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Primarias en el PSOE

Punto muerto

15 may 2017 / 23:30 h - Actualizado: 16 may 2017 / 16:16 h.
  • Punto muerto

Ayer, en la calle Ferraz, se escenificó la gran fractura que existe en el seno del PSOE, el desconcierto que reina entre los afiliados al partido y la posible debacle que puede llegar si no se pone remedio a una situación que, a partir del próximo domingo, puede ser difícil y definitiva para esta formación política.

Es necesario recordar que los afiliados al partido no son lo mismo que los votantes, y que el mensaje que reciben unos y otros es radicalmente diferente. Mientras parte de la militancia se arrima a un discurso anclado al resentimiento, a la clara fractura en dos bloques y a una actitud personalista (Pedro Sánchez); mientras otra parte escucha que hay que recomponer las filas, que sin un partido unido no hay nada que hacer y que el socialismo debe recordar lo que siempre ha sido para poder aportar a la sociedad española lo mejor de su esencia (con muchos matices en cada caso, Susana Díaz y Patxi López); el votante que no tiene carnet, que va hasta la urna llevado por la simpatía, por una postura ideológica que cree cercana a la socialdemocracia o por cualquier otra razón, recibe un claro mensaje: el PSOE está quebrado y la solución parece lejana y complicada. Algo tan sencillo como esto parece que ha quedado en el olvido de todos durante esta campaña que llevará a uno de los tres candidatos hasta la secretaría general del PSOE y, posteriormente, a la candidatura a la presidencia del gobierno. Y se trataba de reconstruir un partido para afiliados y votantes. Cualquier otra cosa se convertirá en un fracaso sin precedentes ahora que la socialdemocracia parece no tener un futuro claro tal y como está planteada.

El debate en Ferraz, que ha sido bronco, ha dejado claras las posturas de los candidatos.

Sánchez se mostró dolido, traicionado y llegó a aludir a su situación actual (según afirmó él mismo, está en paro al renunciar a su acta de diputado tras su salida de la secretaría general del partido), para ir trenzando un relato en el que el enemigo es Rajoy y los que no estén con él si llega a ganar estas primarias. Susana Díaz aludió a un partido fuerte y unido, a un PSOE que recoja su verdadera esencia y en el que quepan todos. Por ello, es sorprendente que entrara en el juego del cuerpo a cuerpo que le ofreció Sánchez desde el principio. No le hace falta a Díaz ese enfrentamiento personal ni le viene demasiado bien para que su estrategia de unión interna cale entre los afiliados. Por su parte, Patxi López interpretó su papel a la perfección. Experiencia, tranquilidad, socialismo puro y duro. Es, de los tres candidatos, el que más ha crecido tras este debate y su talla política ha quedado muy por encima de la de Pedro Sánchez que, incluso, tuvo que contestar a una pregunta de López convertida en un misil lanzado, directamente, a la línea de flotación de su adversario. Le preguntó si sabía lo que era una nación y, tras escuchar la respuesta, dejó claras las carencias de Sánchez.

La línea económica que proponen los candidatos ha quedado, otra vez, casi sin dibujar. Algo completamente sorprendente dadas las circunstancias. El proyecto para el partido se ha limitado a centrarse en que los militantes tengan más importancia en todos los procesos. Y, salvo López que supo acomodarse en una zona distante mientras que Sánchez intentaba el acoso y derribo con Susana Díaz y el tono del debate subía de tono, la sensación de enfrentamiento prevaleció durante el debate.

Por tanto, nada nuevo. Tan solo esa fortaleza mostrada por López que beneficiará a Susana Díaz si consigue que sus apoyos no busquen la utilidad de su voto eligiendo la candidatura de Sánchez.

Ahora sí, la suerte está echada.


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