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Sucesos de la Madrugá 2017

Tanto miedo como valor

16 abr 2017 / 15:24 h - Actualizado: 16 abr 2017 / 15:25 h.

“No ha sido una noche fácil. Que sepan los que quieren destruir lo que tenemos, que no van a poder”. Así de escueto, claro y contundente fue José Moreno, hermano mayor de la Hermandad de Los Gitanos cuando subió al ambón del templo después de recoger a su cofradía. Pepe se dirigió a sus hermanos con lágrimas en los ojos, las mismas que derramaron miles de sevillanos después de lo sucedido en la Madrugá.

No hay derecho ni argumento que pueda justificar lo sucedido. No existe razón ni motivo para ver sufrir a la gente que convive contigo a diario. En esta sociedad sin valores ni respeto en la que todo vale, hemos tocado fondo. Hay que poner pie en pared. Alguien tiene que parar esta locura. No son cuestiones políticas o religiosas. Es, sencillamente, una cuestión de humanidad y respeto.

La cara de Manuel, monaguillo que realiza su estación de penitencia delante de la Virgen de las Angustias no se me olvidará jamás. O de Adriano y Marcos, que horas antes de comenzar la madrugá no podían ni dormir. Estaban nerviosos, era su primera noche acompañando a su Hermandad de Los Gitanos. Como hace su padre, Iván, su abuelo y sus tíos. Tampoco la de Alejandro y Pablo, en la misma situación. La viva imagen de la inocencia y el miedo, incapaz de consolar Reyes, su madre, a la que una avalancha y el intento de proteger a sus pequeños le ha provocado lesiones en la rodilla y la espalda después de ser arrollada. Y no se me olvidan porque quien le escribe ya lo vivió en el 2000. Sentir el suelo de Sevilla temblar al paso de la estampida puede quitar el sueño a cualquiera. Cinco niños de tantos miles en la misma situación a los que va a ser difícil quitarles el miedo. Pero más complicado será arrebatarles la fe y la ilusión con la que viven y vivirán cada Semana Santa.

Cabe una profunda reflexión en cada uno de nosotros. ¿Vamos a permitir que nos quiten lo que tanto amamos? ¿Le damos la razón a los que juegan con ello? Las autoridades deben actuar con firmeza y mano dura, castigar a quienes causaron todo esto. Hay que demostrar que jugar con la integridad de las personas y el miedo de una ciudad no es gratuito. Y Sevilla tiene que responder. Hay que echarse a la calle, seguir disfrutando de nuestras tradiciones. Sin miedo ni temor. No hay de qué esconderse ni tampoco de que huir. Una pesadilla de la que aún no hemos despertado, pero que sabremos superar. Piensen que ya queda un día menos para volver a disfrutar de nuestra semana grande. Comienza la cuenta atrás. Sevilla ya respondió una vez y lo volverá a hacer, como mejor sabe. Saliendo a la calle, disfrutando de todo lo bueno que abunda en sus rincones y recogen sus tradiciones. Comportándose con el cariño que todo el que alguna vez paseó por sus estrecheces ha recibido. No hay mayor valentía y, probablemente, mejor respuesta.


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