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Un papá socialista y los independentistas malcriados

05 feb 2019 / 10:36 h - Actualizado: 05 feb 2019 / 11:42 h.
  • Pedro Sánchez y Quim Torra en los jardines del Palacio de La Moncloa. / EFE-Archivo
    Pedro Sánchez y Quim Torra en los jardines del Palacio de La Moncloa. / EFE-Archivo

Un niño malcriado es, entre otras cosas, una máquina de pedir, un eterno insatisfecho y una trituradora de padres y madres con cierta inclinación a ser humillados, maltratados y exprimidos. Un niño malcriado nunca tiene bastante aunque reciba todo lo que pide y algo más de propina. Un niño malcriado siempre continúa desgastando sin vergüenza, sin pudor, sin límite, a unos padres entregados al noble arte de cuidar a los hijos, padres que confunden eso de educar con dar cualquier cosa a cambio de mejorar la estirpe.

Pues bien, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, ya está empezando a saber lo que significa tener a un hijo malcriado y sinvergüenza en casa. Si bien es cierto que el crío tuvo padres tan ineptos como el propio Sánchez, padres que no tuvieron en mente nada que no fuera los apoyos y el futuro a corto plazo del niño estúpido, también es verdad que Sánchez está batiendo todos los records del mundo en ceder ante las presiones, en claudicar con tal de seguir en el despacho de La Moncloa y en dejarse insultar, vapulear y humillar.

Los independentistas catalanes no tienen límites. Piden y piden sin parar. Piden, incluso, lo que no se les puede dar (excelente estrategia para hacer creer a sus masas enfurecidas que el Gobierno de España dice no a todo, que la represión del Estado es terrible y esas cositas). No tienen límite, pero sí demuestran saber cómo aprovechar que un presidente débil esté dispuesto a cualquier cosa con tal de seguir siéndolo.

Pero que nadie se lleve las manos a la cabeza. Esto es política y, sin que los ciudadanos puedan saber la verdad de lo que sucede, algo estará cociéndose en los trasteros, en las cloacas; algo que satisfaga a unos y a otros. Hay que tener claro que el Gobierno de España y el independentismo catalán lo que necesitan es tiempo. Los primeros para intentar convencer a los españoles de que son lo mejor de lo mejor, los independentistas para buscar una salida a la quiebra interna que han sufrido y para poder recomponer filas.

Padre y niño malcriado, al final, son padre e hijo. Y se necesitan uno a otro. Y se quieren uno a otro aunque de cara a la galería no quieran demostrarlo. Ahora el niño se ha vuelto a poner tontito. Papá lo que hará será seguir gobernando decreto ley en mano, estirará los presupuestos hasta el límite y ganará ocho o nueve meses al calendario convencido de que eso cuenta a su favor, sin saber que los niños, que crecen sin conocer la tolerancia al no, suelen terminar siendo unos tiranos incontrolables.


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