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Un ministerio para una epidemia

¿Por qué el Reino Unido ha creado un Ministerio para la Soledad? Ha llegado una amenaza sanitaria inédita: la de las personas que se sienten solas en un mundo hiprerconectado

19 may 2018 / 20:14 h - Actualizado: 19 may 2018 / 23:02 h.

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Parafraseando una antigua frase, una nueva epidemia asola Europa. Esta epidemia lleva el nombre de soledad. La primera ministra Theresa May, en el Reino Unido, ha instituido el Ministerio de Soledad (Minister for Loneliness), dirigido por Tracey Crouch, actual secretaria de Deporte y Sociedad Civil, debido a que para «demasiadas personas» la soledad «es la triste realidad de la vida moderna».

En el Reino Unido hay más de nueve millones de personas que siempre o con mucha frecuencia se sienten solas. En España, seis de cada diez personas están en soledad no deseada. Según datos del informe La soledad en España, de 2015, uno de cada 10 españoles admite sentirse solo con mucha frecuencia.

Es decir, 4,60 millones de personas en nuestro país (el ocho por ciento de la población) se sienten solas habitualmente, lo que incluye a dos millones de ancianos. El diario El Mundo, en septiembre de 2017, publicó un artículo que llevaba por título La epidemia de la soledad ya supera a la obesidad como amenaza para la salud, es decir, de acuerdo con la citada fuente, «la soledad, entendida como aislamiento social, puede representar una grave amenaza para el sistema sanitario».

La soledad implica falta de comunicación, es decir, aislamiento. Vivimos una sociedad hiperconectada que, sin embargo, muestra síntomas de aislamiento y, a veces, a algún subconjunto de la sociedad conduce a la anomía, un peligroso mal para la sociabilidad urbana que genera comportamientos alejados de la natural bondad del ser humano.

Para Gregory Bateson, la comunicación es una actividad compleja (La importancia de los sistemas relacionales, 2017, Salvat, Barcelona). La comunicación presupone, de acuerdo con el autor citado, la adquisición de una serie de capacidades cognitivas y relacionales, que invoca niveles de abstracción elevados para dar a los mensajes un significado específico. Hoy las capacidades relacionales se están perdiendo. Sherry Turkle, socióloga del Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT), opina que permanecer siempre conectados está mermando nuestras capacidades sociales (La sociedad hiperconectada, Investigación y Ciencia, Temas, 91, 2018). Resulta indudable la interconectividad global de las redes sociales, pero ¿por qué se incrementa el síndrome de la soledad generando algo que se considera una epidemia social? ¿Por qué un país se plantea crear un Ministerio de Soledad? El primate más interconectado está cada vez más solo.

Cuando hablamos hoy de soledad lo estamos haciendo de vivencias muy diferentes. El catedrático de la Universidad de Sevilla doctor Jaime Rodríguez Sacristán nos habla del sentido unitario y múltiple de la experiencia de la soledad (El sentimiento de soledad, 1992, Editorial Universidad de Sevilla).

Para este investigador, el fenómeno solitario es polimorfo, ya que hay muchas soledades. Las diferentes formas de soledad se pueden agrupar: soledades caracterológicas, soledades noéticas y soledades tímicas. Las primeras son de índole comportamental, social y evolutivo (por ejemplo, la soledad del ser humano actual, la soledad de los marginados, las soledades rechazadoras, el aislamiento, la soledad del diferente). Las soledades noéticas son aquellas en las que lo intelectual y el pensamiento priman sobre lo emocional y afectivo (son soledades creadoras y benéficas, la soledad deseada). Las soledades tímicas son aquellas en las que prima el componente emocional y afectivo en el conjunto de la experiencia global de la sociedad (melancolía, nostalgia, angustia). Hay muchos tipos de soledad, unas buscadas y otras encontradas sin desearlo, inducidas por el modelo social.

Estas últimas son las que generan la epidemia que conduce al malestar del conjunto de la sociedad con un incremento del aislamiento, y eventualmente de la enfermedad. La soledad que nos preocupa es la que aísla sin desearlo, sin que sea una vivencia querida. La soledad aumenta el riesgo de mortalidad, y la sociedad que hemos generado está incrementado el sentimiento de soledad.

Un informe conjunto entre la Fundación Axa y la Fundación ONCE advirtió en 2015 que la mitad de la población española admite haber sentido, en algún momento, cierta sensación de soledad. ¿Necesita España un Ministerio de la Soledad? Para José María Rodríguez Olaizola (Bailar con la soledad, Sal Terrae, 2018) en nuestros días hay mucha vida oculta y anónima. Moverse entre la soledad y el abrazo, entre la distancia y el encuentro, puede generar una tensión dolorosa. La vejez tiene sus propias dosis de soledad, agudizada por una sociedad que olvidado la labor realizada por sus personas mayores y las condena al olvido y a las penalidades. Todos los datos conducen a la certidumbre de que la soledad está más presente hoy que nunca. El 25 por ciento de los hogares españoles, datos de 2016 del Instituto Nacional de Estadística, son unipersonales. La soledad actual tiene que ver con la sociedad líquida que propone Zygmunt Baumann, donde los componentes sólidos que permitían contener la vida social se han difuminado, generando itinerarios imprevisibles tanto para la vida individual como para la experiencia colectiva; hay profundas diferencias entre estar conectado y estar relacionado.

Pascal Bruckner creó la expresión «la tentación de la inocencia» para describir una realidad tendencial de nuestra sociedad donde no somos responsables de nada. ¿Hasta qué punto somos culpables por acción u omisión de los desajustes de la sociedad? José María Rodríguez Olaizola, en su libro, da un punto de esperanza: no estamos solos, en todas las vidas hay lazos, relaciones llenas de posibilidades, escenarios en que los encuentros se vuelven reales.

La ciudad, como decía el arquitecto Luis Miquel Suárez-Inclán es el lugar del gran encuentro. Tenemos que construir ciudades en este sentido donde la calle y la plaza, el barrio, sean los lugares donde se vence el aislamiento y la sociedad.

Pero también tenemos que darnos cuenta de que todos los modelos sociales y económicos no conducen al mismo sitio. Tenemos que discriminar para alcanzar un bien individual y colectivo, y no dejarnos llevar por la tentación de la inocencia. Podemos hacer un mundo, una sociedad, menos aislada, donde la soledad no sea una epidemia que destruya el propio sistema social a través de la infelicidad y las carencias individuales.


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