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Un artista del hierro en Tocina-Los Rosales

José Antonio González Cano elabora piezas con las que se embellecen las calles y se recuerda la historia del municipio

24 abr 2017 / 17:27 h - Actualizado: 24 abr 2017 / 17:27 h.
  • El alcalde, de espaldas, explicando el significado de los monumentos a los vecinos. / A.C.
    El alcalde, de espaldas, explicando el significado de los monumentos a los vecinos. / A.C.
  • El artista ultimando detalles de la escultura el día de la inauguración. / A.C.
    El artista ultimando detalles de la escultura el día de la inauguración. / A.C.

«Tenemos un artista en el pueblo y sería un delito no aprovecharlo». Así presenta el alcalde de Tocina-Los Rosales, Francisco José Calvo, al artífice de varios elementos elaborados en hierro con los que se está embelleciendo la localidad. José Antonio González Cano, nacido en Tocina, pasó a formar parte de la plantilla municipal después de la realización de una escuela taller y desde ahí, junto con las personas que se siguen formando con él, está elaborando piezas que quedarán para la historia en su municipio.

Con sus manos, y el apoyo del Consistorio, Cano está dibujando en metal la historia de dos asentamientos con pasados muy diferentes que están aún por explotar. Así, con cada elemento que se instala en sus calles se le cuenta a visitantes y oriundos que hubo otros tiempos en los que en ese mismo lugar, cientos de años atrás, sucedieron cosas importantes. De sus manos han salido los elementos que embellecen las rotondas de sendos núcleos poblacionales. La primera de ellas representa a un gran rosal, para la colonia que nació en torno al tren. La instalación de un nudo ferroviario que unía las líneas Córdoba-Sevilla y Córdoba-Zafra, junto con una estación y las instalaciones de abastecimiento para los trenes, motivó la aparición de las primeras viviendas. El nombre procede de la gran finca que había en la zona llamada El Rosal, diseminada en tres partes y en la que vino a parar la locomotora. El conjunto artístico que ubica al viajero se compone del nombre, a gran tamaño, junto con esa flor que contiene, «a modo de una alegoría, los hitos importantes del pueblo como el ferrocarril, la iglesia y la azucarera», describe el artista.

Azucarera para la que también hay una deferencia de esta apuesta municipal. La llegada de esta empresa, atraída por la buena estructura de comunicación que fue a parar allí, terminó de configurar esa primitiva barriada en lo que es hoy, al convertirse en un yacimiento de empleo que atrajo a familias de diferentes puntos de Andalucía. Hoy la recuerda una gran torre de hierro.

Un año después del embellecimiento de la rotonda de Los Rosales, le llegó el turno a la de Tocina. Siguiendo la misma técnica de cobertura de óxido, el nombre ubica al conductor en el término municipal en el que se encuentra y, para contar algo más de sí, una gran cruz de la Orden de Malta señala el centro del círculo. Con este guiño, se pretende despertar la curiosidad de los que gusten por la historia y se dan pistas de por donde se está trabajando esa explotación turística del pasado local y cuya Iglesia parroquial de San Vicente Mártir es su mayor exponente. Las dos torres que flanquean su fachada, sin parangón en la comarca, chivatean al que la mira su procedencia artística y, tirando del hilo, que la villa de Tocina es desde el siglo XIV sede de una de las encomiendas de San Juan en la Vega sevillana, siendo propiedad de la orden la práctica totalidad de sus tierras. Para atestiguar este hecho, «una paloma de la paz de las que contiene el escudo de la orden» fue instalada en el paseo de la Gran Avenida «hace un par de años», cuenta González Cano.

Las dos últimas instalaciones realizadas por el Ayuntamiento han tenido la misma intención de alusión histórica. Situadas también en la Gran Avenida con medidas de tres por tres metros, junto a un banco y un sombreado metálico, elaborados también en el taller de hierro, que espera ser cubierto de flores, cumplen la función de embellecimiento y de punto informativo. Así, se le ha dado un lugar dentro del núcleo urbano a la Orden de Malta, que estaba relegada al extrarradio de la rotonda.

Junto a ella, unos metros más adelante en dirección a Los Rosales, la Estrella de Salomón, en memoria del pasado de la árabe Tusana, cuna de una de uno de los reyes más importantes de su época, Almutamid. La escultura, «único monumento a este símbolo», en palabras del alcalde, atestigua que la localidad está inscrita en la ruta del mismo nombre del rey, una de las del Legado Andalusí, cuya familia, la de los Abadíes, eran originarios de Tocina.

José Antonio Cano es discípulo del famoso forjador sevillano Juan Ávila. Todo el mobiliario urbano de forja y hierro son producto de su buen hacer. Con él comenzó el oficio que luego lo llevó a la escultura en hierro después de pasar por la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, donde se formó «como artista». Asegura que para él es «un orgullo» que sus trabajos «se queden en el pueblo» y se siente agradecido con la corporación municipal.

Con esta filosofía, «en cada parque, en cada rincón se intenta poner una obra, un detalle artístico a muy bajo coste», añade Calvo. La gente, contenta, y el visitante, intrigado con una historia contada a pedazos salpicados entre dos núcleos urbanos, diferentes, particulares, pero unidos.


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