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La Pasión

Un día será noche

Llegará ese momento y se apagará el faro que todo lo alumbraba, el mismo que parecía ser eterno, invulnerable, casi mágico. Un día se habrá marchado la luz

10 nov 2017 / 16:58 h - Actualizado: 11 nov 2017 / 23:26 h.
  • Un día será noche

No dejes que se apague la luz de la fiesta de la vida cuando aún tienes a mano las bombillas. No permitas que te envenene el éxodo de las sonrisas cuando se marchen de tu lado, por los tejados del calendario, las personas que conjugaron sus miradas y sus ramos de besos para que hoy estuvieras latiendo sobre la tierra. Disfruta ahora de los seres que se fundieron en el amanecer del amor primero y que constan para la eternidad como lo que son, tus padres. Aprovecha su piel, su carne y su espíritu, aliméntate de cada palabra, de todos los gestos. Habla y confía, toca. Siéntelos, exprime cada minuto a su vera como si fueran a marcharse mañana.

No consientas que la arruga del almanaque ponga tierra de por medio, no permitas que el alquitrán del día a día ennegrezca la blancura de tus abrazos con el seno del que un día saliste para respirar el aire que ellos te han regalado.

Si vive tu madre, pégate a sus faldas y deposita en esa media luna que forman aún sus brazos –los mismos que te acunaron– todos los temores que afligen tus horas de insomnio. Si vive tu padre, mírale a los ojos y entrega cada problema en el pecho abierto de ese hombre con soluciones y vendas para todas las heridas. Si vive sólo uno de ellos, busca en su regazo el aire que anoche no llegaba a tus entrañas.

No permitas que la prisa mate a la infancia, que la carrera tropiece con los mimos, que el contador de horas clave sus agujas en la espalda de tu refugio natural, de tu cobjio.

Porque un día se marcharán. Y se irán como te amaban... para siempre. Y cada minuto será una daga en la diana de la nostalgia.

Un día será noche. Se apagará el faro que todo lo alumbraba, ese, el mismo que parecía ser eterno, invulnerable, casi mágico. Y la oscutridad será la dueña de aquel horizonte que perdiste. Y esta vez echarás de menos el reloj que dejaste en la mesilla de la rutina marcando las horas de un olvido que hoy no amarra barca alguna en el puerto del arrepentimiento.

Un día será noche en tu corazón y habrá llegado a tu alma la hora de guardar todos los juguetes. Quedarás calado hasta los huesos por el océano de la tristeza. Se habrá marchado la luz que siempre estuvo aunque tú no la encendieras. Y nada volverá a ser lo mismo. Ya todo será camino, sin descansadero ni área de comprensión infinita. Tu mirada pasará al museo de cera y la reina de tu agenda se llamará soledad.

Ve, corre, agárrate con fuerza al amor más grande, al primero, al que Dios le entregó al vientre de las mujeres. Y ponte después en los brazos del hombre que te engendró. Yo haré lo mismo que aquí aconsejo porque sé que un día... será noche.


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