jueves, 20 julio 2017
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Un beso de ciento veinte minutos

La Pasión es un refugio, un abrazo acurrucado. Es ese lugar para la sonrisa, ese marco para un cuadro de Sevilla, un pincel para pintar cofradías y sentimientos

30 abr 2017 / 00:42 h - Actualizado: 30 abr 2017 / 00:42 h.
  • Un beso de ciento veinte minutos

La Pasión es, para mi corazón, mucho más que un programa de televisión. Nació con otro nombre hace ahora muchos años, ha cambiado de casa y de aspecto, ha envejecido y ha vuelto a renacer. Se ha movido, ha sufrido y ha obtenido galardones y reconocimientos. Es un espacio con miles de productos audiovisuales mandados al cielo de Sevilla. La Pasión es un lugar de encuentro, un área de descanso, un trozo del salón. Es un refugio, un abrazo acurrucado. La Pasión es ese lugar para la sonrisa, ese marco para un cuadro de Sevilla, un pincel para pintar cofradías y sentimientos.

La Pasión es el tiempo que siempre robé a las personas que más quiero en el mundo para regalarlo a la ciudad que me enamora cada vez que abro los ojos por la mañana, es la hora de pedir permiso para compartir el amor más grande por la Semana Santa. La Pasión es un beso de ciento veinte minutos.

Y es también una responsabiildad y un compromiso, una deuda y una bandera. Es un peso en los hombros y una espera. La Pasión es una parte de la vida de un trozo de la ciudad, una cena compartida desde hace años, una puesta en común, un reloj con varias agujas dentro de la misma esfera familiar. Y también es una herencia de padres a hijos que han compartido juntos horas de televisión local y cofradías, y de retransmisiones en directo de la Semana Santa de la ciudad más hermosa del mundo.

La Pasión es algo más, en mi corazón, que un programa de televisión. Es un latido de 17 años, de miles de noches encendiendo una llama de esperanza, tocando a reunir a todo el escuadrón cofrade. Es un sueño cumplido, una caminata por los pasillos de miles de hogares de Sevilla. Siempre llamando a las puertas del alma de las cosas importantes de esta tierra. Es un pijama perpetuo y un salón familiar. La Pasión es cuestión de padres y de hijos.

Siempre que la premian me conmueve, siempre que la reconocen me emociona. La Pasión forma parte de mi vida.

Hemos terminado otra Semana Santa y seguimos cumpliendo años, temporadas y objetivos. Pero, sobre todo, permanecemos vivos allí donde más se necesita el corazón de este programa. En las casas donde las personas mayores nos aguardan con el mando a distancia en la mano y los ojos abiertos con la necesidad de ver la luz de Sevilla.

La Pasión sigue andando por tu casa y por la mía, por tu televisión y por el alma de un equipo del que me siento tan orgulloso que jamás podría explicarlo con palabras. Bueno, quizá sí. La Pasión es, precisamente, un equipo de personas que conocen bien quién debe ser importante en cualquier programa de televisión cofrade: Y es Sevilla.


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