viernes, 24 noviembre 2017
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Una Iglesia vulnerable

13 may 2017 / 22:45 h - Actualizado: 13 may 2017 / 22:45 h.

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Dos hermandades han sufrido robos en la última semana. Lamentablemente son las últimas víctimas, de momento, de una larga lista de la que, probablemente, solo conocemos, algunos nombres. Los templos, siempre abiertos –o así debería ser– tienen pocas, en algunos casos ninguna, medidas de seguridad. Quizás un sacristán que atiende a la vez en la sacristía o la oficina mientras que echan un ojo a las naves. Solo casos como las basílicas del Gran Poder o la Macarena cuentan con cámaras de seguridad, guardias privados u otras medidas para persuadir a los cacos; en caso necesario, intervenir rápidamente o dar con el autor en cuestión de horas, como ya se ha demostrado.

Pero precisamente no es el caso de las dos hermandades víctimas de estos actos vandálicos esta semana. La Sacramental de Umbrete anunció el martes que habían forzado la puerta de la casa de hermandad y se llevaron de la caja fuerte la corona de espina de plata del Cristo, la corona de la Virgen, además del cepillo –un clásico de todos los robos en las iglesias– y otros enseres de menor valor. Y aunque hasta el miércoles no se dieron cuenta, los hermanos de la Resurrección, que ya han tenido que sortear ataques de otra índole –incendio de la puerta de Santa Marina, pintadas...–, también sufrieron el robo de las joyas que portaba en ese momento la Virgen de la Aurora en su capilla la tarde del martes. El valor de las piezas, cuyas fotos se apresuraron en difundir para que no sea fácil venderlas, asciende a unos 2.500 euros pero lo más doloroso, confesaba su hermano mayor Miguel Ángel Pérez, es saber que el autor o autores estuvieron de pie en la mesa del altar mirando cara a cara a la Virgen para quitarle las joyas que tenía prendidas en el tocado. Afortunadamente, aclararon inmediatamente desde la corporación lasaliana, la dolorosa de Dubé de Luque está en perfecto estado.

Defiendo los templos de puertas abiertas el mayor tiempo posible. El Señor espera siempre y siempre puede haber alguien que necesite pasar un rato ante el Sagrario o ante las imágenes titulares de nuestras hermandades o ante cualquier otra imagen de su devoción, más allá de participar en las misas, recibir el perdón en el confesionario o hacer gestiones en la administración de la parroquia. La casa de Dios, aunque Dios esté en todas partes, debe permanecer abierta. Las puertas abiertas invitan a entrar. Pero eso también la hace vulnerable –que, por otra parte, es parte de su fortaleza–. Se trata entonces de educar a todos en el cuidado y el valor –más allá de lo material: todas estas piezas robadas son fruto del esfuerzo de una familia, de un grupo de devotos o hermanos o de uno solo para regalárselas a la Virgen– de lo que hay dentro y en tomar las medidas de seguridad oportunas para que sucesos como estos no vuelvan a ocurrir. ~


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