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El campo y su agroindustria

El olivar busca garantizar su futuro a través de la agricultura regenerativa

Las jornadas técnicas del Aceite de Oliva Virgen Extra ponen el foco en los retos de los productores: mejorar la nutrición del suelo y apostar por una forma de cultivo más competitiva

16 abr 2018 / 07:36 h - Actualizado: 16 abr 2018 / 07:36 h.
  • Varios jornaleros varean un olivar en una explotación cordobesa. / Rafa Alcaide (Efe)
    Varios jornaleros varean un olivar en una explotación cordobesa. / Rafa Alcaide (Efe)
  • El consejero de Agricultura, Sánchez Haro, clausuró las jornadas técnicas junto al presidente de Oleoestepa. / El Correo
    El consejero de Agricultura, Sánchez Haro, clausuró las jornadas técnicas junto al presidente de Oleoestepa. / El Correo

Los productores de aceite de oliva tienen dos retos para garantizar su futuro. El primero de ellos es promover un cultivo que no sólo sea respetuoso con el medio ambiente, sino que conserve el entorno en el que se desarrolla. El otro es el de hacer rentable y competitivo un sistema de producción que no sólo garantice la calidad del oro líquido, sino que mejore los rendimientos. Así lo defendieron los expertos que participaron en las jornadas técnicas del Aceite de Oliva Virgen Extra, organizadas por Oleoestepa, y que este año han cumplido su mayoría de edad, muestra de que el aceitero es un sector maduro.

Para el presidente de Oleoestepa, Alfredo García Raya, el aceite de oliva virgen extra debe ser «de altísima calidad química y sensorial», por ello durante el proceso de elaboración no sólo no debe dejar huella en su medio natural, sino que debe crear riqueza y mejorar el entorno para el disfrute de todos.

El manejo excesivo de maquinaria, el abuso de venenos y de fertilizantes químicos han provocado una degradación del suelo. Hacer un examen preliminar no es difícil para los inexpertos. Solo hay que googlear las palabras «suelo y olivar» para comprobar a través de una fotografía «un suelo que por desgracia tiene un nivel de cobertura vegetal muy bajo y presenta signos de degradación y erosión», se lamenta Germán Tortosa, investigador de la Estación Experimental del Zaidín. Un estado preocupante que ya apuntó en un estudio la Plataforma Tecnológica del Olivar.

Los olivareros tienen menos disponibilidad de recursos hídricos y los nutrientes escasean, lo que se traduce en una reducción de la producción. Por ello, «la salud del suelo es una de las principales amenazas para el futuro del olivar», tal y como recalca el responsable de I+D+I de Oleoestepa, Melchor Martínez. Plagas tan preocupantes como la Xylella fastidiosa dejan de ser un problema «cuando el suelo está rico en nutrientes», incide el director de IDEAA, Íñigo Álvarez de Toledo.

Frente a esta situación surgió la agricultura regenerativa, un modo de entender la producción que tiene como objetivo «equilibrar el ecosistema para aumentar los recursos naturales», apunta Martínez. Este tipo de agricultura casa a la perfección con la tan popular economía circular.

Basta con poner el foco en los ensayos realizados por Marco Nuti, profesor emérito de la Universidad de Pisa, con la reutilización de alperujo (subproducto resultante de la molturación de la aceituna) para la elaboración de compost. Este abono verde ayuda a regenerar el suelo y permite tener una mayor disponibilidad de agua para las plantas, lo que se traduce en un cultivo más fuerte, según resume Nuti. La única desventaja que presenta es que es pobre en fósforo y justo en aporte de nitrógeno, por lo que necesita de esos complementos.

No obstante, los estudios inciden en las bondades de estos compost verdes. A lo largo de las campañas en las que se aplicó a la producción, el volumen de aceite de oliva molturado fue mayor, tal y como apunta Tortosa.

Pensar en una agricultura regenerativa no sólo implica mejorar el entorno, también «ofrece impulso económico», recalca el director de Estrategia y Desarrollo de Negocios de Commonland, Michiel de Man. Por ello, «no es asunto baladí» los problemas de erosión y la pérdida de suelo que está sufriendo «el bosque artificial más grande del mundo», como es el del olivar. En este sentido, un técnico de la compañía especializada en la restauración de paisajes apunta que el impacto sobre la producción puede ser de hasta 80 toneladas menos por hectárea y año, un dato que demuestra que podría arruinar a gran parte del territorio andaluz, ya que «una mínima modificación en esa rentabilidad deja en la calle a mucha gente». Por eso, esta compañía opta a crear la primera marca de AOVE regenerativa, como ya ha hecho con un producto como el de la almendra en Almería.

