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Día de la Madre

Madre a los ... y tantos

Sube la edad de la maternidad. Actualmente las españolas tienen su primer hijo pasados los 31 años. Asimismo, el número de vástagos se ha reducido. La media estaba en 3,13 en 1975 frente a 1,4 en 2015

05 may 2017 / 13:52 h - Actualizado: 07 may 2017 / 08:41 h.
  • Una madre acaricia con cariño a su hijo recién nacido. / Jesús Barrera
    Una madre acaricia con cariño a su hijo recién nacido. / Jesús Barrera

La maternidad en los últimos años en Andalucía y en general en España ha experimentado unos cambios más que sustanciales. Los más evidentes son la caída brusca de la natalidad y el aumento de la edad de las madres primerizas.

Un dato más que clarificador es que el número medio de hijos que tenía una mujer en 1975 era de 3,13 frente a los 1,4 de 2015.

Además de procrear menos hijos, la edad a la que las españolas dan a luz a su primer vástago ha subido ostensiblemente. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2002 la edad media para el nacimiento del primer hijo era de 29,5 años, mientras que en 2015 esta edad se elevaba hasta los 31,2.

Esta evolución se debe, según la profesora del Departamento de Antropología Social y Cultural de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Nancy Anne Konvalinka, que ha participado en un proyecto de investigación sobre las familias tardías financiado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad –Mimeco–, a que en España el «curso de vida es muy rígido, muy lineal». Es decir, las etapas de la vida no pasan una sobre otra: «Primero se estudia, luego se busca trabajo y se consolida, se adquiere una vivienda, se encuentra pareja estable y cuando ya se han cumplido estas etapas es cuando se tiene el primer hijo», explica.

Esta profesora manifiesta que en la década de los 80 las etapas eran más cortas, «la edad media de tener el primer hijo en el año 1985 era de 25,8, porque se había cumplido con los requisitos de las etapas». Sin embargo, en la actualidad, insiste, todo se retrasa porque no hay una estabilidad hasta cerca de los 35 años. Y es que, según indica, en España es muy raro que una persona se decida a ser madre o padre sin tener una vivienda y un trabajo estable, porque le tacharían de «irresponsable».

De este retraso a la hora de tener hijos, Konvalinka no culpa del todo a la crisis. Dice que se debe a una confluencia de una situación de crisis con una estructura de curso de vida lineal y relativamente rígida.

A pesar de que sí se han producido algunos cambios, esta profesora advierte de que sobre la mujer sigue recayendo el peso de los cuidados de los hijos y expone que en los casos en los que un miembro de la pareja decide dedicarse al hogar y al cuidado de los niños suele ser la mujer. Remarca, no obstante, que es una decisión que en muchas ocasiones va acompañada de dudas y angustias. «El problema es que la organización social y los conceptos culturales hacen que las mujeres se sientan muy responsables de las tareas de cuidado en la familia y las empujan a sacrificar no solo su lugar en el mercado laboral en ese momento, sino sus posibilidades futuras, para que las cosas sean más fáciles para los demás miembros de la familia. No es el capricho de la mujer, sino la falta de un reparto equitativo del trabajo de cuidado», insiste. Konvalinka alerta de que cuando estas mujeres quieren reincorporarse al mundo de la empresa lo tienen muy difícil.

Respecto a la opción de ser madre soltera, esta investigadora de la UNED aclara que esta decisión también se adopta cuando la mujer ya ha adquirido una estabilidad laboral y ha llegado a los límites de la edad fértil y no ha encontrado pareja estable con quien formar una familia pero, sin embargo, no quiere renunciar a la maternidad.

Por otra parte, según manifiesta, un contratiempo con el que se topan las familias tardías es que los abuelos también son mayores y en lugar de ayudarles con los hijos, como ocurría antes, ellos también pueden necesitar cuidados, «con lo cual estas familias se encuentran cuidando a la vez de hijos pequeños y abuelos mayores».

En el estudio La transformación de los hogares españoles y andaluces publicado por el Centro de Estudios Andaluces y elaborado por Eduardo Bericat Alastuey catedrático de Sociología en la Universidad de Sevilla y por María Dolores Martín-Lagos, directora del departamento de Sociología de la Universidad de Granada, se indica que tras el retraso de la maternidad subyace un cambio histórico, porque «ha pasado de ser una decisión estratégica en la vida de las personas, especialmente de las mujeres».

Estos profesores indican que el miedo a la maternidad se funda en el hecho de que la crianza de uno o más hijos «puede truncar la larga carrera formativa como el a veces tortuoso proceso de inserción laboral». Señalan, además, que el hecho de que muchas parejas opten por una procreación mínima, «teniendo solamente un hijo, muestra hasta qué punto el retraso de la maternidad está asociado a un rechazo de la maternidad. Ahora bien, este rechazo no llega a ser total», aclaran.

Expresan también que el incremento de la esperanza de vida permite convertir el potencial rechazo de la maternidad en un mero retraso estratégico de la misma.

Por su parte, el investigador y profesor asociado de Economía e Historia Económica Daniel Devolder y la catedrática de Geografía Humana Anna Cabré, ambos de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), en su estudio Factores de la evolución de la fecundidad en España en los último 30 años, exponen que la brecha entre los países con más altos índices de natalidad con los de menor, como es el caso de España, se puede deber a la situación de las mujeres en el mercado laboral. Dicen que donde la natalidad es más alta es porque hay una larga tradición de aplicación de políticas demográficas familiares y la «existencia de ayudas a las madres en situaciones difíciles».


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