lunes, 26 junio 2017
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Un amor de invierno

12 mar 2017 / 17:56 h - Actualizado: 13 mar 2017 / 09:31 h.

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Lo malo de encariñarme con Cora, a la que conocí el pasado otoño en el mercadillo de los lunes de Mairena del Alcor, es que con la llegada del calor tendré que separarme de ella y sufrir su ausencia como un condenado. Es el riesgo que corremos con los amores de invierno. Cuatro meses de relación intensa, más de cien noches de caricias en todo el cuerpo, de roces de piel inconfesables, de sueños y amaneceres, para ahora que llega la primavera, la estación del amor y los calentones, tener que decirle adiós, aunque solo sea hasta el invierno que viene. Sin saber, que es lo peor, si en este tiempo acabará en cualquier otra alcoba, calentando otro cuerpo o enamorando a otras criaturas solitarias. La podría encerrar con llave en algún departamento del ropero, pero le agradeceré los servicios prestados y la dejaré libre para que haga lo que quiera, volver al mercadillo del que vino o calentar otras nalgas y otros pies desguarnecidos. ¡Oh, Coralina, amante de seda, compañera fiel en mis noches más frías, qué larga se hará la espera, deseando que vuelvas a la vera mía.


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