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Los suelos que perdimos en Cantillana

Las obras en el viario sacan a la luz un mosaico de grandes dimensiones con figuras marinas y un pozo de época romana

24 nov 2017 / 20:34 h - Actualizado: 25 nov 2017 / 17:16 h.
  • Dos técnicos trabajando en la restauración de uno de los mosaicos encontrados. / El Correo
    Dos técnicos trabajando en la restauración de uno de los mosaicos encontrados. / El Correo
  • Imagen de las obras en la parroquia. / El Correo
    Imagen de las obras en la parroquia. / El Correo

Las obras de sustitución de redes que se vienen realizando en el entorno de la parroquia de Cantillana continúan deparando sorpresas. Si en el inicio de la intervención se descubrió una columna que hacía las veces de umbral de una de las puertas cegadas del templo, en esta ocasión han salido a la luz un pozo y un pavimento de mosaico de época romana. Vestigios desconocidos del pasado perdido de la localidad que están volviendo a ver la luz.

La sustitución de una tubería en la calle Sacristán José Díaz despertó las alertas por unas piedras que resultaron ser la tapa de un pozo de fábrica aparentemente romana. Las primeras catas realizadas por el arqueólogo que sigue la intervención a pie de obra, José Antonio Valiente, exhumaron retazos de mosaicos tanto en el brocal del pozo como en su pared exterior y en lo que sería el suelo del edificio en cuestión.

Activado «el protocolo normal en estos casos», en la mañana de este jueves tuvo lugar una reunión en el propio yacimiento en la que participaron responsables técnicos y políticos de la Junta de Andalucía, la Diputación de Sevilla y el Ayuntamiento de Cantillana. Fue ahí donde se tomó la decisión de «ampliar la excavación para ver a qué nos estamos enfrentando y hacer una documentación lo más exhaustiva posible», explica Valiente. Así, la prospección se continuará en un área de nueve metros cuadrados, para conocer el cariz del yacimiento y valorar su importancia y los modos de proceder al respecto.

Aún en fase inicial y de limpieza, está saliendo a la luz un pavimento de mosaico polícromo, con representaciones de fauna marina, que parece rodear al pozo, en cuya pared se muestran figuras humanas que desarrollan artes de pesca. Todo hace indicar que se trata de un patio de uso doméstico, en cuyo centro se ubicaba el pozo, «que bien pudiera tener una fuente como tapa», en una «villa de bastante costeada dentro de la ciudad». Su estado de conservación «es prácticamente óptimo, el conjunto es espectacular». Sus propietarios estarían posiblemente vinculados con el río o el mar por su decoración, aunque el uso de estos motivos «simplemente podría ser un capricho».

En el punto en que se encuentra la excavación es difícil datarlo. «La única fecha que tenemos aproximada es que su abandono viene sobre el siglo II o III d.C. Pero no sabemos hasta dónde se va a remontar su origen». Lo que sí está claro es que «es una oportunidad única para documentar la Naeva romana», de la que no había aparecido aún ninguna constatación física de su importancia salvo algunas estatuas y restos aislados.

Más allá de todo, la prioridad en este momento se centra en «descubrirlo y documentarlo para hacer valoraciones». Se va a trabajar «en un espacio coherente, no se va a entrar dentro de las viviendas y se van a mantener las medidas de seguridad». Además, «hay que controlar los tiempos de obra», en una intervención como esta del Pfoea –el antiguo PER– ajustada a unos plazos concretos. «Vamos a intentar que no sean cuestiones que se eternicen, al menos desde la parte técnica, y que permitan dar una respuesta lo antes posible».

Esa respuesta vendrá determinada, tras la excavación, por las administraciones y los presupuestos que se manejen. Aún es pronto para contestarla, pero ante todo gracias a estos restos «Cantillana está viviendo un hecho histórico», señala la alcaldesa, Ángeles García. «Es una gran oportunidad para documentar nuestro pasado, vamos a gestionar de la mejor forma posible esta hallazgo para conocer más sobre nuestra propia historia».

La aparición del mosaico ha revolucionado al pueblo. Las primeras fotos de los retales de mosaicos aparecidos entre el barro han volado por los grupos de whatsapp y las redes sociales. Multitud de personas han desfilado por las obras, debidamente valladas por motivos de seguridad. Y comentarios hay para todos los gustos. Desde los que piensan que «habría que sacarlos y ponerlos para que todo el mundo los vea» hasta quien piensa que «lo mejor es dejarlo en su sitio y cubiertos para que duren dos mil años más». Algunos se quejan de no poder ver de primera mano qué hay en la excavación, por eso se ha determinado realizar «unas jornadas de puertas abiertas cuando sea posible, para que todo el pueblo pueda conocer este importante descubrimiento», explica la regidora.

El empeño del Ayuntamiento, con su alcaldesa al frente, es apostar por la conservación y la puesta en valor del pasado de la localidad. «Esto acaba de empezar», asegura, señalando que no van a cejar en el empeño de «rescatar, poder documentar y exponer todo lo que sea posible». Este patrimonio «no es ni siquiera propiedad municipal», por lo que es imprescindible la cooperación entre administraciones para decidir sobre su futuro. Porque aunque «lo importante es el ahora, conocer lo que está apareciendo», pronto tocará decidir sobre qué hacer con estos restos. Buscando lo más idóneo para el pueblo, su historia y su cultura. Y para que no caigan más en el olvido los suelos de un esplendoroso pasado que con el tiempo Cantillana perdió.


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