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Las señas de identidad del rociero nazareno

El ritual está claro: de la Magdalena hasta el Palmarillo y de allí a Coria

16 may 2018 / 20:10 h - Actualizado: 16 may 2018 / 22:18 h.
  • Petalada al Simpecado de la hermandad del Rocío de Dos Hermanas por Los Cuatro Cantillos. / Fotos: F.G.
    Petalada al Simpecado de la hermandad del Rocío de Dos Hermanas por Los Cuatro Cantillos. / Fotos: F.G.
  • La salida del Simpecado de la parroquia de Santa María Magdalena y el ambiente colorido y festivo que tanto caracteriza a los rocieros nazarenos.
    La salida del Simpecado de la parroquia de Santa María Magdalena y el ambiente colorido y festivo que tanto caracteriza a los rocieros nazarenos.

Parecen estampas repetidas, pero nunca, de un año a otro, es igual. Siempre hay detalles, rostros, momentos y vivencias que lo hacen distinto, aunque parezca igual. Y en ese ambiente salió el miércoles, bien temprano, la hermandad del Rocío de Dos Hermanas en busca de la ermita de la Virgen que se encuentra a pies de las marismas de Doñana.

El interior de la parroquia de Santa María Magdalena ya mostraba un ambiente rociero en el que comenzaron a sucederse esos abrazos de quien se emociona ante el inicio, un año más, del camino. El Simpecado presidió una Misa de Romeros que fue oficiada por Manuel Sánchez de Heredia, quien luego confirmaría que este año volverá a hacer parte del camino junto con los romeros nazarenos, especialmente cuando se dispongan a cruzar El Quema y en la presentación en Villamanrique.

Como ya había ocurrido el año anterior, una vez que había concluido la misa, el Simpecado se introdujo en la capilla que acoge a la Virgen de Valme, protectora de Dos Hermanas, para una presentación muy especial en la que estuvo presente la junta de gobierno de la corporación nazarena. Y, tras la misma, salió con toda solemnidad por la puerta del templo para presentarse ante el numeroso público que la aguardaba un año más, contemplando a continuación cómo era subido a su carreta en medio del sonido del tambor y del tamboril.

A los pies de la carreta, junto a sus grandes bueyes, se encontraba un año más José Manuel Daza, el carretero que dirige a los animales, un rostro muy familiar para los rocieros de Dos Hermanas ya que, pese a ser vecino de Benacazón, son muchos años los que realiza el camino con esta hermandad, con la que comenzó a salir cuando tan sólo contaba con 10 años de edad junto con su padre, Manuel Daza, hoy carretero de la hermandad de El Salvador de Sevilla.

Así transcurrieron los primeros instantes de la salida de la hermandad de Dos Hermanas, con la lógica bulla que acompaña a romeros y carretas por una calle de Santa María Magdalena cuya estrechez la hace siempre acogedora. Mirando hacia adelante, casi por el camino que abrían los caballos, con el hermano mayor nazareno, Juan Sánchez Cumplido, al frente, se vía el horizonte de la salida de la ciudad, allá por El Palmarillo; pero mirando hacia atrás, el sol aún saliente cegaba una vista que, eso sí, dejaba entrever, con sus sombras y brillos, la carreta con su Simpecado.

Después de la tradicional despedida oficial en esa zona de El Palmarillo, a la que correspondieron ante el hermano mayor los delegados de Cultura y Fiestas, Rosario Sánchez, y de Movilidad, Antonio Morán, así como el presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Dos Hermanas, Juan José Muñoz Villadiego, y el párroco de Santa María Magdalena; los romeros tomaron el camino hacia la carretera de la Isla. Al mediodía, celebró el Ángelus ante el monolito de la Virgen del Rocío que se encuentra en el camino. Seguidamente se dirigieron hacia Coria, donde realizaron el paso del río sobre las 15.30 horas.


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