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Entrevista

«La SE-40 sitúa a Alcalá en un lugar privilegiado. Raro es el día que no recibo a un inversor»

Hace justo un año que el Ayuntamiento de Alcalá dejó la era Limones y comenzó una nueva etapa con ella al frente. Salvo la fragmentada composición, todo ha cambiado. De la confrontación se ha pasado al diálogo y hasta ha vuelto el interés de las empresas

13 may 2017 / 08:38 h - Actualizado: 13 may 2017 / 08:38 h.
  • La alcaldesa de Alcalá de Guadaíra, Ana Isabel Jiménez (PSOE), en el salón de plenos del Ayuntamiento. / Fotos: Manuel Gómez
    La alcaldesa de Alcalá de Guadaíra, Ana Isabel Jiménez (PSOE), en el salón de plenos del Ayuntamiento. / Fotos: Manuel Gómez

{Hace un año, llegó con ese mantra, muy bien aprendido, de abrir «un nuevo tiempo» para una ciudad, Alcalá de Guadaíra, cuyos políticos se había acostumbrado a que el pleno fuera una especie de campo de batalla. De aquellos últimos años de bloqueo institucional y frentes judiciales que supuso el epílogo de Antonio Gutiérrez Limones como alcalde alcalareño sólo queda el recuerdo. Y es que, cumplido un año del relevo socialista en la Alcaldía, Ana Isabel Jiménez ha llevado a la práctica eso de dialogar hasta la extenuación para revertir la situación y, con sólo nueve ediles de gobierno de 25, aprobar casi 200 mociones –políticas y de gestión–. La última de ellas, los presupuestos, que no aprobaban en pleno desde 2012.

—Se cumple justo un año de su investidura, ¿qué balance hace de estos 12 meses?

—Estoy contenta, aunque no todo lo que desearía porque soy exigente conmigo y mi equipo. Entré en una situación compleja, con un bloqueo institucional evidente y un escenario de fragmentación con seis grupos políticos y dos de ellos divididos. La situación económica tampoco ayudaba, con una deuda de 75 millones, un plan de ajuste con sus imposiciones y presupuestos prorrogados desde 2014 que no tenían nada que ver con la situación por la que atravesaba Alcalá de Guadaíra. A todo ello se sumaba que el Consistorio no estaba preparado para dar respuesta a las necesidades sociales y de empleo, había conflictos laborales con los sindicatos,...

Desde que llego, la primera tarea es hacer que la institución tenga todas las herramientas para dar respuesta. Y, para ello, había que abrir canales de diálogo con la oposición, los sindicatos y tratar de solventar los escollos económicos.

—¿Y cómo se cambia el chip? La ruptura del gobierno con la oposición era notoria.

—Se consigue hablando y negociando mucho. Un ejemplo son los presupuestos de 2017, que se han sacado adelante con apoyo de C’s y la abstención de PP e IU. Cuando llegué había un borrador redactado por el gobierno, pero eso no iba a salir adelante con sólo nueve ediles.

Hablé con los técnicos y empezamos de cero. Lo primero fue pedir a los grupos de la oposición que hicieran propuestas, algo que les sorprendió, pero a lo que se pusieron a trabajar cuando vieron que no iba de farol. Una vez listo el borrador, se empezó a negociar. Aún teniendo mociones incorporadas de todos, cada uno tomó su postura estratégica en la votación. Pero salió aprobada. Sólo se negaron Podemos, que aunque al principio estuvo de acuerdo, se impuso, por así decirlo, su corriente más radical; y el PA.

—El presupuesto recoge, entre otras propuestas un plan especial de protección social, ¿qué novedad aporta?

La prioridad es el empleo. Pero no podemos centrarnos sólo en recibir a inversores, que las industrias crezcan, los autónomos tengan más trabajo y optar a todos los planes de empleo. La realidad social nos demanda respuestas inmediatas. Con este plan, hemos incrementado todas las partidas de emergencia social: más dinero para un plan de garantía alimentaria, becas para niños que no pueden ir a campamentos escolares en verano, 160.000 euros para alquileres sociales; partidas para arreglos de viviendas municipales, incremento de ayudas a colectivos como Cáritas, Prolaya, la Asociación de Educación Especial,... Es un paquete completo.

Hace poco huían las empresas de Alcalá, ¿se ha cortado esa sangría?

—Ahora es raro el día que no recibo a un inversor o una empresa ya asentada que quiere ampliar las instalaciones. Ya se verá dentro de poco en los datos de licencia de actividades. Alcalá está en la mejor situación estratégica no sólo de la provincia, sino de gran parte de Andalucía.

Ha ayudado mucho las infraestructuras que se han retomado a través de la Junta y el Estado, como la SE-40, el Metro o la A-392 (Alcalá-Dos Hermanas), que permiten una mejor ubicación si cabe. Estamos en el eje de la A-92 y, en dos años, tendremos la línea 1 del Metro. La posición es perfecta para captar inversores y lo están viendo. Hablamos de empresas de todos los sectores industrial, logístico, energías renovables,... hasta de perfumería (se ríe). Todas son firmas importantes que no tienen flecos sueltos y se quieren instalar en Alcalá de Guadaíra.

