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El Teatro Cerezo luce de nuevo sus mejores galas

El coliseo carmonense vuelve a llenar de personas sus butacas tras seis años de diversas intervenciones que le han devuelto su esplendor

08 dic 2016 / 20:35 h - Actualizado: 09 dic 2016 / 00:35 h.
  • Patio de butacas del teatro Cerezo, recientemente rehabilitado. / E. G.
    Patio de butacas del teatro Cerezo, recientemente rehabilitado. / E. G.
  • Los planes Supera de la Diputación han financiado parte del arreglo. / E. G.
    Los planes Supera de la Diputación han financiado parte del arreglo. / E. G.
  • El Teatro Cerezo luce de nuevo sus mejores galas
  • Obras de rehabilitación en este emblemático teatro carmonense. / E. G.
    Obras de rehabilitación en este emblemático teatro carmonense. / E. G.

No tiene quizás la mejor caja escénica del mundo, ni los vestuarios más modernos. Tal vez, su tramoya no esté automatizada con maquinaria del siglo XXI, o las luces sean mezcladas aún de forma artesanal. Pero entrar en el Teatro Cerezo hace que te recorra por la piel un escalofrío mezcla de nerviosismo e ilusión.

Son sensaciones que personas que han pisado sus tablas describen como especiales, incluso pasados los años. El olor a madera vieja, con solera, en la que cientos de comparsas y chirigotas han actuado con mayor o menor éxito; zarzuelas, representaciones teatrales, pregones o conferencias han tenido lugar, siguen siendo señas de identidad de uno de los teatros más acogedores e impresionantes de la provincia.

Este bien de catalogación general del Patrimonio Histórico Andaluz surgió de la mente del cordobés afincado en Carmona Bernardo Enrique Cerezo en 1928. Según reza en los archivos de la Junta de Andalucía, a Cerezo le tocó un millón de pesetas en la Lotería Nacional en 1928, pidiendo la cesión de este terreno para construir un teatro. En 1931, se levantó justo donde el Paseo del Estatuto se une a la calle San Pedro o a la Alameda Alfonso XIII, en un estilo que los expertos afirman ser camino entre el eclecticismo, el art nouveau y la secesión vienesa. Fue diseñado por Julián Otamendi con la ayuda de José Enrique Marrero y construido entre 1931 y 1934.

Pero el paso de los años no pasó en balde, y ya, de forma urgente, en mayo de 2010 tuvo que cerrarse la grada alta del mismo por problemas en la dañada estructura de madera del añorado ‘Gallinero’.

En noviembre de 2014 comenzaron las obras para consolidar la estructura de la grada alta del coliseo, que contó con una inversión superior a los 300.000 euros. Esta actuación tuvo como principal objetivo la consolidación estructural de la citada grada alta del teatro, una zona que llevaba años clausurada ante la necesidad de reforzar su estructura.

En aquel momento, el alcalde de Carmona, Juan Ávila, mostró su satisfacción «por el inminente inicio de estas obras que desde hace años estaban demandando los carmonenses ante la necesidad de completar y aumentar el aforo del Teatro Cerezo que había quedado muy limitado por la clausura de su grada superior». Curiosamente, en 2010, el propio Ávila y su equipo, aún en la oposición, solicitó al gobierno socialista el cierre de la grada alta por la aparición de graves grietas y de deficiencias técnicas.

Meses después, en mayo de 2015, el citado graderío se reabrió tras una inversión de 365.000 euros, procedentes del Plan Supera de la Diputación Provincial de Sevilla. De hecho, la institución provincial ha sido la gran suministradora de fondos económicos, junto a la ardua labor de los técnicos municipales.

Una apertura heterogénea

En la reapertura del teatro tras años de cierre parcial, se dieron cita la obra En compañía de Shakespeare por la Escuela municipal de Teatro Félix Gómez; la Compañía Sevillana de Zarzuela con la archiconocida La Revoltosa y el un concierto del cantaor Arcángel, con su espectáculo Las idas y las vueltas dirigido por Fhami Alqhai y que contó también con la participación del grupo de música antigua Accademia del Piaccere.

La guinda del pastel

Y, finalmente, tras tres fases de intervenciones y casi un millón de euros invertidos, llegó el remozado casi total del mismo. Bernardo Enrique Cerezo, en su palco privilegiado pudo ver como lucía sus mejores galas.

Una nueva edición del Plan Supera, con una inversión final de 265.000 euros ha permitido ver aumentado su número de localidades a un total de 742 butacas más los palcos, por lo que prácticamente 800 personas ya pueden disfrutar de espectáculos como el reciente Festival de Teatro Cómico de El Perol, con un sold out en la obra del nazareno Manu Sánchez El Último Santo.

Asimismo, el coliseo carmonense ha visto cómo su suelo ha sido repuesto por uno más resistente, así como mejoras en las cubiertas, ascensor para personas de movilidad reducida y mejor climatización del mismo, algo demandado por los asiduos al mismo. Una mezcla de tradición y modernidad, sin perder ese olor a madera vieja que hace retrotraer al espectador a tiempos donde las grandes estrellas del cine eran proyectadas en sus pantallas. Y es que, tal como se ha publicado recientemente, gracias a la Hermandad de la Columna se ha conseguido comprar un nuevo proyector de cine para que la localidad, carente de multicines del siglo XXI, pueda disfrutar de los últimos éxitos del séptimo arte en un edificio histórico. Algo único y poco común en España hoy en día.

El alcalde de Carmona, Juan Ávila, ha mostrado su satisfacción «por la consolidación y recuperación de esta grada que los carmonenses venían demandando desde hacía años y que nos ha permitido aumentar el aforo de manera importante». De hecho, el mismo Ávila confirmó que «fue un compromiso que nos propusimos incluso estando en la oposición, y que ahora ya es una realidad gracias al trabajo de todos».

Por su parte, el concejal de Cultura y Patrimonio, Ramón Gavira, informó que «el trabajo en el Teatro Cerezo no ha terminado, y seguiremos proponiendo en futuras subvenciones inversiones que se siga modernizando, centrándonos ahora en aumentar la capacidad de la caja escénica, demandada por muchas compañías». Sin duda, un final feliz para el sueño de un cordobés que pensó en gastar el dinero del premio de la Lotería en cultura para el pueblo que lo acogió con los brazos abiertos.


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