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Más de medio siglo frente a un caballete

Antonio Montes, un autodidacta de los pinceles, exhibe en Carmona los lienzos de su vida

13 sep 2018 / 20:31 h - Actualizado: 13 sep 2018 / 22:34 h.
  • Antonio Montes Buza expone en el Museo de la Ciudad hasta el próximo día 30. / E. G.
    Antonio Montes Buza expone en el Museo de la Ciudad hasta el próximo día 30. / E. G.

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Antonio Montes Buza. Quizás a muchos lectores no les suene. O quizás sí. Este trabajador jubilado de la Universidad de Sevilla, nacido en la capital de Los Alcores un 16 de junio de 1948, guarda en sus manos una de sus numerosas virtudes: la pintura; si bien no le ha ido nada mal como cantor en la Coral de la Virgen de Gracia. Su vida laboral transcurrió entre las facultades de Medicina y Enfermería, Fisioterapia y Podología donde a lo largo de sus 40 años de servicio, trabó amistad con catedráticos, profesores y médicos que poseen gran parte de su obra, así como también en diversas iglesias de Sevilla, Carmona, Guadajoz, el Aljarafe o Cádiz. Pero toda su vida alternó su trabajo con su amor por el arte. Hablamos con él en el Museo de la Ciudad, donde ahora expone hasta el día 30, entre sus obras, su vida.

Montes no tuvo una formación académica; es autodidacta, pero siempre procuró aprender «visitando museos y exposiciones y leyendo ávidamente los libros que iba adquiriendo de autores y técnicas y que hoy reposan en las estanterías de mi estudio». Toda su vida ha sido una constante búsqueda de la belleza en el arte, dibujando y pintando, «aprendiendo de mis errores y también de mis aciertos, en definitiva, toda una vida entre lienzos y pinceles, como reza el título de esta exposición», afirma.

Al preguntarle por qué eligió la pintura, el pintor indica que toda persona que posee una cualidad artística no se limita a un ejercicio concreto del arte. De hecho, él fue tenor en la Coral Virgen de Gracia de Carmona durante treinta años, «y en mis inicios experimenté con el modelado y he tocado diversas disciplinas artísticas, pero me atraía muchísimo más el dibujo y la pintura, sobre todo el óleo», añade.

Montes cree firmemente que la base de un buen cuadro siempre debe ser un buen dibujo. «Si empiezas haciendo en el lienzo o la tabla un dibujo bien terminado, ya tienes la mitad del cuadro, porque mientras lo haces, estás estudiando el modelo, estas resolviendo la composición, las luces y las sombras y una vez fijado, empiezas a resolver con el color», opina.

Sus referentes locales son Manolín Fernández, «gran pintor discípulo de Arpa, sobre todo paisajista y que impregna sus cuadros de una bellísima luz»; Joaquín Valverde Lasarte, «pintor de Carmona ya desaparecido y quizás no suficientemente valorado del que se conservan en el Museo de la Ciudad unos enormes y monumentales bocetos al carbón» y dentro de los clásicos elige a Velázquez, Murillo, Goya o Dalí; pero sobre todo los impresionistas como Sorolla, Monet, Manet, Degás o Renoir, sin dejar de lado «por su estilo tan característico» a Gustav Klimt. Y de la actualidad a Antonio López, Antonio Montiel o Vladimir Volegog.

Con estos gustos tan variados, Montes se encuadraría en una pintura «figurativa, realista, pero sin llegar al exceso del hiperrealismo, pues cada artista tiene que dejar su impronta y su interpretación del modelo en su pintura». De sus tan conseguidos retratos, aunque de su paleta han surgido paisajes, bodegones o distintas composiciones, intenta que «tengan alma y que reflejen la personalidad del modelo».

Su humildad le abruma incluso a la hora de elegir su obra preferida: «pinto desde mi niñez y todas han sido importantes porque, al no haber tenido una formación académica, han sido mi aprendizaje y en cada una he puesto el alma», aunque puntualiza que, si se tiene que quedar con algún lienzo, sería «el próximo que pinte», pues «cada vez que me enfrento a un lienzo en blanco, para mí es un reto que emprendo cargado de la misma ilusión que cuando empecé», apostilla.

Este homenaje en vida a su trayectoria de más de medio siglo frente a un caballete y una paleta ha sido una iniciativa de la hermandad de la Virgen de Gracia de la que ha sido miembro de su junta de gobierno durante dieciséis años.

Guarda una anécdota muy surrealista. Y es que al ser preguntado por el cuadro más difícil al que se ha enfrentado, responde que fue «cuando un señor me pidió que le hiciera un autorretrato. Le hice el retrato... pero sin el auto», exclama entre risas.

Lo que Antonio Montes nos ofrezca de aquí en adelante, será «lo que la vida me vaya demandando y lo que las musas me inspiren». Mientras tanto, cualquier amante de la pintura puede visitar hasta el próximo 30 de septiembre, en el Museo de la Ciudad, esta exposición titulada Por amor al arte. Y, como recuerda el artista carmonense, «las musas existen, pero cuando te visiten te tienen que encontrar trabajando».

PROFETA EN SU TIERRA

Dicen que nadie es profeta en su tierra, pero en Carmona y según la opinión de este artista, «no se cumple este dicho pues es una ciudad crisol de culturas con mucho arte y su gente, acostumbrada a vivir en un entorno de la monumentalidad, está cargada de sensibilidad y aprecia a sus artistas tales como pintores, escultores, cantaores, literatos, etc». Además, añade que el reconocimiento exterior depende de la trayectoria de cada artista y «Carmona tiene ahora una serie de artistas jóvenes que están teniendo proyección mas allá de nuestras milenarias murallas», afirma.


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