lunes, 12 noviembre 2018
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Alguien tenía que decirlo

Un delantero que defiende mejor que un central

24 ene 2018 / 22:42 h - Actualizado: 23 jun 2018 / 23:21 h.

Las urgencias del Sevilla nos empujaron a todos los que solemos ver y analizar los partidos del equipo nervionense a acortar el crédito inicial que todo entrenador merece. Máxime, cuando éste llega en mitad de una temporada que se ha torcido y no puede empezar de cero. Eso nos pasó a casi todos con Vincenzo Montella, relevo de Eduardo Berizzo en Nervión. La elección del italiano fue una apuesta por cierta continuidad en ideas, aunque con las lógicas variantes, pero no en método. Por mucho que los que tienen el privilegio de contemplar los entrenamientos aseguraran que estos habían cambiado radicalmente con Montella, apostando más por un trabajo táctico notable que hiciera creer a los jugadores en lo que proponía –cosa que no sucedía con el Toto–, las primeras decisiones del transalpino sorprendieron por su escasa novedad respecto a lo que venía proponiendo Berizzo. Apuntaba detalles como transiciones más rápidas, pero el equipo seguía sin estar estructurado y el técnico se lamentaba de la falta de entrenamientos. Para colmo, medio regaló el derbi al eterno rival en el momento clave del encuentro por una deficiente lectura del mismo y perdió desde la pizarra el reto de levantar al equipo en Medizorroza.

Las urgencias del Sevilla eran tales –el camino en la Copa del Rey, la necesidad de fichajes y la caída hasta el sexto puesto en la Liga– que nadie, ni los más optimistas, confiaban entonces en Montella. Nadie imaginaba un cambio tan rápido, pero el entrenador ha conseguido dibujar un Sevilla diferente al de Berizzo sin preaviso, de repente, por sorpresa. El excentral no trazó un sistema defensivo decente, mientras que el exdelantero lo ha logrado a base de conocer mejor a los jugadores y entrenamientos –los resultados lo corroboran– de más calidad. Curioso. Un torpe batacazo en el derbi no es la mejor forma de empezar, pero Montella ha tardado poco en compensar y con creces al sevillismo eliminando a otro rival enconado como el Atlético, ofreciendo en bandeja unas nuevas semifinales y, lo más importante, ilusionando de nuevo a todos –incluyan a los jugadores, la clave–. Perder el derbi con tal de eliminar al Atlético y hallar al fin el camino es un precio que (casi) todos hubieran pagado desde el principio. Montella ha conquistado el crédito que merecía.


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