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Economía

Todos a una con la aceituna negra

Industria, cooperativas, organizaciones agrarias, trabajadores y administraciones salen a la calle en contra de los aranceles

05 jul 2018 / 21:46 h - Actualizado: 05 jul 2018 / 23:21 h.
  • Un particular Donald Trump se paseó por la concentración con capazo de aceituna negra al cuello para apoyar al sector que ha puesto en jaque con sus aranceles. / Fotos: Manuel Gómez
    Un particular Donald Trump se paseó por la concentración con capazo de aceituna negra al cuello para apoyar al sector que ha puesto en jaque con sus aranceles. / Fotos: Manuel Gómez

La Roda de Andalucía fletó este jueves hasta siete autobuses para defender frente al consulado de Estados Unidos en la capital hispalense el pan de sus vecinos: la aceituna negra. De hecho, los 450 empleados de Agro Sevilla, una de las empresas acusadas de dumping, acordaron junto al comité de empresa, ceder un día de sus vacaciones y cerrar la planta por unas horas para acudir hasta la Plaza Nueva. Un gesto que demuestra que en esta lucha «no hay capital ni empresario»; agricultores y trabajadores estás «todos unidos por una misma causa porque el ataque a la aceituna negra no sólo afecta al trabajador, también al agricultor», apunta el presidente de la cooperativa de segundo grado Agro Sevilla, principal exportadora de este producto, curiosamente muy apreciado por el consumidor estadounidense.

Ningún trabajador, ni organización agraria, ni político faltó (incluida la Junta) a la cita amenizada con temas como Escándalo de Raphael, el Tiritiran de Camarón, o Pa panamericano. Incluso se personó un particular Donald Trump dispuesto a repartir aceituna negra a todo aquel que se le acercara y que llegó a firmar el documento de apoyo, que fue suscrito por las miles de personas –en torno a 4.000, según los organizadores, y que se desplazaron incluso de Málaga o Córdoba– que acudieron a protestar frente al consulado. Además, se repartieron 5.000 latas de aceituna, muchas de ellas a rodajas, que es el producto estrella en el mercado estadounidense.

El sector convocó para lanzar dos mensajes a cinco días de que la Comisión de Comercio Internacional (ITC en sus siglas en inglés) ratifique o no los «injustos» y «abusivos» aranceles de más del 34 por ciento impuestos por el Gobierno de Estados Unidos a los exportadores españoles de aceituna negra, tras la denuncia –hace cerca de un año– de dos empresas californianas, «que lo que quieren es quedarse con la manufactura de este producto y seguir comprándolo a granel», recordaba el alcalde de La Roda de Andalucía, Fidel Romero. El primero de esos avisos fue dirigido al Ejecutivo de Trump, a quien advirtieron del daño que está causando a un sector clave como es el de la aceituna de mesa. De hecho, representantes del sector, de los agricultores y de los propios municipios afectados subieron para entregarle al cónsul, Raynold von Samson-Himmelstjerna, una carta en la que exponen los efectos negativos de la medida de su gobierno en la industria y len el que le recuerda que la aceituna negra es «un producto muy valorado» en su país y «con una altísima calidad», como demostraban hasta ahora los datos de exportaciones. Una carta que aseguró –según los convocantes– hará llegar al Gobierno Trump a pesar de que no les dio ni la oportunidad de sentarse en su despacho.

El segundo de los mensajes iba dirigido a la Unión Europea. Después de un año de batalla y unos cuantos millones gastados en litigios (por el propio sector), industriales y agricultores critican que Bruselas no haya actuado con la misma contundencia que lo hizo cuando aluminio y acero se vieron amenazado por las políticas proteccionistas del líder estadounidense. La Comisión Europea «tiene cinco días para hacer todas las gestiones políticas y diplomáticas que sean necesarias y que no ha hecho en un año», reclamaba el secretario general de Asemesa, Antonio de Mora. La patronal Asaja-Sevilla, según su presidente, Ricardo Serra, está cansada de que la Unión Europea «haga el don Tancredo y mire al norte; tiene que tomar cartas en el asunto porque aunque la aceituna negra sea una industria menor que el acero es muy importante para la zona rural» y volvió a recalcar la injusticia que se está haciendo ante un sector que «ha hecho un esfuerzo y una fuerte inversión para convertirse en un gran exportador».

Estos aranceles deben frenarse «no por la Sierra Sur, no por Sevilla, no por Andalucía, no por España, sino por Europa», incidía el presidente de la Diputación de Sevilla, Fernando Rodríguez Villalobos. ¿Cómo? En opinión del secretario general de UPA Andalucía, Miguel Cobos, «imponiendo aranceles a los productos de Estados Unidos y denunciando ante la Organización Mundial del Comercio las prácticas contra las reglas del comercio internacional» de Trump.

Pero como los daños provocados hasta ahora son irreversibles, el secretario general de COAG Andalucía, Miguel López, exigió que Bruselas «recobre con ayudas asociadas para cubrir las necesidades» provocadas por las pérdidas «que lo van a dejar al borde del precipicio». «O meten el olivar o meten el aceite y la aceituna», matizó López. Una idea que compartió el diputado del PSOE por Sevilla en el Congreso, Antonio Pradas, quien pidió que «ante un hecho consumado, Bruselas tiene que ir pensando cómo indemniza a los agricultores por las pérdidas constatadas».

Efectos

Después de un año de conflicto, de imponer unos aranceles provisionales a final de año y de hacerlos definitivos hace unas semanas, algunas empresas sevillanas del sector se han visto obligadas a prescindir de parte de sus empleados –principalmente eventuales– e incluso «ha habido que cerrar una línea» en una de estas empresas, recordaba Serra. También ha caído el 40 por ciento de las exportaciones al país. Por eso, de ratificarse los aranceles dentro de cuatro días, la aceituna negra española perdería el mercado estadounidense, lo que se traduciría en un pérdida de en torno al 20 por ciento de la facturación, según los cálculos preliminares de los exportadores. Además, estarían en riesgo 8.000 puestos de trabajo a nivel nacional, motivo por el que también estuvieron presentes los sindicatos UGT y CCOO, cuyos líderes industriales adviertieron de que saldrán a la calle si sigue poniendo en riesgo el empleo.

Trabajo como el que ya ha perdido Pablo Alfaro, un rodense de 26 años que hasta hace poco era eventual en Agro Sevilla y que por los aranceles se quedó en el paro «con una obra (de una vivienda) que ha tenido que dejar parada», apuntaba ayer su madre, Raquel Pozo, también trabajadora de la cooperativa, al igual que su marido, y que temen perder su pan, como le ha ocurrido a su hijo, quien se ha visto obligado a tener que salir de Andalucía para poder trabajar. Poco antes se despidió de la misma planta Carmen Soriano, una mujer va para los 62 años y que perdió su empleo en Navidad a causa de las políticas proteccionistas de Donald Trump. Por eso, trabajadores, sindicatos, organizaciones agrarias, industriales y políticos seguirán peleando por que Sevilla no pierda un cultivo clave en su economía y por garantizar «pan, trabajo, techo y dignidad», como reivindicaba Engracia Rivera, diputada por IU en la Diputación.


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