sábado, 15 diciembre 2018
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Uno de esos días raros de España

¿De verdad que los independentistas catalanes han apoyado a Pedro Sánchez por la corrupción del Partido en el Gobierno y no porque saben que con el ya nuevo presidente tendrán más fácil partir España?

01 jun 2018 / 19:26 h - Actualizado: 01 jun 2018 / 22:25 h.

Creo que una democracia pierde calidad con días como los de ayer y anteayer. La moción de censura es una figura legal recogida en la Constitución española, pero es que Pedro Sánchez no llevaba ni un mínimo programa de Gobierno. Menos papeles que una liebre, que dicen en mi pueblo. Los mismos que Diego Cañamero, que ayer llevaba una bandera de Andalucía y una camiseta en la que dejaba claro que su voto había sido para echar a Rajoy. Lógicamente, porque siempre ha pensado que los socialistas son la derecha, desde que yo iba a los mítines del PTA y el SOC y lo escuchaba hablar, cuando creía inocentemente que podríamos cambiar algo. Estos días hemos visto lo que hemos cambiado, con veintitrés partidos, cada uno de su padre y de su madre, uniéndose para defenestrar al presidente del Gobierno, dicen que por corrupto y por amparar la corrupción.

¿De verdad que los independentistas catalanes han apoyado a Pedro Sánchez por la corrupción del Partido en el Gobierno y no porque saben que con el ya nuevo presidente tendrán más fácil partir España? Que hablen los separatistas de regeneración democrática, después de dar un golpe de Estado que les ha llevado algunos a la cárcel y a Cataluña casi a la ruina, es para irse al bar, como hizo el jueves el ya expresidente, supongo que para evitar arquear en el Congreso. Aunque hay quien dice que estuvo todo el tiempo metido en el bolso de la exvicepresidenta, como un gorrión huyendo de los gatos. ¿Bildu también ha participado en el golpetazo de Sánchez por la corrupción, porque les duele España? ¿O Esquerra Republicana? Solo hay que ver el cariño que nos tiene Gabriel Rufián.

Lo cierto es que el país tiene a un nuevo presidente, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, sin que un solo español lo haya votado, salvo los miembros de esos veintitrés partidos, incluido el suyo, donde muchos ya se están frotando las manos porque hay miles de sillones esperando nuevas posaderas. No, la moción de censura de Sánchez no se ha hecho por la corrupción del Partido Popular, porque él pertenece a uno que perdió el poder precisamente por la putrefacción y que en Andalucía ha llevado a dos expresidentes de la Junta al banquillo. Cómo le va a importar la corrupción a Sánchez si ha aceptado el apoyo de Quim Torra, al que por cierto llamó xenófobo, supremacista y racista, además de un Le Pen catalán. ¿Es que esto es mejor que la corrupción? No, y además deja claro lo que es capaz de hacer un mediocre por alcanzar el poder que no le han dado las urnas. Hasta apoyarse en independentistas, cuando dijo que no lo haría nunca –también lo aseguró José Luis Ábalos–, antiguos proetarras y bolivarianos.

Claro que también hay quienes han celebrado el golpetazo de Sánchez, sin taparse siquiera la nariz, porque consideraban que había que echar a la derecha del Gobierno, sobre todo a Mariano Rajoy, y que lo de menos era la forma de hacerlo. ¿Prohibirán ahora los partidos de derecha? Esta sería una buena forma de que nunca más volviera a gobernar en nuestro país alguien tan de derechas como Mariano Rajoy, aunque Sánchez haya sido presidente por el apoyo del PNV, que es la derecha vasca. O sea, un gazpacho: la derecha, la extrema izquierda, los separatistas, los viejos proetarras...

Lo que hay que ver ahora es cuándo va a convocar elecciones Pedro Sánchez, con lo mal que se le dan las urnas fuera de su partido, porque primarias sí que gana. A un año de las elecciones municipales, sería ilógico que convocara las generales para septiembre, así que intentará agotar la legislatura para que le dé tiempo a hacer cosas que le permitan hacerse fuerte de cara a unos comicios electorales. A no ser que la gobernabilidad sea imposible, que parece lo más probable, y se vea obligado a convocarlas antes.

Mariano Rajoy se ha llevado el palo de su vida porque es el primer presidente de España que ha sido echado a través de una moción de censura, con lo que la derecha sociológica estará contenta, porque era poco rajoyniana antes incluso de su aplastante victoria de 2011. A lo mejor ahora lo echan de menos, porque, si bien es cierto que ha cometido errores y que ha mostrado una gran torpeza en algunos temas, también es verdad que le ha dado seis años de poder al Partido Popular y que, pudiendo hacerlo, no abandonó el barco a las primeras de cambio cuando comenzaron los problemas más graves de corrupción, con casos que sucedieron antes de que fuera presidente del partido o del Gobierno, como el de la Gürtel, cuya sentencia le ha costado ser echado de la Moncloa poco menos que a patadas y en tres días, sin tiempo apenas para asimilar el golpe y entender cómo podía acabar de esa manera el mandato de un líder político de su importancia.

El nuevo presidente dijo ayer mismo que iba a anteponer los intereses de los españoles a los del Partido Socialista, y solo hay que ver cómo ha conseguido entrar en La Moncloa para dudar de sus buenas intenciones: contando con el apoyo de populistas y nacionalistas. Cómo ha llegado a ser presidente sin ni siquiera presentar un programa de gobierno en esta moción de censura, ahora hará lo que le dé la gana, como hicieron Felipe González, Aznar, Zapatero o el propio Mariano Rajoy. «Mantente mientras cobro», solía decir un maestro albañil con el que estuve unos meses de peón.

Siempre me ha llamado la atención la asombrosa capacidad que tenemos los españoles para ilusionarnos con los líderes políticos de todas las ideologías, que al final nos acaban desilusionando tras forrarse y dejarnos con cara de gilipollas. Con Pedro Sánchez es distinto, no creo que haya ni un solo español sensato que tras ver cómo ha llegado a la presidencia del país, con tanta falta de escrúpulos y traicionándose hasta así mismo, esté ilusionado con lo que pueda hacer o no semejante sujeto que dice ser de izquierdas y constitucionalista.

Ayer no fue un día negro para la democracia, como han dicho los que han tenido que dejar el cargo de manera urgente. Fue solo uno de esos días en los que no sabes si estás algo borracho o como una cuba.


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