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Ni siquiera Antonio Banderas es profeta en su tierra

19 may 2017 / 23:30 h - Actualizado: 20 may 2017 / 20:15 h.
  • Ni siquiera Antonio Banderas es profeta en su tierra

Antonio Banderas es andaluz y ha ido, desde que alcanzó la fama, presumiendo de serlo por el mundo entero, presumiendo de haber nacido en uno de los lugares más preciosos y acogedores de la Tierra. Nunca ha perdido oportunidad de promocionar su Málaga natal, una ciudad que en los últimos tiempos se ha ido convirtiendo en un referente cultural para los andaluces y el resto de españoles. Colecciones como la de San Petersburgo, una muestra importantísima de la obra de Picasso o el museo Thyssen-Bornemisza, son muestra del interés de la ciudad por el arte y su difusión.

Pues, tal y como ya ha pasado en otras ocasiones en España, las personas que se implican en proyectos de cierta envergadura; con ganas, ilusión y suficiente experiencia; terminan siendo vapuleadas e injustamente tratadas. Antonio Banderas se ha sentido humillado, según sus propias palabras, al ganar el concurso de ideas promovido por el Ayuntamiento de Málaga para convertir en centro cultural lo que habían sido los cines Astoria y Victoria. Un proyecto atractivo que daría a la ciudad un empaque mayor en cuanto a cultura se refiere. Se trataba de convertir los espacios en teatro, lugares acondicionados para exposiciones, cine y comercio.

Desde el ayuntamiento malagueño, gobernado por el PP en minoría y sin un margen de maniobra mínimo para poder tomar decisiones sin tener que aceptar todo tipo de condiciones (cosa que está muy bien salvo si esas condiciones vienen revestidas de falta de rigor, envidias o acusaciones infundadas que generan escándalos que no benefician a nadie) se habló de una persona «con capacidad de proyección» para estar al frente del proyecto. Inmediatamente, IU y sus socios de Podemos, además de Ciudadanos, comenzaron una batalla para anular el concurso de ideas que había ganado Banderas y a verter acusaciones de todo tipo señalando al actor como persona favorecida en el proceso. Ni siquiera los concejales del PSOE, que en este momento parecen estar solo pendientes de lo que ocurra el domingo en las primarias de su partido, fueron capaces de alzar la voz para defender una figura como la de Antonio Banderas.

Una vez que el actor ha decidido retirarse, nadie asume la responsabilidad y, al contrario, todos dicen que Antonio Banderas era un candidato estupendo.

No deja de ser esta una mala noticia para los malagueños y para todos los andaluces.

Es verdad que no pueden producirse injusticias en las adjudicaciones de los proyectos, que no pueden existir diferencias entre unos ciudadanos y otros, que la trasparencia cuando se trata del uso de dinero público es imprescindible; todo eso es verdad y no puede obviarse; pero no se puede acabar con un candidato incluso antes de comenzar por insinuaciones pueriles o rivalidades sin fundamento alguno.

En el ámbito cultural de los ayuntamientos más importantes de España, como por ejemplo el de Madrid, estos excesos de celo injustificados, han abaratado la cultura peligrosamente. Se han cambiado programaciones serias en los teatros por otras que son ridículas, se han contratado artistas de una calidad casi infame para que todo parezca ‘más del pueblo’, se ha destrozado parte del tejido cultural que parece quererse colocar en manos de inexpertos y experimentadores culturales que no saben por dónde empezar.

Si los políticos municipales no son capaces de distinguir entre un proyecto serio y la persona adecuada para llevarlo a cabo y un mal proyecto dirigido por cualquier individuo, el problema puede convertirse en ingobernable.


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