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Y por aquí...

29 oct 2017 / 00:30 h - Actualizado: 29 oct 2017 / 00:30 h.

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Entre tanto disparate y la desazón que causa, resulta ridículo atender a otros temas que no sean Cataluña y cómo se sienten miles de catalanes partidarios, al menos, de otra forma de hacer las cosas. Pero, aunque sea como evasión, volvamos a nuestra cotidianidad, a nuestra preocupación por la solución de la Madrugá, del conjunto de la Semana Santa, por hacer la Carrera Oficial en un sentido o a la inversa, por las próximas coronaciones o las salidas extraordinarias que no dejan de proliferar en el horizonte, por las elecciones en unas hermandades y otras, de las fracturas internas, de las candidaturas, de los nombramientos y designaciones de pregoneros, cartelistas e imágenes y, cómo no, por Torreblanca y ese prometedor viacrucis del primer lunes de Cuaresma.

Aplaudamos la decisión de probar el Martes Santo al revés. Pero ¿por qué solo por un año? ¿Por qué no, siquiera, ad experimentum? ¿Y si funciona? ¿Y si se demuestra que realmente se salvan los problemas de seguridad de la jornada y las cofradías recortan su horario de entrada? Por lo menos, déjennos pensar que lo estudiarán, que valorarán el resultado e, incluso, la posibilidad de trasladar la experiencia a otros días, quizás a la Madrugá.

Aplaudamos también el compromiso de buscar una solución a la seguridad en la Carrera Oficial y la posibilidad de cambiar Sierpes por Tetuán, aunque esto suponga perder abonados y, por tanto, rendimiento económico que repercute en las propias hermandades.

Aplaudamos el anuncio de una nueva coronación, la de la delicada Virgen de la Victoria, para el 13 de octubre del próximo año. Una coronación que ya tiene logotipo y lema, María en el corazón. Y la salida extraordinaria de la Virgen de la Encarnación, de la Esperanza de Triana y la más que probable de la Esperanza Macarena.

Aplaudamos la dedicación de quienes dan un paso al frente por su hermandad; de quien busca lo mejor y se compromete pese a las dificultades, las incomodidades o el cansancio, y, sobre todo, de quien sabe dar un paso al lado cuando ve que, en lugar de unión, su propuesta causa una nueva fractura en su corporación precisamente por su amor a la cofradía y devoción a sus titulares –habrá que ir superando otros hándicaps que sirven de excusa, aunque siempre dentro de una «vida ejemplar»–.

Aplaudamos las nuevas designaciones –dejemos la reivindicación de una voz o mirada femenina para otra ocasión– por su valentía y por lo que significan además de por su acierto.

Y sigamos pendientes de estas pequeñas cosas que marcan nuestro día a día, nos entretienen y apasionan, sin olvidar a los que sufren, por unos y otros motivos, y, al menos, recordémoslos ante nuestros titulares.


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