domingo, 09 diciembre 2018
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El cuento no es ya el que nos habían contado

Dos palaciegos publican un libro con unas Cenicienta, Blancanieves y Caperucita que asumen, por primera vez en la historia y sin micromachismos, el verdadero protagonismo

21 nov 2017 / 22:24 h - Actualizado: 22 nov 2017 / 16:17 h.
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Lo clásico, en los cuentos que siempre nos contaron, es que las chicas, aunque parecieran protagonistas –incluso endulzadas luego por la industrializada magia de Disney–, cedieran el verdadero peso a los chicos, en forma de príncipes o cazadores. Ya saben cómo termina la Cenicienta que pierde el zapato, o la Blancanieves besada y salvada tras el veneno, o Caperucita y hasta su abuela si no llega a ser por el cazador. Todos esos cuentos tendrían mal fin si no llega a ser por ellos, y poco argumento de no ser por los dramas de ellas. Ellas problemáticas; ellos redentores. Todos los cuentos se reducen a uno. Fue la conclusión a que llegaron los palaciegos Manuel Calvente y Kike de los Reyes en un atardecer playero conversando sobre lo divino y lo humano –sobre todo lo humano–, y después de que al primero le preguntaran sus propias hijas «por qué al final todo lo chulo lo hacían los niños» y al segundo le recomendaran sus compañeras «ver el mundo con las gafas moradas puestas». De modo que tomaron algunos cuentos clásicos de los que ya habían tomado a su vez los Hermanos Grimm y Charles Perrault, como Cenicienta, Blancanieves y Caperucita, les sacudieron todos los micromachismos que la tradición había consolidado en ellos y los apellidaron como cuentos «para niñas y niños de hoy». El resultado es una exquisita edición procedente de China, de gran formato, con dibujos de la gallega María Villarino, y que se presenta esta noche en la Casa de la Cultura de Los Palacios, unos días después de la efeméride que celebra aquella primera vez en que las españolas pudieron votar en unas elecciones y unos días antes del Día de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Cada cuento derrocha adaptación al siglo XXI a través del texto y las ilustraciones. Cenicienta, por ejemplo, aparece en una familia de raza negra. Y no sufre el consabido calvario doméstico a causa de su madrastra y las hijas de esta, sino por culpa de su propio padre de sangre, en una moderna lección de que la auténtica familia también puede elegirse. «Todas las mujeres del cuento acaban ayudándose», explica Calvente, «por eso que se llama sororidad». Soror era hermana en latín, y sororidad es una palabra que ha puesto de moda el feminismo más consciente de la necesaria alianza de las mujeres herederas del patriarcado... La magia del cuento ofrece guiños de pura cepa como que la calabaza que el hada madrina usaba para la carroza es aquí un tomate. Tal vez el cambio más trascendente del relato es que la protagonista no va al baile con el sueño de casarse con ningún príncipe, sino para demostrar su talento.

La adaptación termina, como las demás, con la relación entre la verdadera protagonista que aquí se hace con las riendas de su propio cuento y un personaje histórico femenino como Rosa Parks, aquella otra cenicienta que desobedeció las injustas leyes de su país para no levantarse del asiento del autobús reservado a personas blancas, hace poco más de medio siglo, en el país más poderoso del mundo.

En el nuevo cuento de Blancanieves, lo primero que llama la atención son las ilustraciones, pues sus personajes son chinos. Y luego que se evita hablar de «enanos». Los Siete Enanitos son sustituidos aquí por «las Siete Personas Sabias del Bosque», que son hombres y mujeres, una heterogénea familia que cuida de Blancanieves y la reprende para que no viva como una malcriada, sino como una chica responsable, y que cuando ha de buscarle un antídoto contra el veneno de la manzana mordida no acude al beso de ningún príncipe, sino a los libros de una extensa biblioteca.

La Caperucita de Calvente y De los Reyes es una chica moderna, que no usa cestita sino taper y carrito de la compra, en la cocina de un piso donde su padre, y no su madre, le encomienda la tarea de llevarle unas viandas a su abuelo, no a su abuela. Cuando el lobo hace lo que su instinto le dicta no es un cazador quien viene a arreglarlo todo, sino la propia madre de Caperucita, veterinaria...

«Qué ilusionante sería que una niña negra o asiática se sintiera verdadera protagonista de uno de nuestros cuentos de toda la vida», dice De los Reyes. «Es evidente que podríamos hacer lo mismo con otros muchos cuentos, pero esto ha sido el principio, y la idea es adaptarlos sin que pierdan su esencia», añade Calvente. Ambos se dan por satisfechos, de momento, con haber puesto «nuestro grano de arena en una lucha que deben liderar las mujeres, como de hecho están haciendo ya», aseguran. ~


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