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Alguien tenía que decirlo

Un momento, por favor

06 nov 2017 / 06:20 h - Actualizado: 05 nov 2017 / 22:31 h.

Pese a que a los aficionados nos incomoden estos parones por los compromisos de las selecciones nacionales (ya se sabe que en España somos más de clubes que de la Selección), tanto Sevilla como Betis reciben este tercer paréntesis en la temporada sin rechistar. Al Sevilla, el último le sentó fatal. Llegó un mes de octubre fatídico que ha sembrado dudas por todos sitios y que tiene con la mosca detrás de la oreja a los aficionados sevillistas, pese a unos 19 puntos que alejan cualquier tipo de drama clasificatorio y que son sólo dos menos que en la temporada pasada. Pero claro, las sensaciones son muy diferentes que hace un año. Aunque el Sevilla de Sampaoli tenía defectos, estaba convencido de una idea, venido arriba por la ambición del técnico argentino e iba a los partidos de verdad. El actual aún no le ha cogido la idea a Berizzo ni éste se ha dirigido claramente hacia un camino concreto. Vacila, duda y desprende un aroma que ahora mismo hace prever que tendrá difícil meterse en la Champions League, aspecto crucial en el futuro del Sevilla. Ha habido reacción por parte del técnico, es indudable. Como ya antes la tuvo Unai Emery y el propio Sampaoli, aunque los precedentes no tienen porqué significar que el futuro de este Sevilla tenga que ser igual de positivo. Ojalá. Habrá que esperar, pero de momento el peor Athletic en años, el Barça más al trantán que lo ha recibido en el Camp Nou y el Atlético más dubitativo en mucho tiempo lo han neutralizado sin apenas sudar. Fuera de casa el Sevilla se encoge demasiado, se empequeñece.

Más allá de las lagunas en la planificación, el Sevilla parece cambiar de rumbo en plena temporada en busca de la solidez defensiva por encima de todo. Un lugar opuesto a la apuesta de la dirección deportiva de hace un año, con la contratación de Sampaoli, y de este verano, con la llegada de Berizzo. Por ahora al extécnico del Celta se le achaca poca incidencia durante los partidos, quizás acostumbrados todos al acierto del tándem Sampaoli-Lillo en este sentido. Eso sí, no es cabezota, y eso hay que celebrarlo. Estamos en un momento del curso en el que al Sevilla se le agotan las vidas extra: el Valencia le saca ocho puntos en 11 jornadas (que son realmente nueve, pues el 4-0 de Mestalla difícilmente lo recuperará el Sevilla en la segunda vuelta en Nervión) y el Atlético cuatro, que son casi cuatro y medio porque el 2-0 del Wanda también parece poco probable que sea levantado en el Sánchez-Pizjuán. El Valencia de Marcelino, sin olvidar al Villarreal (un punto por encima de los nervionenses), se ha unido a la carrera por las dos plazas Champions que dejan Real Madrid y Barcelona, y eso dificulta aún más el objetivo de un Sevilla al que Berizzo debe, de la forma que sea, sacarle más partido. Ninguno de los fichajes está brillando y casi ninguno mejora a los que se fueron. Claro que hay que mirar a Óscar Arias, pero nadie podrá discutir que el técnico, que también ha desterrado sus rotaciones diabólicas, debe encontrar regularidad de resultados y una forma de jugar clara y concisa sobre la que el Sevilla despegue de una vez. El margen de mejora es indiscutible y quizás este año el Sevilla sea el que vaya de menos a más.

En el Betis las sensaciones han ido también a menos. El fulgurante inicio, aderezado con la histórica victoria en el Bernabéu, ha disparado las ilusiones por ver al equipo verdiblanco pelear con los mejores incluso por plazas europeas. ¿Por qué no? Pero, pese a que Quique Setién lo niegue, el juego desplegado ha sufrido un serio bajón que tuvo su momento álgido en el partido ante el Getafe. Y pese a que la labor de Serra Ferrer, el artífice del cambio, sea alabada con razón, también afloran los agujeros que la mayoría veía en verano. Un resfriado de Feddal o de Javi García enferma gravemente al equipo, cuyo balance de goles (21 a favor y 20 en contra) es incompatible con meterse arriba. Ese ritmo sólo lo pueden aguantar muy pocos equipos en Europa, los grandes de verdad. Necesitas una pegada constante a la que, pese al excelente rendimiento de Sergio León y Sanabria, no puede aspirar el Betis. Y a Setién, al que le compro el 90 por ciento de su discurso habitual pero lo noto demasiado a la defensiva pese a las loas a su Betis, bien le valdría encontrar un plan B para cuando el A se atasque, algo que ya ha pasado en más de una ocasión. Por ahora el equipo verdiblanco se mueve donde se debe mover, en la primera mitad de la clasificación, a la altura del presupuesto (dejen ya lo de a la altura de la afición porque no hay aficiones que se merezcan a un equipo el 18º, por ejemplo). El Betis tiene capacidad para poder meterse en la pelea por una plaza europea, sin que eso tenga que derivar en presión exagerada ni tirones de pelo si no se consigue. Si a Setién no se le cae el equipo y Serra encuentra gangas en enero (no olviden el regreso de Rubén Castro), ahí estará el Betis. Pero necesita parar y coger aire.


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