viernes, 21 julio 2017
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Los ocho magníficos

Comparten espuma de cerveza, croquetas y baterías Canon... o Nikon... y a veces batería de cocina cuando las cuentas les salen para almorzar juntos por Sevilla

03 mar 2017 / 13:34 h - Actualizado: 04 mar 2017 / 22:37 h.
  • Los ocho magníficos

Son ocho sonrisas pegadas de forma perenne a otros tantos rostros nobles. Pertenecen a gente positiva, amable, personas que huyen de ese estilo altivo, orgulloso y destructivo que por desgracia invade en la actualidad a los universos paralelos de nuestras cofradías, colmadas de ególatras que creen estar obligados a decidir por los demás, a mandar incluso, a imponer un estilo, un pensamiento. Personas que no aprendieron la realidad de nuestra Semana Santa porque tampoco la aman como para informarse.

Estos ocho magníficos no se quieren a sí mismos. Adoran la luz, la amistad, el amor, el cielo, la sonrisa, el trabajo. Y aman las ilusiones, adoran los sueños y quieren naturalmente a los semejantes. Por eso hacen bien lo que se proponen. Porque tienen la luz en esas ocho sonrisas. Y es luz buena.

Han decidido devolverle a la vida esa brisa fresca, agradable de las tardes de primavera. Y están haciendo cosas grandes por la ciudad y por sus cofradías. Lo último, esa edición –enhorabuena Alfar– que bajo el título sugerente de Simbolismo en la Semana Santa de Sevilla y con un texto inapelable de Pablo Borrallo, ha visto la luz esta pasada semana. Junto a Borrallo, hombre culto que esconde toneladas de bondad tras ese aspecto de espadachín francés, hay fotógrafos tan finos –atención al quinteto de cuerda– como Antonio Sánchez Carrasco, Javi Jiménez, Sebas Gallardo, Pedro Aranda o Francisco José Pérez. Ilustran los textos Teresa Guzmán y César Ramírez, devoto este último de la Virgen más humana de Sevilla.

Son los ocho magníficos, que ya mezclaron talentos en el Atlas de la Semana Santa de Sevilla y que se distinguen entre la multitud por la alegría que desprenden. Entre ellos fluye la amistad, la mirada cómplice y el amor por las cosas bien hechas. Comparten espuma de cerveza, croquetas y baterías Canon... o Nikon... y a veces batería de cocina cuando las cuentas les salen para almorzar juntos. Lleva, por cierto, el libro la introducción de Jesús Méndez Lastrucci y el prólogo del genial Antonio García Barbeito.

No debe ser casualidad que los dos libros de este grupo de personas sanas y lúcidas rematen sus títulos con las palabras Semana Santa de Sevilla. Yo estoy esperando que los ocho magníficos se echen a cabalgar por las llanuras del corazón de la ciudad más hermosa del mundo sin más pretensión que ser felices. Que sigan adelante y juntos, abriendo nuestros ojos como acaba de hacer Pablo. Para que veamos, como miran ellos, más allá. Saldré a la calle a buscar a los ocho magníficos. Y espero localizarlos pronto. Porque encontrarse con ellos siempre tiene una buena recompensa. Yo me entiendo.


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