jueves, 23 noviembre 2017
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Romería otoñal en Castilblanco para despedir a San Benito

La imagen ha sido retirada al culto para su restauración, que llevará a cabo el IAPH en las dependencias de la ermita

12 nov 2017 / 22:04 h - Actualizado: 12 nov 2017 / 22:52 h.
  • La multitud se arremolina frente a San Benito. / Francisco J. Domínguez
    La multitud se arremolina frente a San Benito. / Francisco J. Domínguez
  • Velas encendidas para el santo. / Francisco J. Domínguez
    Velas encendidas para el santo. / Francisco J. Domínguez

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No es agosto y San Benito no está en fiestas. Pero su ermita volvió a ser este domingo el epicentro de la comarca, como si de una romería otoñal se tratase. El Santo volvió a congregar a sus devotos, que en esta ocasión acudían para despedirse de la venerada imagen ante su retirada del culto para ser sometida a un proceso de restauración.

«La imagen no está en malas condiciones, aunque nos han recomendado intervenirla ya, antes de que pase más tiempo y el deterioro sea mayor», explicaba José Manuel Álvarez, hermano mayor de la matriz sambenitera. Será el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, «por sus garantías», el encargado de la restauración. La intervención consistirá en la limpieza de la talla, reposición de la policromía en zonas donde aparece deteriorada –«como las manos, donde prácticamente ha desaparecido por los besamanos»–, y reparación de «pequeños desperfectos y grietas, propios del movimiento en la procesión».

Se da la circunstancia especial de que la imagen no se trasladará a las dependencias del IAPH, sino que será restaurada en la propia ermita. «Hubiera sido difícil llevarse a San Benito de aquí», comentaba Álvarez. Y es que en la última restauración, en 1954, «se cuenta que se corrió la voz y al llegar a Alcalá del Río los vecinos pararon el coche que lo llevaba a Sevilla para verlo. Así que tuvieron que abrirlo para que los devotos se despidieran de él». Por ello, «de forma excepcional se van a desplazar los restauradores para realizar aquí la intervención».

Para tal menester se ha habilitado la capilla del Sagrario, pasando el Santísimo a estar reservado en el retablo principal de la ermita. «Se han reforzado las medidas de seguridad. Una nueva cerradura cierra el acceso, de la que solo hay tres llaves: la de los restauradores, la del santero por si hubiera alguna urgencia y la del hermano mayor». Durante este tiempo, un crucifijo ocupará la hornacina, mientras que el antiguo estandarte corporativo presidirá el templo. Además, la ermita mantendrá su horario de apertura y seguirá celebrándose la misa cada segundo domingo de mes.

Aunque «San Benito no va a abandonar su casa», de forma popular se cifra en la milagrosa imagen la devoción. Motivo por el que tantas personas no quisieron dejar para la oportunidad de «verlo por última vez hasta que vuelva», y encargarle sus peticiones para este tiempo «de ausencia». Se cumplían promesas, incluso de rodillas, y muchas lágrimas brillaban en los rostros cansados del camino. Las hermandades filiales también quisieron participar en esta despedida. La de Cantillana, que peregrina cada noviembre, hizo coincidir la fecha con este día, para postrar la devoción del pueblo ante el Patrón de la Sierra.

El director espiritual, Pablo Colón, ofició la eucaristía, «aplicada especialmente como misa votiva para inspirar a los restauradores» en tan delicada labor. Recalcaba además que «esta no es una jornada triste, porque nada se pierde y nada se va». La fe y la devoción seguirán siendo las mismas, la unción sagrada del recinto y la milagrosa intercesión del Santo se mantendrán inalteradas, a pesar de que durante un tiempo la imagen no esté expuesta al culto.

La mayor cantidad de público se concentró en la ermita a las 17.00 horas. Los fieles se agarraban con fuerza a la reja del presbiterio, cubierto de ramos y centros florales de ofrendas y agradecimientos. Las camareras pasaban estampas por el hábito del Patriarca, que los devotos recogían con besos. Tras el rezo del Rosario, la imagen –ubicada sobre la mesa de altar del retablo– fue trasladada al Sagrario, unos escasos metros de lágrimas, despedidas, rezos y oraciones. Una procesión por el exterior de la ermita, desde la sacristía al presbiterio, con el estandarte antiguo, puso fin a esta jornada de emociones encontradas y desbordante de fe.

Se prevé que la restauración esté finalizada en dos meses. Para la reposición al culto se plantea «un besamanos extraordinario», facilitando el reencuentro cercano con el Santo castilblanqueño. Será entonces cuando, a buen seguro, sin directrices ni organización como en esta ocasión, el fervor sambenitero hará de la devoción una nueva romería, esta vez de bienvenida al bendito intercesor.


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