sábado, 03 diciembre 2016
21:42
, última actualización

Dos hogares para los estudiantes de la provincia

La Diputación cuenta con dos residencias: Blanco White y Pino Montano. Entre las dos albergan a 495 alumnos de familias con recursos limitados y de poblaciones alejadas de la capital

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    Alicia y Pedro, en la residencia del complejo educativo Blanco White. / José Luis Montero
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    Alicia, en una de las habitaciones de la residencia de Blanco White. / J. L. Montero

Casi medio millar de estudiantes de ciclos formativos medios, superiores y universitarios de pueblos alejados de la capital disfrutan de los servicios que prestan las dos residencias que posee la Diputación en Sevilla. Estos centros son el complejo educativo Blanco White en Bellavista y el Pino Montano en la avenida Manuel del Valle que acogen en sus dependencias a alumnos de familias con recursos limitados y que sin este servicio les hubiera sido muy difícil o imposible cursar sus estudios.

El complejo educativo Blanco White cuenta en su interior con residencia para los estudiantes de ciclos formativos medios y superiores, con 92 plazas, y pisos para universitarios –48 apartamentos de tres habitaciones y otros tres, también con tres habitaciones, para personas con discapacidad- Esta residencia tiene las plazas prácticamente cubiertas –todavía el proceso de inscripción no ha concluido–, debido a que depende de cuando la Consejería de Educación finaliza la escolarización de los ciclos formativos medios y superiores, según se queja el director de este centro, Jerónimo Clavijo. Explica que se realizan varias convocatorias, porque hay muchos estudiantes que hasta ultimísima hora no saben si han sido admitidos en el ciclo demandado, lo que hace que esperen para solicitar plaza hasta saber qué estudiarán. Otros tienen que renunciar a ella por no haber sido admitidos en lo que quieren estudiar.

La inmensa mayoría de sus residentes proceden de la Sierra Norte y la Sierra Sur, donde la oferta de ciclos formativos es muy limitada. Clavijo se muestra muy satisfecho del servicio que presta su residencia a los estudiantes desde hace ya medio siglo, un centro que , según recuerda, llegó a tener hasta 800 residentes.

Dos de los jóvenes que se alojan en Blanco White son Alicia Pérez Luna y Pedro Arellano Rodríguez. Alicia es toda una veterana. Lleva en la residencia cuatro años. Está estudiando segundo curso del ciclo formativo superior de Actividades Físico Deportivas y previamente hizo el ciclo medio de deporte en el instituto que hay en el complejo Blanco White. Ella es de Pedrera y ni en su pueblo ni en los del entorno podía estudiar lo que ella deseaba, por ello optó por trasladarse a Sevilla. Su compañero Pedro lleva dos años en la residencia y estudia también en el instituto Blanco White, en su caso está matriculado en el grado medio de Automoción. Pedro es de Aznalcóllar, pero para estudiar se tenía que trasladar a San José de la Rinconada, municipio que no está muy bien comunicado con Aznalcóllar, por lo que este joven emplearía unas dos horas y media al día en desplazarse. Pedro señala que se enteró por un amigo de que existía el complejo educativo Blanco White en el que podría estudiar y alojarse «y estoy encantado y mi madre aún más».

Estos dos jóvenes están muy contentos en esta residencia, de la que destacan la buena comida, el trato con los monitores y los compañeros y las instalaciones deportivas. Explican que los alumnos de ciclos medios tienen una hora obligatoria de estudio y el resto pueden realizar consultas a los tutores que están en la residencia. Aunque para estos jóvenes no todo es bueno. Se quejan de que la residencia cierra los viernes por la noche y los sábados. La más crítica es Alicia. Censura que incluso los dos primeros fines de semana del inicio del curso también estuvo cerrada la residencia el domingo por la noche. «Esos dos lunes me tuve que levantar a las cinco de la mañana para poder llegar a tiempo a clase», protesta. A eso se une que hay muchos compañeros que no estudian en el instituto Blanco White que los viernes tienen que ir a su centro educativo cargados con la maleta.

Esta chica explica que el cierre de la residencia supone un gasto adicional porque deben pagar el viaje hasta su pueblo y porque en época de exámenes pierden mucho tiempo en los desplazamientos. Alicia propone que se mantenga abierta, aunque sin el servicio de comedor. Pedro es algo más comedido, pero también estima que sería positivo para todos que la residencia permaneciese abierta los fines de semana.

Otra carencia que encuentran es el mal servicio de wifi, aunque reconocen que ya se está instalando fibra.

Respecto a los horarios, a las 22.30 horas tienen que estar en sus habitaciones, creen que son algo estrictos, aunque entienden que debe haber algo de disciplina.

A pesar de sus reinvidicaciones, tanto Alicia como Pedro dicen encontrarse muy a gusto en la residencia y aseguran que la recomendarían a sus amigos por todas las prestaciones que tiene. A eso se une que aunque está ubicada en un barrio alejado del centro cuenta con una línea de autobús, la 3, que va hasta Pino Montano, pasando por la Puerta Jerez, Plaza de Armas y Barqueta, y con el tren de Cercanías.

La diferencia de la residencia Blanco White con la de Pino Montano es que esta segunda no tiene a estudiantes de ciclos medios. Aloja a 250 jóvenes. El 85 por ciento son universitarios y el 15 por ciento restante estudian ciclos formativos superiores. La mayoría de estos jóvenes, según el director del centro, Juan Márquez, proceden también de la Sierra Norte y Sur y cursan estudios de Finanzas y Contabilidad, Turismo, Derecho, Medicina, Enfermería y Magisterio.

Al igual que en la residencia de Blanco White, para obtener una plaza se tienen en cuenta los ingresos familiares, la distancia que hay entre el pueblo del estudiante y Sevilla, las calificaciones de los últimos curso y situaciones especialmente gravosas de las familias. Márquez admite que para ingresar en la residencia que dirige hay muchísima demanda por su buena ubicación y por encontrarse cerca los campus universitarios. De hecho, señala que todos los años se quedan fuera unas 500 solicitudes.

El director de la residencia del complejo educativo Pino Montano reconoce que otro aliciente del centro son las tasas que hay que abonar –similares a las de Blanco White–. El alumno que más tiene que pagar son poco más de 200 euros al mes y el que menos 60 euros al mes, un dinero en el que se incluye la comida. Además, la residencia cuenta con una buenas instalaciones para la práctica de deportes con un polideportivo cubierto, una piscina climatizada y pistas de pádel, futbito y baloncesto.

En esta residencia los fines de semana sí se puede pernoctar, aunque no hay servicio de comedor.


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