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El mundo: una gran incógnita

16 abr 2017 / 23:49 h - Actualizado: 17 abr 2017 / 16:50 h.
  • El mundo: una gran incógnita

La política internacional, desde que Donald Trump ha llegado a la presidencia de los Estados Unidos de América, se ha convertido en una especie de circuito de velocidad en el que todo puede pasar. La escalada de tensión es verdaderamente importante y las partes involucradas, aunque pidiendo calma algunas de ellas, van tomando posiciones o afianzando las que ya ocupaban.

Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, conociendo el terreno mucho mejor que Trump, teniendo una experiencia abrumadora respecto al presidente norteamericano, se afianza en sus políticas y parece que aprovecha facturas pendientes de Trump. Todavía se investiga en Estado Unidos la posible vinculación con Putin de su presidente en época electoral.

Trump parece tomar decisiones a la ligera, sin una reflexión clara, envía recados a sus posibles enemigos lanzando la más mortífera de las bombas no nucleares a los terroristas yihadistas o amenaza con responder las veces que sean necesarias en Siria, pero nada de eso parece responder a una política internacional clara, nadie sabe si esas acciones tienen que ver con el exterior o con gestos de cara a su electorado. Putin no tiene más que esperar los movimientos de Trump para acertar, Putin tiene ventaja en cada movimiento porque sus políticas, muchas de ellas discutibles a todas luces, son rotundas y buscan un objetivo muy concreto.

Trump ha dejado claro que El Asad es su enemigo y amenaza con volver a castigar al Ejército sirio si comete otra salvajada con armas químicas. Eso le coloca enfrente de Putin. Y Trump está avisando al norcoreano Kim Jong-un; no piensa consentir pruebas nucleares o balísticas. Esto le sitúa en una posición difícil frente a China.

Pero el régimen de Pyongyang intenta contestar. Acaba de intentar el lanzamiento de un misil aunque ha sido un fracaso. Nadie sabe qué tipo de misil era, ni su alcance. Kim Jong-un anuncia estar preparado para una guerra nuclear. Por su parte, El Asad sigue agarrado a su silla porque Putin así quiere que sea. Los chinos llaman a la calma para poder mantener como aliado en la zona a Corea del Norte. Y Trump nadie sabe cómo responderá en esta escalada de tensión. El gran problema es ese. Nadie sabe cómo puede reaccionar el presidente de Estados Unidos. Lo único que parece estar claro es que justificará su extraordinario presupuesto en defensa, sea como sea.

Si bien es cierto que, cada año, el régimen norcoreano maneja bravatas y amenazas al realizarse las maniobras militares en la zona con la participación del Corea del Sur y Estados Unidos, este año el asunto se ha complicado con gestos en forma de ataques aéreos, bombardeos con armas de destrucción extraordinaria, amenazas de guerra y manifestaciones, por parte de todos, que pueden sonar muy preocupantes.

Será Kim Jong-un el que marque la pauta. Si insiste en probar sus armas, todo puede complicarse. Porque nadie sabe de qué es capaz Trump.


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