martes, 17 octubre 2017
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Asignatura pendiente

07 ene 2017 / 09:57 h - Actualizado: 07 ene 2017 / 09:57 h.
  • Asignatura pendiente

Las últimas cifras sobre empleo y afiliación a la Seguridad Social son, evidentemente, positivas. No hay nadie que pueda discutir algo así puesto que, por ejemplo, cerrar el año con 3.702.974 personas en las listas del paro es el mejor dato de los últimos siete años. Pero que sean positivos no los convierte en buenos, deseados o motivos de satisfacción. ¿Puede alguien presumir de tener a esa cantidad de personas haciendo cola frente a una oficina de empleo?

España sigue arrastrando un enorme problema enquistado en su mercado laboral. Y no se trata solo de elementos cuantitativos ostensiblemente mejorables como los que apuntábamos. La precariedad en el empleo se hace evidente cuando se revisan los tipos de contratos que se realizan (muchos más temporales que fijos), los salarios medios o los conflictos y ambiente en el trabajo. Si bien es verdad que la situación financiera del país ha evolucionado favorablemente durante el pasado año (ha bajado y se mantiene en niveles aceptables la prima de riesgo y los activos españoles pueden presumir de una buena colocación en los mercados internacionales), si bien es verdad que el PIB ha crecido cerca de lo esperado y esa tasa de desempleo ha descendido; según la OCDE la inseguridad en el empleo español se sitúa en el segundo puesto de Europa, solo superada por la griega. Y la calidad del trabajo no es correlativa al aumento del empleo.

Es la asignatura pendiente de Mariano Rajoy que, obsesionado por disminuir el número de parados para que los números apareciesen maquillados, ha olvidado que el cortoplacismo en esta materia puede convertirse en un arma letal en el futuro.

Otro dato del que se puede estar satisfecho, pero con reservas, es el de la afiliación a la Seguridad Española. Un crecimiento del 3,12 por ciento durante el año pasado no es mal dato. Eso es verdad. Tanto como que el problema de las pensiones está sin resolver. Este crecimiento no garantiza en modo alguno la viabilidad de las pensiones públicas pasados quince o veinte años. Pensar que emitiendo deuda pública para poder hacer frente al pago de las pensiones se está dando solución al asunto es no saber realizar un análisis sensato y declaraciones como esta ya se han escuchado en el ministerio de Fátima Bánez. Este es un problema que afectará a millones de personas y que, de no resolverse, podría funcionar como un misil lanzado contra la línea de flotación del estado del bienestar.

El año que acaba ha sido bueno, el empleo creado regular o malo, y el futuro que se dibuja no es como para estar tranquilos. No hay que olvidar que, el día 20 de enero, Donald Trump tomará posesión de su cargo como presidente de los Estados Unidos de América, que el brexit se hará realidad, que en países importantísimos de Europa se convocarán elecciones que, dadas las circunstancias, nos pueden colocar frente a corrientes populistas y dispuestas a terminar con el proyecto europeo. La incertidumbre se ha instalado para quedarse.

Es conveniente dejar los triunfalismos aparcados y seguir buscando soluciones a medio y largo plazo que garanticen una estabilidad que necesitamos más que nunca. Aunque, en cualquier caso, hay que felicitarse porque, en diciembre de 2016, 86.849 personas encontraron trabajo y 68531 se afiliaron a la Seguridad Social. Ni necesitamos triunfalismos ni, tampoco, derrotismos tóxicos que solo buscan el fracaso político de unos y el éxito propio.


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