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¿Cobrarán plus los festivos?

07 dic 2016 / 08:02 h - Actualizado: 06 dic 2016 / 21:25 h.
  •  El alcalde de Celrà (Gerona), Daniel Cornellà, atiende a la prensa a las puertas del Ayuntamiento que abrió ayer sus puertas. / Efe
    El alcalde de Celrà (Gerona), Daniel Cornellà, atiende a la prensa a las puertas del Ayuntamiento que abrió ayer sus puertas. / Efe

Resulta insultante y, a la vez, cómico, que 300 ayuntamientos de Cataluña hayan decidido abrir sus puertas el día 6 de diciembre cuando el resto de España celebraba una Constitución que ha servido para que un país entero fuera capaz de asumir cambios radicales sin excesivos problemas. Salir de un periodo dictatorial, enfrentarse a las profundas heridas que había dejado una guerra cuarenta años antes, seguir soportando actos terroristas sanguinarios e inexplicables o dibujar una nueva España estructurada en Comunidades Autónomas son algunos de los logros que sin la actual Constitución como aglutinadora de ideologías o de tradiciones propias de una región determinada, no se hubieran podido conseguir de ninguna de las maneras.

Pero, en Cataluña, 300 ayuntamientos han decidido abrir sus puertas un día festivo porque, según los ediles, no hay nada que celebrar. Algunos consistorios han abierto esas puertas sin que hubiera nadie dentro trabajando con normalidad. Las puertas abiertas y los trabajadores en casa. Tal vez, lo que ha sucedido en alguno de esos ayuntamientos es que los que trabajan allí y se manejan en esta vida con un grado de coherencia normal y una sensatez que procura dejar cada cosa en su sitio, tal vez, han pensado que tampoco hay nada que celebrar en Navidad si uno no es católico, o que tampoco hay nada que celebrar el día del patrón del pueblo, o que no hay nada que celebrar casi nunca si pensamos con seriedad lo que hacemos. Y, tal vez, han pensado que nadie se anima a trabajar el 24 de diciembre por la noche o el 25 por la mañana, al no creer en Dios; o que nadie trabajará el 31 de diciembre o el primer día del año porque piense que no hay nada que celebrar dadas las circunstancias que ordenan un mundo injusto y cruel con las clases más desfavorecidas o con los países del tercer mundo. La presidenta del Parlamento catalán ha manifestado que ella estaba trabajando en la calle porque en Cataluña nunca se para, se trabaja mucho. Habrá que esperar a la noche del día 24 de diciembre y saber si sigue con su labor ejemplar.

Estos movimientos de políticos mediocres (si esto no es populismo habría que revisar ese concepto o inventar otro distinto para referirnos a la forma más extendida de hacer política en la actualidad) son gestos de cara a la galería que no suponen más que una escena pintoresca que para algunos forma parte de la historia de una nación. Es tal la falta de criterio, es tal el adoctrinamiento al que se somete a los niños y jóvenes en las escuelas de algunas autonomías, que cada día son más lo que creen en estos gestos estériles, provocadores y estúpidos (estúpidos en el sentido etimológico del término, es decir, en el sentido de hacer algo lesivo sin recibir ningún beneficio a cambio de ello).

Estos 300 ayuntamientos con las puertas abiertas el Día de la Constitución son un ejemplo más de lo que la clase política independentista puede llegar a intentar manipular a través del lenguaje y una puesta en escena tan vacía como propia de quien no sabe en el mundo que vive.

Cataluña es una parte pequeña de España; una parte muy pequeña de Europa; una parte insignificante del planeta. Respecto al sistema solar debe ser algo así como un grano de arena en una playa. ¿Merece la pena tanto esfuerzo, tanto ruido, tanto teatro?


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