—¿Hay tanto interés como para aprovechar los terrenos de las áreas de oportunidad recogidas en el Potaus?

—Se podrían retomar perfectamente, pero soy cautelosa. No me gusta soñar y luego que no se haga realidad. Mi labor es pelear para que las infraestructuras que demandan los inversores estén lo antes posible. Con la Junta va bien y con el Ministerio de Fomento parece que también, porque se ha desbloqueado el tramo de la SE-40 que más beneficia a Alcalá. Hace falta más inversión para la SE-40, sobre todo en los túneles bajo el Guadalquivir, algo que también planteé al ministro en su visita a Alcalá.

—Pero, ¿el tramo Alcalá-Dos Hermanas, ya en ejecución bastaría para contentar a los potenciales inversores?

—Este tramo de la SE-40 es el que nos hace tener esa posición ventajosa. Claro está, que continúe abre otras posibilidades. Hay empresas como Siderúrgica que ahorraría en costes de transportes con la ronda terminada. O incluso la Cementera, que requiere de conexión con los puertos de Sevilla, Cádiz y Huelva. No nos quejamos porque estamos en una posición privilegiada pero que esté completa la SE-40 sería lo más recomendable.

—Las obras del tranvía, ¿cómo siguen? ¿Se ha convencido a Metro de Sevilla para que asuma el servicio?

—Está la Consejería en ello. Las negociaciones no las conozco en profundidad, pero están avanzando. Lo importante es que la presidenta, Susana Díaz, comparte la idea de que más que un tranvía sea la línea 1 del Metro. Las obras del tranvía están al 60 por ciento de ejecución.

Cuando finalice, no sólo beneficiará a Alcalá, sino a toda la comarca y los municipios de la A-92. El tener conexión con el Metro es clave para conectar con la Universidad y la zona empresarial y comercial. Es calidad de vida. Pero para Alcalá hay una cuestión fundamental: al final, a los 700.000 habitantes de Sevilla capital y otros miles del Aljarafe, el Metro les acercará a Alcalá en minutos.

Los empresarios estaban recelosos porque la obra de la A-392 terminaba a un kilómetros de Alcalá y podía generar un cuello de botella.

—El compromiso es que en 2018 esté en funcionamiento y se está cumpliendo los plazos. En cuanto a la entrada de Alcalá, no creo que sea un embudo. Los coches que pasarán serán los mismos una vez termine la obra. Sólo varía que irán con más seguridad. Sí vamos a aprovechar la obra, y tenemos ese compromiso de la Junta, de arreglar la travesía que hay en tramo urbano entre la rotonda y el puente.

—¿Cómo se puede blindar el ya recuperado río Guadaíra?

—Los puntuales vertidos vienen de más arriba, como Morón, y hay que confiar en el trabajo de la Fiscalía y el Seprona. Nosotros podemos trabajar en cuidar el entorno de ribera y promover la concienciación. El río atraviesa Alcalá como Sevilla. Tenemos hasta nuestra Triana en el Campo de las Beatas. Somos los más perjudicados y estamos muy al tanto antes este tipo de delitos ecológicos, que cada vez son menos.

—El Plan Urban hizo mucho en Alcalá. ¿Qué expectativas tiene con Alcalá 2020, ahora que hay nueva convocatoria con fondos europeos?

—En su día se presentó un proyecto que no se pudo consensuar ni dar participación. Y aunque fue bien valorado, no fue suficiente. Me planté en Madrid para conocer los puntos débiles y me dijeron que estábamos bien mirados. Pese a todo, rediseñamos el proyecto, con aportaciones de la oposición y los ciudadanos. Hay una parte social, zonificado en Rabesa, Pedro Gutiérrez y La Paz; otra de patrimonio y otra de proyección de ciudad, con la posible reutilización de la Casa Ibarra o la antigua comisaría de la Policía para su uso hotelero u hostelero.

—La Boticaria, cerrada desde 2013, tiene nuevos dueños, ¿la veremos pronto abierta? —Tengo muchas esperanzas. Tener un hotel de esa categoría que no hay otro igual en la provincia es fundamental. Que estuviera en manos de la Caixa nos preocupaba porque un banco nunca abriría sus puertas. No es su negocio. Ahora se abren otras expectativas porque los inversores quieren beneficios y lo quieren traspasar a una cadena del sector. Por suerte, el hotel está en perfecto estado gracias a la seguridad que tenía.

¿El centro de Alcalá da para más peatonalizaciones?

A mi me gustan las peatonalizaciones y Sevilla es un ejemplo. Pero en Alcalá es de momento inviable porque no tendríamos una salida al tráfico y porque no hay suficientes bolsas de aparcamientos. Y no vamos a dejar aislado al centro del resto de la ciudad. ~


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