martes, 19 septiembre 2017
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La CEOE no piensa igual que su presidente

15 sep 2017 / 23:30 h - Actualizado: 15 sep 2017 / 23:32 h.
  • La CEOE no piensa igual que su presidente

La sombra del Procés es alargada. Y ese es uno de los problemas que, tal vez, no se está sabiendo valorar en su justa medida. Es posible que el Gobierno logre frenar la celebración del referéndum que los secesionistas quieren celebrar el próximo 1 de octubre. Las medidas que se van tomando harán su efecto aunque serán las más gruesas de esas medidas las que terminen con el festival en el que se ha convertido la política catalana. Pero con lo que no se acabará ese primer día de octubre es con la quiebra social a escala nacional, con la fractura en los diferentes estamentos que controlan ámbitos fundamentales de la política, la economía o el deporte.

Esta vez son los empresarios los que sufren un efecto que los secesionistas sabían que se terminaría produciendo. Y parece que lo tenían más claro que el resto puesto que, mientras la inmensa mayoría de los españoles no da crédito a lo que ve, el grupo de secesionistas asiente con alegría. Las situaciones tensas, extremas, suelen generar conflictos que se extienden como manchas de aceite.

El presidente de la CEOE, Juan Rosell, en declaraciones a una emisora de radio, aludía a una segunda Transición en la que se reformase la Constitución española para encontrar una vía que pudiera transitarse con el fin de llegar a un territorio situado entre una Cataluña independiente y «el acatamiento porque sí y la sumisión total». Es decir, para Juan Rosell Cataluña se encuentra en situación de sumisión.

Aunque la directiva de la CEOE se ha apresurado a decir que esto es cosa del presidente, lo cierto es que Rosell ha dejado muy clara su postura y la de, seguramente, muchos otros empresarios catalanes. La CEOE tiene un problema como el resto de la sociedad española.

Si los empresarios catalanes o los directivos de las empresas afincadas en Cataluña hubieran manifestado su intención de trasladar sus empresas en el caso de llegar, por ejemplo, a la situación que se vive en la actualidad, posiblemente, nada de esto que vivimos hoy se hubiera producido. Por el contrario, sumarse al espectáculo independentista con manifestaciones como la de Rosell no hace más que animar a los que creen que saltarse la ley, jugarse el patrimonio e incluso ingresar en prisión, tendrá su recompensa.

Este tipo coqueteos, más o menos velados, se tornan peligrosos a medida que se van sumando. Si, por ejemplo, los líderes internacionales comenzasen a dudar en sus declaraciones sobre la legalidad o necesidad de la independencia en Cataluña, Rajoy se encontraría con un problema de considerables dimensiones y difícil solución. Habrá que esperar para saber si eso llegará a suceder. Es posible que el Gobierno se lleve más de una sorpresa. Pero, de momento, tienen suficiente con las que generan los propios españoles. Conviene no olvidar que todos los catalanes lo son y lo seguirán siendo.


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