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La Junta actuará en los puntos contaminados del Guadiamar

Se localizan en la zona norte del Corredor Verde, donde aún se encuentran suelos extremamente ácidos, con un alto contenido en arsénico potencialmente tóxico para las plantas, como consecuencia del vertido tras el accidente minero de Aznalcóllar

07 ene 2016 / 12:19 h - Actualizado: 07 ene 2016 / 12:19 h.
  • Corredor Verde del Guadiamar. / Javier Díaz
    Corredor Verde del Guadiamar. / Javier Díaz

La Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía ha confirmado que actuará en aquellos puntos de las márgenes del río Guadiamar, localizadas en la zona norte del Corredor Verde, donde aún se encuentran suelos extremamente ácidos, con un alto contenido en arsénico potencialmente tóxico para las plantas, como consecuencia del vertido tras el accidente minero de Aznalcóllar (Sevilla).

El consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, José Fiscal, ha precisado no obstante en una entrevista concedida a Europa Press que el informe que maneja la administración autonómica apunta a que «en lugares muy concretos hay algunas sustancias que presentan cierto grado de contaminación», pero «muy aislados, en absoluto de manera general».

De hecho, Fiscal recuerda que se ha felicitado a los responsables de la recuperación del corredor porque ha sido «modélica y ejemplo en todo el mundo», si bien la descontaminación en la tierra, sobre todo en una superficie de tan grandes dimensiones, «no es fácil, o al menos no como el agua, que es fluida y puede depurarse en su totalidad».

«Que en algún punto haya contaminación es posible, y vamos a actuar en esos puntos, pero según nuestros datos son cuestiones muy aisladas. No podemos decir que el corredor está contaminado, porque aquello es enorme», ha manifestado el titular autonómico de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio.

Un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) establece que los elementos traza como arsénico, cobre, plomo, cadmio y cinc han sido progresivamente inmovilizados en la llanura aluvial, especialmente en el tramo sur de la cuenca. No obstante, en algunas localizaciones de las márgenes, donde las labores de limpieza fueron menos efectivas por el difícil acceso de la maquinaria, persisten importantes ‘parches’ de contaminación, especialmente en el tramo norte, desde la mina hasta aproximadamente el puente de Las Doblas, en Sanlúcar la Mayor.

Para evitar esta situación en la cuenca del Guadiamar, recomiendan la aplicación de nuevas medidas de limpieza y corrección del pH, así como un aumento de la cobertura vegetal.

En abril de 1998, la cuenca del río Guadiamar fue protagonista de uno de los peores desastres ambientales ocurridos en Europa en las últimas décadas, el accidente minero de Aznalcóllar. La rotura de la balsa de decantación de la Mina de los Frailes provocó el vertido de seis hectómetros cúbicos de aguas ácidas y lodos contaminados a los ríos Agrio y Guadiamar, llegando casi al Parque Nacional de Doñana, donde la riada fue detenida mediante la construcción de tres diques de contención.

Tras la limpieza de emergencia de la zona se puso en marcha un ambicioso proyecto de restauración, el Corredor Verde del Guadiamar, que constituye uno de los únicos ejemplos reales de aplicación de técnicas de recuperación de suelos contaminados a gran escala.

SE CONTROLARA LA REAPERTURA «HASTA LO MAXIMO»

Por otro lado, en lo tocante al proyecto de reapertura del complejo minero en esta localidad sevillana, cuya causa judicial abierta por la adjudicación a la agrupación empresarial México-Minorbis de los derechos de explotación del yacimiento ha sido recientemente archivada, Fiscal ha asegurado que es la «obligación» de la Consejería, «y tenemos verdadera vocación en éste y cualquier otro proyecto industrial y minero en Andalucía», la de «mirar con lupa» la vertiente ambiental.

Ha asegurado que «los ciudadanos tienen derecho a estar tranquilos cuando en su entorno más o menos próximo se implanta un proyecto de esta envergadura». «Entendemos que la minería del siglo XXI no es, afortunadamente, la del XIX ni la del XX: hay más controles, exigencias y conciencia», ha añadido, apostillando que la tarea de su departamento es «controlar la parte ambiental hasta lo máximo, y que nadie tenga la más mínima duda de que se va a hacer».


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