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La fantasía de un futuro cercano

16 may 2017 / 21:53 h - Actualizado: 16 may 2017 / 22:07 h.
  • La fantasía de un futuro cercano

La llegada de nuevas tecnologías en cualquiera de sus formas, eso que forma parte y facilita el progreso, suele ser motivo de cambios que afectan al tejido social, económico y laboral, en toda su extensión. Y eso provoca cierto desconcierto, alguna desconfianza y eleva el nivel de nerviosismo a medida que llegan las novedades y se implantan de forma definitiva.

Cuando la industrialización se hizo realidad, la economía mundial se alteró, el mercado de trabajo sufrió una especie de hecatombe. Nadie era capaz de saber qué iba a ocurrir aunque lo único cierto es que las máquinas y una nueva forma de trabajar se adueñaba del mundo entero. Conviene recordar que la Revolución Industrial comenzó, en su primera fase, a finales del siglo XVIII en el Reino Unido y se extendió por el resto del mundo durante el siglo XIX; es decir, el proceso fue largo aunque, ahora, se pueda resumir en diez o doce páginas.

Hoy en día, todo es muy rápido, pero los procesos tienen sus propios ritmos y no afectan a todos por igual en las distintas fases. Esto se traduce en que las consecuencias se viven en diversos momentos y en diversos lugares tal y como ya sucedió tiempo atrás.

Intuimos la llegada de la robotización y que su importancia será tan extraordinaria como lo fue la revolución Industrial. Por tanto, podemos pensar que los efectos pueden llegar a ser similares aunque, seguramente, a una escala mucho mayor.

Se prevé que cerca de la mitad de las empresas que tienen actividad en la actualidad desaparecerán en un par de décadas y, con ellas, millones de puestos de trabajo en todo el mundo. Pero, también, los analistas y visionarios creen que empresas y empleos se convertirán en otra cosa, no desaparecerán del mapa sino que se transformarán. Si los robots aparecen de forma masiva habrá que fabricarlos de forma masiva. Esa es la ecuación aunque el resultado no será que equis es igual a equis. Esos mismos analistas ya advierten que, en el camino, parte del trabajo sí desaparecerá y que los trabajadores sin cualificar y los de cualificación media serán los más afectados con el gran cambio. Porque, lógicamente, los robots se podrán fabricar en parte por los propios robots.

Nuestras sociedades, nuestros sistemas económicos, van aguantando estos cambios aunque renqueando. Por ejemplo, el desarrollo informático e Internet han logrado cambiar el mundo de forma brutal y todo sigue funcionando. Con otros ritmos, pero funciona.

Ahora bien, como siempre ha pasado en la historia, los cambios no se producen de forma homogénea, ni se asumen por todos de forma inmediata. Por otra parte, los efectos están por conocer y, por tanto, no sabemos si las previsiones se cumplirán, no sabemos si el desgaste para el mercado laboral será excesivo y arrastrará a la clase trabajadora hasta la zona de conflicto, no sabemos hasta qué punto progresará la inteligencia artificial, la robótica y la impresión en tres dimensiones, las tres grandes novedades que llegan para modificar nuestra forma de entender la realidad.

Sea como sea, sea lo que sea que tenga que ocurrir, lo que no pueden los Gobiernos del mundo es esperar, con los brazos cruzados, a conocer el resultado final. Es imprescindible que se piense en las políticas que se anticipen a las nuevas situaciones, que busquen soluciones que puedan aliviar los problemas que llegarán con toda seguridad. Internet sirve de ejemplo: su desarrollo ha sido de unas dimensiones extravagantes y, en este momento, empezamos a padecer el descontrol que reina dentro de ese ámbito. Es cierto que la red presta un servicio impagable a las sociedades modernas. Tanto como que el mal uso que se hace de ella puede ser catastrófico para esas mismas sociedades.

Pronto, muchos cientos de miles de personas serán reemplazadas por robots. Es necesario que ese tránsito no sea motivo de conflicto, no genere situaciones contrarias a la propia Humanidad. La fantasía de un futuro que parecía imposible ya está llegando y no es una novela.


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