En Andalucía, «no hay que poner en duda» que el olivar «tendrá un serio problema a corto plazo por el cambio climático», señala Tortosa. De ahí que el investigador haga hincapié en que el sector interiorice el hecho de que la materia orgánica está estrechamente relacionada «con la fertilidad del mismo». «Mejora la estructura, la porosidad, la retención de nutrientes y la cadena trófica de todos los organismos que están presentes en el suelo», explica Tortosa. Además, el nitrógeno que aporta la agricultura regenerativa permite reducir la necesidad de fertilizantes.

El agua será uno de los aliados del sector. Pese a la presión que puede ejercer el elevado consumo de este recurso, el director de IDEAA destaca que no se trata de un mayor gasto, sino de contar con suelos bien nutridos para que la disponibilidad de agua en el terreno sea mayor. «Un suelo fértil es capaz de absorber una enorme cantidad de agua, el problema de la pérdida llega cuando el suelo no tiene la suficiente cobertura vegetal», recuerda. Asimismo, recalca que «un suelo rico no sólo le da mayor estabilidad al ecosistema, sino también mayor valor al producto porque tendrá más componentes».

Del oro líquido a la mesa

Mientras se sigue buscando la fórmula para frenar la degradación de los suelos, otros investigadores siguen ensayando con nuevas variedades y métodos de cultivo. Conseguir una mayor competitividad fue el hilo conductor del segundo panel de estas jornadas técnicas, donde se puso el foco en el cultivo de olivar en seto.

La mejora de los rendimientos con este tipo de cultivo para la producción está más que probada. Solo habría que comparar fotos con un lustro de diferencia de un mismo paisaje olivarero. Gran parte de ellos habrán pasado a ser frondosos bosques de olivos, ya que la agricultura superintensiva permite cultivar hasta 1.500 olivos por hectárea. Produce más a menor coste, dado que cerca de la totalidad se recoge con maquinaria, «no cae al suelo, llega más limpia al molino y, por tanto, se procesa un aceite de una calidad excelente», explica Ana Morales, ingeniera agrónoma e investigadora de la Hispalense.

Falta validar sus ventajas para uno de los productos con más solera de la provincia: la aceituna de mesa. Desde hace más de una década, la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica de la Universidad de Sevilla trabaja en la mejora genética de la aceituna de mesa con el objetivo de desarrollar nuevos genotipos que ayuden a impulsar la competitividad de este producto a nivel internacional. Pero fue en el año 2012 cuando apostaron por llevar alguna de esas variedad al superintensivo. Un estudio que ha arrojado unas primeras conclusiones «alentadoras», hasta el punto de que, tan sólo tres años después, Interaceituna aprobaba una línea de ayudas específicas, apunta Morales.

Sin embargo, este tipo de cultivo presenta un reto para el sector de la aceituna de mesa. Su recolección es fácil y rápida cuando su destino es el molino, dado que se hace con máquina, pero en el caso de la aceituna de mesa, ésta precisa una mayor delicadeza en el ordeñado del árbol. El fruto debe llegar en perfecto estado al consumidor, por lo que el uso de máquinas recolectoras pueden dañar a la aceituna en sí, según explica la ingeniera agrónoma.

No obstante, algunas empresas ya apuestan por el olivar para aceituna de mesa en superintensivo. Es el caso de Aceitunas Guadalquivir, que junto al grupo en el que trabaja Morales, ha apostado por dedicar parte de sus hectáreas, en Morón de la Frontera, a olivar en seto.

Azote a la producción

Como era de esperar, la sequía que marcó el último ejercicio agrario se ha hecho palpable en la producción de aceite de oliva. Con la campaña 2017-2018 prácticamente culminada, la producción se sitúa en 931.654 toneladas hasta el mes de marzo, cerca de un 12 por ciento menos que en el anterior ejercicio, según datos facilitados por la Junta de Andalucía, en base al balance de almazaras elaborado por la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA).

Jaén se sitúa como la principal provincia productora con una cantidad de 385.815 toneladas de aceite de oliva, el 41,4 por ciento del total andaluz. Las siguientes en el ranking son Córdoba, con 244.937 toneladas (el 26,3 por ciento de toda Andalucía); Sevilla, con 107.229 toneladas (11,5 por ciento) y Granada, con 87.722 toneladas. Málaga, por su parte, suma otras 70.000 toneladas; Almería, 18.105 toneladas; Cádiz, 9.590 toneladas; y Huelva, 8.257 toneladas.

A pesar de la pérdida de la producción, el aceite de oliva sigue mostrando año a año su fortaleza en el mercado internacional. De esta manera, las ventas al exterior alcanzaron un nuevo récord en el pasado ejercicio 2017 con una facturación de 2.961 millones de euros (el 27,1 por ciento del total), lo que supone un incremento del 16,8 por ciento con respecto a la campaña de 2016. Toda una muestra, en palabras del consejero de Agricultura, del empuje y el potencial de un cultivo que «define nuestra economía, nuestro paisaje y la cultura de nuestra tierra, que fija la población en nuestros pueblos y que aporta alrededor de un tercio del empleo agrario de la región».


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