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Desvariando

Vaya usted con Dios

08 jun 2018 / 22:30 h - Actualizado: 08 jun 2018 / 22:30 h.

Confieso que aunque jamás le voté, porque suelo votar siempre a un partido de izquierdas –estas cosas no se deben decir en un país como España, pero es que desvarío bastante–, le tenía afecto a Mariano Rajoy, el ya expresidente del Gobierno. Me caía bien, pero uno no puede votar a quien le cae bien sino a quien considera que va a defender mejor los intereses de su país. Como parlamentario el gallego nos ha hecho pasar muy buenos ratos con sus discursos preñados de frases ingeniosas e irónicas, y eso lo voy a echar de menos, sinceramente, aunque en el fondo celebre que ya no esté ahí.

Si ya con este hombre el Congreso era aburrido no quiero pensar cómo será sin él. Incluso me gustaban esas frases inexplicables, que creo que las decía a propósito, porque nadie puede dudar de su facilidad de palabra. Si repasan un poco sus discursos verán que casi siempre surgían un día después de que ocurriera algo negativo para él o el partido. Creo que era como una manera de desviar la atención de otras cosas. Ahora la cago, diría, y el rebaño se vuelve a juntar. Rajoy conoce muy bien a los españoles.

No sé si será por los años que tengo ya y lo que llevo visto, pero antepongo los intereses del país –España, sí, que yo soy un andaluz de España– a los míos o de mi ideología. Para mí la política no es como el fútbol o el cante jondo, donde el que es del Betis o Camarón se muere siéndolo. Puedo confiar en un dirigente político e ir a muerte con él, pero solo hasta que me defraude por algún motivo o haya cambiado tanto que no merezca ya mi confianza, porque un dirigente político no es de mi sangre, es solo un desconocido al que, a veces, le coges cariño o lo acabas odiando.

No entiendo a quienes se llevan toda una vida apoyando a un partido que los ha engañado, que ha robado al pueblo y que ha mentido dentro o fuera del Congreso. Eso explica por qué votan aún tantos millones de personas al Partido Popular, a pesar de toda la basura que ha salido a la luz pública, con condena judicial incluida –que les ha costado el Gobierno–, o al Partido Socialista en Andalucía, una región con tanto paro, corrupción y atraso en aspectos tan fundamentales.

Es arriesgado poner la mano en el fuego por Mariano Rajoy por lo que pueda salir todavía, pero siempre lo he tenido por un hombre honrado. También me pregunto desde hace años qué hacía una persona aparentemente íntegra en un partido con tantos casos de corrupción de individuos de esa organización política y de fuera, del mundo empresarial, donde también existe la corrupción, aunque no sea justo generalizar, como no lo es tampoco en la política.

¿Por qué Rajoy no convocó una rueda de prensa tras las condenas del caso Gürtel, se sentó ante los medios de comunicación, sin plasma, y dijo hasta aquí hemos llegado, no soy un chorizo y no puedo andar entre chorizos? Supongo que porque no podía hacerlo al estar cogido por los cataplines, como lo estuvieron Felipe González y José María Aznar. Es que no lo ha hecho ningún presidente del Gobierno de España. Por tanto, si no son corruptos, la amparan, la tapan miserablemente y no la denuncian jamás.

Mariano Rajoy se ha ido limpio, sin imputación alguna, pero el pueblo tiene dudas sobre su honradez y eso es peor a veces que una imputación en firme, que no es una condena judicial. Pero es que, además, existe una condena que certifica la caja B de su partido, del que él ha sido presidente durante años, y por lucrarse esta organización de esta trama. Si no ha habido condena penal es porque en aquellos años no era delito la financiación ilegal de los partidos, que ahora sí lo es y está contemplado en el Código Penal desde el 1 de julio de 2015.

Creo que el único presidente español sobre el que no hubo dudas fue Adolfo Suárez, sobre todo en temas de corrupción. Confieso que se me saltaron las lágrimas cuando murió, a pesar de su relación con el franquismo, etapa que detesto y contra la que luché lo que pude y desde donde pude, porque era un adolescente cuando murió el dictador. Suárez fue un ejemplo de entrega a España gobernando en unos años muy difíciles. Por tanto, no dejará Rajoy el mismo recuerdo que dejó Suárez, a pesar de que estos días los hayan comparado.

A los presidentes los hacen buenos o malos los que llegan cuando se van. ¿Hará bueno Pedro Sánchez a Rajoy? ¿Lo hará malo? Lo ha echado de la Moncloa con malas artes, aunque de manera legal porque la moción de censura es una figura reglamentaria recogida en la Constitución. Con malas artes porque ha aprovechado una condena judicial y la detención de Zaplana, aliándose con partidos a los que les estorbaba Rajoy para conseguir sus objetivos, esto es, partidos independentistas o de la izquierda radical. No ha sido una moción de censura contra España, como se está diciendo, sino contra Rajoy y su partido, el Partido Popular, que lleva años tambaleándose por la corrupción.

Solo el tiempo dirá si fue o no buena idea la moción de censura, que, eso sí, sirvió para echar al Gobierno en pleno, algo que no había sucedido nunca en estas cuatro décadas de democracia. Fue un golpetazo, que no un golpe de Estado. Un golpetazo bien planificado por Pedro Sánchez, porque algo así no se improvisa en tres días. Se jugaba nada más y nada menos que su carrera política, porque de haber fracasado, ¿cómo iba a seguir al frente de su partido?

Me ha dado penilla que Rajoy haya salido de esta manera del Gobierno, por lo que ha trabajado y lo que ha conseguido para nuestro país en una situación difícil. Pero por otra parte su marcha abre un tiempo nuevo para España, y ya era hora. Esta derecha es pésima, ha gobernado solo para los suyos, es prepotente e incapaz de conseguir que no se la relacione con el franquismo, ha empobrecido a los trabajadores y enriquecido más muchos ricos y, sobre todo, ha pisoteado a los más débiles.

Por tanto, señor Rajoy, vaya usted con Dios.


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