir las tareas nucleares al mínimo en cuanto a número y tiempo de ejecución.

Este periodo de tiempo debe destinarlo a gestionar sus operaciones, es decir, comprobar si se han ejecutado las órdenes o si han de recalcularse nuevamente, enviar las modificaciones al bróker y documentarlas debidamente.

Para ello, y como norma general, deberían de mantenerse no más de dos posiciones abiertas a un mismo tiempo, o tres como mucho si nos vemos capaces para ello, aunque, y para evitar malas pasadas y, no estamos muy seguros, con una sola operación en marcha puede ser más que suficiente. Nuestro cuerpo, nuestra mente y, sobretodo nuestra familia, nos lo agradecerá. ~


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