domingo, 23 julio 2017
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Los sindicatos, a examen

En lucha continua por la supervivencia

Los niveles de desempleo y el descrédito sufrido han provocado una merma en las filas de las organizaciones, que buscan mantener su hegemonía de defensa de los trabajadores

27 abr 2017 / 15:28 h - Actualizado: 28 abr 2017 / 08:54 h.
  • Manifestación conjunta de CCOO y UGT del 1 de mayo del 2016 en Sevilla. / Inma Flores
    Manifestación conjunta de CCOO y UGT del 1 de mayo del 2016 en Sevilla. / Inma Flores

Como para casi todo, tampoco corren buenos tiempos para los sindicatos. Al descrédito general que han ido sufriendo por motivos diversos y nada baladíes como los escándalos de corrupción en los que se han visto envueltos se le suman los altos niveles de desempleo, los cuales han provocado una considerable merma en sus filas. Y todo ello a pesar de que nos enfrentamos a una época de evidente pérdida de derechos y de desprotección laboral que, para bien o para mal, solo podrían revertir las organizaciones de representación de los trabajadores, las cuales logran sobrevivir a duras penas.

Tras experimentar cifras de crecimiento muy significativas, como las de finales de los años 80 o de principios del nuevo milenio, entre 2007 y 2012 el número de personas afiliadas a sindicatos en el país descendió al menos un 20 por ciento, pasando de los 3.206.000 españoles que afirmaban pertenecer a alguna organización sindical en 2007 a los 2.576.600 contabilizados un lustro más tarde. De hecho, la tasa de afiliación varió del 19,1 de hace cinco años al 17,5 por ciento actual en España, una cifra que está por debajo de la media de la UE y que tan solo es inferior en algunos países del área Mediterránea y de Europa Oriental, según se desprende de un estudio de Fundaciones Alternativas publicado en mayo de 2016 y realizado por el doctor en Antropología Social por la Universidad de Sevilla (US) Beltrán Roca.

Inevitablemente, han sido los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, los más castigados por estas cifras, a pesar de que aún copan el 70 por ciento de la afiliación en España –según los secretarios generales de UGT y CCOO Sevilla, Juan Bautista Ginés y Alfonso Vidán, cada organización cuenta con un millón de sindicados–. Y no han perdido solo en cuestión de afiliación, pues en las últimas elecciones sindicales de las que se tienen datos, las de 2011, sindicatos minoritarios, nacionalistas o corporativos tuvieron un peso significativo que antes no habían ostentado y provocaron una sensible fuga de votos que antes iban a parar tanto a CCOO como a UGT.

De cualquier manera, resulta indudable que en la pérdida de inscritos influye la disminución de la población asalariada. La crisis ha dejado muchas economías maltrechas que han causado que los trabajadores afiliados o con intención de afiliarse hayan prescindido de pagar una cuota por pertenecer a la organización. De la misma forma, el estudio de Fundaciones Alternativas señala que intervienen otras variables como el tipo de contrato, ya que los indefinidos –21,2 por ciento– duplican en afiliación a los trabajadores temporales –11,7 por ciento–, o la antigüedad, pasando de una tasa de afiliación del 7 por ciento en quienes llevan menos de un año en la empresa a casi el 30 por ciento en los que llevan trabajando en el mismo sitio más de una década. Blanco y en botella teniendo en cuenta que las condiciones laborales actuales suelen tender a la inestabilidad. De nuevo el poder adquisitivo del trabajador es una variable a tener en cuenta y, cuanto mayor es el salario, mayor es la tasa de afiliación –aunque, curiosamente, a partir de los 2.100 euros mensuales tiende a bajar–.

Los trabajadores públicos se afilian el doble que los de las empresas privadas, y aquí entra en juego uno de los sindicatos que mejor ha aprovechado la pérdida de afiliados de los dos grandes: el CSIF. Desde el sindicato del funcionariado apuntan que su evolución ha sido «bastante positiva» después de la sensible recuperación económica, ya que el crecimiento del empleo «aunque sea nimio, favorece que haya más afiliación porque hay más trabajadores». Así, a nivel andaluz el CSIF cuenta con unos 60.000 afiliados en Andalucía, de los cuales la provincia de Sevilla aglutina a más de 10.000. Su crecimiento exponencial lo achacan a que «los otros dos sindicatos han sufrido numerosos casos de corrupción y nosotros no», algo que les ha permitido mejorar en un sector fundamental para su expansión: la empresa privada.

Con respecto a la edad de los afiliados, los jóvenes apenas muestran interés en pertenecer a un sindicato y son los mayores de 45 años quienes presentan mayores tasas. Los hombres se afilian más que las mujeres y entre los inmigrantes apenas existe conciencia sindical. Además, los datos de afiliación son mayores si la empresa tiene menos de 50 trabajadores y cuenta con representación sindical. Existe también una gran desigualdad entre sectores productivos, siendo los servicios públicos (28 por ciento), los servicios financieros (26,6 por ciento) y la industria (22,4 por ciento) los que cuentan con más trabajadores sindicados frente a los servicios personales y comunitarios (8 por ciento), la agricultura (8,1 por ciento) y el comercio y la hostelería (10,9 por ciento), sectores en los que la incidencia de la afiliación es escasa.

REVERTIR EL DESCRÉDITO

De este estudio se desprende que existen aún amplios colectivos de trabajadores y sectores laborales en los que apenas hay tradición sindical, «bien porque los sindicatos no han sido capaces de movilizar a estos trabajadores, bien porque las condiciones objetivas no son nada favorables para ello». Si quieren contrarrestar todos los datos desfavorables a los que se enfrentan diariamente, las organizaciones sindicales deberán hacer autocrítica e implementar medidas que les conecten realmente con la razón de su existencia: los trabajadores.

El autor del estudio propone numerosas propuestas para la revitalización de los sindicatos, dirigidas a la estructura sindical, a la política y acción sindical y a la acción en la empresa. En primer lugar, apuesta por democratizar la estructura interna dejando más espacio a las bases, por reforzar el control interno de los representantes y la transparencia estableciendo un código ético e informando de dónde procede la financiación, y, en la misma línea, por modificar el sistema de financiación para evitar irregularidades y dependencia.

Con respecto a la política sindical y la acción social, se propone tomar medidas hacia un «sindicalismo de movimiento social» y fortalecer alianzas con otros actores de la sociedad civil, mejorar la estrategia de comunicación social, reorientar la prestación de servicios a afiliados y trabajadores y apostar por la economía social y del bien común, entre otros.

Y para aumentar la presencia en las empresas y centros de trabajo, es conveniente incrementar la intervención sobre las pymes promover la participación directa y activa de los trabajadores y apostar por la negociación flexible.


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