martes, 18 septiembre 2018
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, última actualización
'La Pasión'

Pasa, tú tienes permiso

Has vuelto, Domingo mío, y puedes pasar sin avisar. Cuélate en mi vida como hiciste siempre desde que aquel hombre que lloraba me explicaba todo esto

01 abr 2018 / 00:15 h - Actualizado: 31 mar 2018 / 21:53 h.
  • Pasa, tú tienes permiso

Has vuelto sin avisar, Domingo de Resurrección, sin recordarme que hoy tengo que cambiar mi piel de nuevo, como la piedra muda el frío de la noche cuando amanece y el sol la besa. Del capirote al capote, así, como si fuera fácil elegir y cerrar una ventana al alma mientras toca al timbre del repeluco la infancia aquella del Paseo de Colón cuando llegabas de la mano de tu padre a los aledaños de ese recinto mágico al que le hablas como si fuera tu amada mujer. Has vuelto sin avisar, un año más, con cara de no haber roto un corazón, con un silencio cómplice y el silbido repetido en tus labios de esa marcha de procesión que no acaba de escaparse de tu mente.

Has vuelto sin avisar, con el azahar todavía en mayoría de edad y la blancura a flor de tarde. Estás aquí, en la esquina de mi pecho, llamando a un latido que sabes tuyo, casi atropellando las horas de mi pulso. Tú siempre pasas sin llamar, te presentas en mi casa sin que te invite. Sabes que te vas a colar sin dar empujones, andando despacio, sobre los pies, asentado en el albero de mis recuerdos, pegándole pases a las lágrimas que estos días juegan al toro con mis seres queridos y perdidos.

Has vuelto, domingo mío, sin avisar, con esas prisas que me llevan por la mañana a Santa Marina y por la tarde a Santa Maestranza, sin dejarme sacudir el incienso que ya pelea con el humo de los habanos, sin regalarme el tiempo que necesito para soportar una emoción que pesa mucho más que todos los toros de lidia que saltarán a la arena del coso de mi Baratillo. Has vuelto sin avisar porque sabes que te quiero –que te amo– y no soy capaz de decirte que no. En el fondo me gusta que arrases con todo mi ser. Ya estás aquí, y te irás rápidamente, para que yo te eche de menos en apenas un puñado de horas y de naturales con la mano izquierda.

Esta tarde me vuelves a dejar que escuche a Tejera, para que no se me olvide de dónde vengo y a dónde voy. Hoy de nuevo la banda sonora de la ciudad más hermosa del mundo hará volar sus notas por esas nubes claras que juegan a darse besos con el Giraldillo. Y otra vez el recuerdo de aquel hombre que un día me dio la mano para pasearme por las tradiciones de Sevilla. El mismo que lloraba cuando me presentó al Señor y me explicó que Dios vivía en San Lorenzo.

Has vuelto, Domingo de Resurrección, y te tengo delante mientras escribo, mientras sueño, mientras vivo. Cada Domingo de Resurrección, cuando voy camino de la plaza de toros perfecta, siento en lo más profundo de mi ser que Sevilla tiene la llave de mi vida, la de mi corazón, la de todos mis sentimientos. Has vuelto, Domingo nuevo. Y no puedo evitar esta emoción. Pasa, tú no tienes que llamar, nunca.


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