jueves, 27 abril 2017
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Responsabilidad social

18 abr 2017 / 23:33 h - Actualizado: 18 abr 2017 / 23:36 h.
  • Responsabilidad social

Lo que fue el arma arrojadiza de Podemos en sus inicios, «la casta», se ha convertido en otra mucho más peligrosa que se llama «la trama». Y lo es porque esta vez el concepto, la idea, la gracieta, la acusación o como quieran llamarlo unos u otros, se acompaña con un autobús en el que se mezclan las caricaturas (al menos dibujos inexactos) de empresarios, políticos y periodistas.

No es extraño que representantes del Partido Popular, del PSOE y de Ciudadanos, haya criticado duramente la utilización del autobús con el fin de señalar, de forma peligrosa, a una serie de personas que se mezclan sin ton ni son. No parece, efectivamente, que Felipe González se parezca como político a Luis Bárcenas, o que Gerardo Díaz Ferrán pueda compararse con José María Aznar. El derecho al honor y a la imagen de todos los españoles, que recoge la Constitución española, queda oscurecido con este tipo de movimientos políticos que son una clara evidencia del endurecimiento en el discurso de Pablo Iglesias tras el congreso de Vistalegre 2.

Iglesias intuye que sus votantes y simpatizantes reaccionan bien cuando los gestos que realiza suponen un escándalo entre sus opositores políticos. Desde el principio, todo lo que no defiende su formación política representa el pasado más rancio, el robo a espuertas de los corruptos, la defensa del capital frente a un trabajador doblegado ante el cetro del patrón. Y sus seguidores llenan las redes sociales aplaudiendo cualquier acción que señala a los culpables que son zarandeados. El problema del populismo es ese: palabrería, carnaza y culpables de problemas que afectan a un electorado indignado; aspavientos que enardecen a las masas y frases redondas que se vacían por los cuatro costados aunque quedan muy bien en las cuentas de Twitter y Facebook. Política hueca, vieja.

El señor Iglesias debería saber que son los jueces los que deben impartir justicia, los que deben aplicar las leyes; debería saber que señalar a las personas no cabe en el juego democrático porque para eso existe un sistema judicial que, en la maquinaria democrática española, permite que el Estado de derecho sea una garantía para todos los españoles.

Resulta ridículo visitar el Palacio del Pardo en mangas de camisa y, poco después, a la gala de entrega de los Premios Goya luciendo un smoking; resulta penoso que un parlamentario crea que el lenguaje del pueblo es soez y que su discurso, desde el escaño, se llene de palabras que avergüenzan a cualquiera con la excusa de acercar las cosas a la gente de la calle; y resulta muy peligroso poner a circular un autobús decorado con las fotos de personas de todo tipo y calado moral como si fuera un pasquín de los que se exhibían en el lejano oeste.

Irene Montero, portavoz parlamentaria de Podemos, dijo, durante la sesión de control al Gobierno, que esa «trama» a la que alude el autobús es «una red de altos cargos del Estado, destacados políticos, algunos expresidentes o exministros, y también de destacados empresarios, que mandan en este país en lugar de este Parlamento». Si fuera así, que sea denunciado ante la Justicia y que se investigue. Lo que no es de recibo es iniciar campañas (que por otro lado están siendo denunciadas por el PP en el Ayuntamiento de Madrid aludiendo a una posible ilegalidad) que tan solo pueden generar problemas que van más allá de lo que la democracia permite a un político con un mínimo sentido de la responsabilidad.


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