lunes, 18 diciembre 2017
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La potencia solitaria

13 oct 2017 / 22:57 h - Actualizado: 13 oct 2017 / 23:06 h.
  • La potencia solitaria

Una mirada que fije el foco en los movimientos políticos que Donald Trump ha realizado desde que es presidente de los Estados Unidos de América, puede verificar sin grandes esfuerzos la idea que tiene Trump acerca de su país respecto del resto del mundo: EEUU. es el país más poderoso del mundo y puede hacer cualquier cosa porque seguirá siéndolo.

Sin embargo, esta forma de entender la política que tiene Donald Trump es errónea de principio a fin. Su país es tan poderoso porque se ha mantenido presente en todas y cada una de las instituciones internacionales que representan movimientos en busca de la estabilidad y paz mundial, del desarrollo de los pueblos del mundo entero. Ejerciendo su capacidad negociadora, manteniendo presencia allá donde es necesario, evitando acciones que sean contrarias a sus propios intereses. Estado Unidos tiene la importancia que tiene porque interviene en las decisiones fundamentales que afectan a la humanidad.

Sin embargo, Trump continúa con una política que aleja a su país de las instituciones más importantes del planeta, de los acuerdos que han permitido a la humanidad seguir manteniendo una situación mundial relativamente cómoda. Lógicamente, esto no afecta a muchos países que siguen sufriendo situaciones precarias y vergonzantes.

Acusando a la Unesco de estar escorada hacia los intereses palestinos y, por tanto, contrarios a los de Israel; señalando a esa institución de estar anclada al pasado y a un proyecto que ya no tiene recorrido alguno (no le falta algo de razón en este aspecto a Trump), ha decidido abandonar el espacio que siempre tuvo reservado. Si estas acusaciones fueran ciertas, lo mejor, para EEUU y para el resto de los países, sería que desde dentro se intentasen aclarar posiciones de unos y otros, que desde dentro se plantease un nuevo proyecto desde la modernidad. Puede que la verdadera razón de este movimiento tan pueril sea no conceder apoyo a Macron. El presidente francés tenía la esperanza de colocar a uno de los suyos con el apoyo de Trump. Puede que esa razón sea la punta de un iceberg que tardaremos algún tiempo en comprender.

Irina Bokova, que ha sido la encargada de dirigir la Unesco estos últimos años, teme que la decisión de Trump ponga en peligro ese proyecto que trata de preservar y entrelazar todos los aspectos culturales de los distintos pueblos del mundo, pueblos que están condenados a entenderse aludiendo a las raíces comunes que comparten.

Tanto dentro como fuera de su país, Trump ha dedicado más esfuerzos a destruir que a construir. Todo lo que hizo su predecesor lo pone en duda una vez tras otra; su política internacional mantiene un tono belicista desde el primer día de su mandato e, incluso acuerdos extraordinarios como es el que se alcanzó con Irán respecto a su desarrollo en el campo de la energía nuclear o como el que se firmó para evitar el cambio climático, están en peligro.

El señor Trump debería entender que su país es necesario para poder hacer una lectura correcta del orden mundial tal y como lo entendemos en la actualidad, pero, al mismo tiempo, debe saber que sin contar con el resto de los países del mundo condena a sus compatriotas a estar alejados de la realidad y en un mundo infinitamente más peligroso.


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