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Écija

Astigi tenía agua corriente

Los trabajos en el yacimiento de El Picadero de Écija han descubierto restos de un entramado de tuberías de plomo de hace 2.000 años y han sacado a la luz un cuarto de baño casi intacto

12 ago 2017 / 21:46 h - Actualizado: 12 ago 2017 / 21:50 h.
  •  El arqueólogo municipal de Écija, Sergio García-Dils, muestra el pavimento de taracea de mármol hallado en una excavación. / David Arjona (Efe)
    El arqueólogo municipal de Écija, Sergio García-Dils, muestra el pavimento de taracea de mármol hallado en una excavación. / David Arjona (Efe)
  • Excavaciones en El Picadero de Écija. / M.R.
    Excavaciones en El Picadero de Écija. / M.R.

Un entramado de tuberías de plomo de hace 2.000 años, descubierto en las excavaciones arqueológicas de El Picadero, podría demostrar que la Écija romana disponía de un acueducto subterráneo, y que los pobladores de Astigi tenían agua corriente. Los trabajos en el yacimiento arqueológico de la Plaza de Armas del que fuera Alcázar Real, han sacado a la luz un cuarto de baño prácticamente íntegro, del que se conserva parte del desagüe e incluso la marca del nivel del agua del baño en las paredes, de las que se conserva igualmente parte del estuco. Junto a ese cuarto de baño se ha desenterrado parte del entramado de tuberías de plomo, la prueba de que existían conducciones que llevaban el agua al menos hasta ese rincón de la Colonia Augusta Firma Astigi.

Es decir: para los expertos, esos restos prueban que la Écija romana dispuso de un sistema de tuberías para transportar el agua, un acueducto subterráneo, una obra de ingeniería que, hace 2.000 años, resultaba más cara y compleja que los acueductos al aire, las construcciones romanas que han llegado a nuestros días de manera más habitual y que, por eso, nos resultan más familiares.

Es preciso anotar que la Plaza de Armas, vulgarmente conocida en Écija por El Picadero –debido a que se usó en tiempos para entrenar a caballos y a jinetes– es la zona más elevada de la ciudad astigitana, lo que supone que debe elevarse el agua para poder transportarla. En concreto, los expertos señalan que para que el agua circule por esta ciudad es necesario elevarla hasta 15 metros. En el siglo XVI, durante el imperio de Felipe II, el arquitecto Hernán Ruiz, que se encargó de redactar el proyecto del Arca Real del Agua de Écija, que desde el centro de la ciudad distribuía el líquido elemento por todas las calles, solo logró llevar el curso del agua hasta cinco metros de altura.

Ese entramado de cañerías del supuesto acueducto astigitano se ha encontrado junto a la sala del edificio monumental desenterrado a principios del año 2015, cuyo suelo conserva un opus sectile que reúne hasta 30 modalidades cromáticas diferentes de unos 20 tipos de mármoles distintos. El cuarto de baño, en concreto, hallado prácticamente íntegro, con la sección en altura igualmente íntegra, de 2,2 metros, conserva un lavabo de mármol con su desagüe mediante tubería de plomo.

El hallazgo del baño –y otros que rodean el pavimento– hizo determinar a los arqueólogos que la estancia de suelos de mármol es una casa palaciega, que fue habitada, con modificaciones, hasta el siglo III, y cuyo primer morador fue un tal Lucio Fabio, que, según consta en el soporte de mármol de un busto también descubierto en las excavaciones de El Picadero, ejerció de edil y de responsable de obras públicas de la Écija romana.

De esa casa palaciega de Lucio Fabio se han excavado un total de 150 metros cuadrados. Para el arqueólogo municipal, Sergio García-Dils, el entramado de tuberías que se conserva demuestra que la Écija romana dispuso de acueducto subterráneo, lo que daría prueba de la avanzada técnica romana, y de su sofisticada planificación urbana, según García-Dils, que ha puesto como ejemplo que Écija haya contado con agua corriente sólo en el periodo romano y desde mediados del siglo pasado.

El hallazgo añade un atractivo arqueológico más al colosal edificio romano junto al que se ha desenterrado y que ya saltó a la actualidad a principios de 2015, cuando se destapó el pavimento de taracea de mármol en muy buen estado de conservación, de 25 metros cuadrados y del siglo I, una valiosa prueba de la riqueza económica y el sofisticado desarrollo artístico de la Écija romana, junto a muros de gran altura y decorados con un estuco bien conservado.

Ese pavimento, originalmente, se extendía por 40 metros cuadrados, parte de los cuales desaparecieron bajo la muralla medieval del antiguo alcázar real de Écija, del siglo XIV. Su sofisticada técnica artística y artesanal la ha calificado Sergio García-Dils de «alarde» artístico, ya que la taracea de mármol, con figuras geométricas de trenzados a base de piezas pequeñas, otras mayores de circunferencias inscritas en cuadrados, y otras piezas cuadradas de gran tamaño pero escasísimo grosor, requiere un trabajo de «extrema dificultad para combinarlas con precisión», dice el arqueólogo, que subraya la complejidad de su pulimento y encaje.

Según García-Dils, la taracea de mármol se extendía a las paredes de la estancia, aunque esas piezas no se han conservado, lo que le daba un «ambiente monumental» a este edificio que, en un primer momento, se consideró que podría tener un uso público. El equipo de arqueólogos de Écija trabaja ahora en el estudio de la procedencia de los mármoles, para lo cual se dispone de un banco de datos internacional de los empleados en la época e


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