martes, 23 abril 2019
12:36
, última actualización

Todo cambia, excepto la Ley del Cambio

23 may 2017 / 23:45 h - Actualizado: 23 may 2017 / 23:45 h.
  • Todo cambia, excepto la Ley del Cambio

Que el mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa es una evidencia. Además, lo hace en todos los sentidos. En cualquier arista de la realidad nos topamos con un cambio inesperado, brutal y muchas veces peligroso.

En los últimos 125 años, el planeta Tierra está siendo destruido a un ritmo infinitamente difícil de calificar. Se están esquilmando los recursos naturales de modo que todo lo desaparecido del siglo XIX hacia atrás es considerablemente menor que lo que se ha destrozado en estos últimos años. Mayor destrucción a mayor velocidad. Pero, al mismo tiempo, los avances tecnológicos son tan abrumadores en el mismo periodo que lo que queda del planeta ya no se puede entender como hace muy poco tiempo. En realidad, los cambios casi se pueden encontrar cada semana.

Y esto es algo que no están sabiendo entender los partidos políticos tradicionales. Vivimos de distinta forma, morimos de distinta forma, ya no utilizamos el lenguaje como lo hacíamos hace muy poco tiempo porque el lenguaje es otro, la forma de comunicar a través de los medios de comunicación ha cambiado radicalmente. Es decir, las armas que tienen los políticos para hacer su trabajo es otra.

Por estas razones, contando con una población envejecida que busca una estabilidad que se traduce en que todo siga siendo lo mismo, los partidos conservadores siguen manteniendo el tipo y un hueco entre el electorado. Desde luego, por méritos propios no es. Echar un vistazo al mapa de corrupción en España no invita a pensar a que un partido cualquiera pudiera tener un solo votante esperando frente a una urna y, sin embargo, el PP volvería a ganar las elecciones generales.

Por otra parte, el enorme problema de la socialdemocracia en todo el mundo es que ha perdido el sitio dado que el hartazgo de muchos es extravagante y no se han sabido utilizar las nuevas armas políticas de las que se han adueñado los populistas que han recordado que hablando a los sentimientos de las personas el efecto es demoledor. Tanto o más que hablar a la inteligencia. Pero a ese intelecto nadie se dirige. Ni unos ni otros. Los políticos socialdemócratas no han sabido enviar un mensaje claro a sus votantes. Es por ello por lo que Pedro Sánchez, anclado en un claro resentimiento que ya veremos cómo se traduce a partir de ahora en su relación con los derrotados, se arrima a esa zona en la que él sabe que sí funcionan las nuevas políticas basadas en elementos novedosos.

El mundo ha cambiado porque la revolución tecnológica es tan apabullante que lo envuelve todo. No entender las cosas desde ese prisma es casi un suicidio.


  • 1