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Artes plásticas

Un Calvario nazareno con destino Panamá

Un Crucificado y una Dolorosa, las últimas obras del escultor Antonio Luis Troya, recibirán culto en el obispado de Veraguas. Serán expuestas en Sevilla antes de su traslado

03 sep 2018 / 08:18 h - Actualizado: 03 sep 2018 / 08:18 h.
  • Antonio Luis Troya trabaja en el Calvario que le han encargado desde Panamá. / F.J.D.
    Antonio Luis Troya trabaja en el Calvario que le han encargado desde Panamá. / F.J.D.
  • El escultor, con el Cristo de la Humildad. / F.J.D.
    El escultor, con el Cristo de la Humildad. / F.J.D.
  • Troya remata una réplica del Cristo de la Buena Muerte. / F.J.D.
    Troya remata una réplica del Cristo de la Buena Muerte. / F.J.D.

Tras el descubrimiento de América, los artistas de la época recibían encargos cuyo destino era el Nuevo Mundo. La evangelización del continente recién conocido requería de tallas e imágenes con las que vehicular la extensión de la fe. Hoy, cinco siglos después, desde Sevilla siguen exportándose imágenes al otro lado del Atlántico. Muestra de ello es el Calvario que el escultor nazareno Antonio Luis Troya ha realizado para el obispado de Veraguas, en Panamá, y que desde este lunes se expone en el Ayuntamiento de Sevilla.

Fue a finales de 2016 cuando recibió el encargo de realizar un Calvario –Cristo en la cruz y Virgen Dolorosa– de nueva factura. La restauración que efectuó al Cristo de la Atalaya de la Basílica Menor de Atalaya, en Panamá, fue carta de presentación y referente. Con esas credenciales, el propio obispado formalizó el encargo.

Respondiendo a los cánones de la estética barroca sevillana, en mayo de 2017 comenzó a trabajar la imagen de «Cristo muerto, clavado en la cruz, de tamaño natural y con las cinco llagas, porque es el icono de la iglesia católica». Una obra ambiciosa sin más indicación de que mostrase «en su rostro y en la inclinación de la cabeza una muerte dulce». A sus pies, «María, afligida de dolor».

Muchos han sido sus referentes para estas imágenes. Bernini, Benlliure, Juan de Mesa, Martínez Montañés, pero también artistas de épocas más recientes y contemporáneos, como Buiza, Darío Fernández o Lourdes Hernández. «Hay que fijarse en todos para sacar de cada maestro lo que quieres llevar a tu obra», aunque imprimiéndole sus propios grafismos, «lo que hace al público identificar tu obra como propia y única».

Tras 14 de meses de trabajo, desde los bocetos al vaciado, talla en madera, aparejo y policromía, las imágenes han quedado concluidas. Se trata de un Cristo «de expresión fuerte, valiente y conmovedora, que presenta signos de la tortura sufrida en la pasión». Y cumpliendo el encargo, «la cabeza se muestra aún sin desplomar y refleja los signos de una muerte dulce». La Dolorosa es una imagen para vestir, con «rostro carnoso y encarnadura cálida. De perfil clásico, entreabre los labios en pesarosa súplica. De grandes ojos rasgados, realizados en vidrio, mantiene la mirada y los párpados bajos».

Tímido y reservado, ordenado y metódico, Antonio Luis Troya dedica su vida a la escultura y la restauración. Entrado ya en la treintena, con 16 años encauzó su vocación en la Escuela de Arte de Sevilla. Simultáneamente conoció el día a día de este modo de vida como aprendiz en el taller del imaginero David Valenciano. Continuó su aprendizaje en el taller de dorado de los Hermanos González y en el de fundición en bronce de esculturas de Francisco Rejano. Desde sus primeros trabajos en un pequeño cuarto en el patio de la casa de sus padres pasó a establecer su propio taller en Dos Hermanas, su localidad natal. Un Cristo cautivo, una imagen de Santa Ángela y la restauración del misterio de la Oración en el Huerto de su localidad son sus proyectos actualmente en desarrollo.

De sus gubias han salido numerosas y valiosas tallas. La más reciente es el Cristo de la Humildad, expuesto al culto en la iglesia del Santo Ángel de Sevilla. «Una oportunidad probablemente única de tener una imagen en la ciudad más cofrade del mundo, y en un lugar tan especial rodeado de obras de autores tan grandes», confiesa.

Las nuevas imágenes aún no tienen advocación definida. Recibirán culto en la referida Basílica y presidirán «actos muy especiales, como misas en el exterior, muy comunes por la gran afluencia de fieles». Su presentación oficial será en Panamá aunque antes pueden ser vistos en Sevilla, en una muestra organizada en el apeadero del Ayuntamiento hasta el próximo día 7 de septiembre.

La exposición, titulada La gubia de Troya: entre dos mundos, actualiza el tránsito de imágenes desde España al Nuevo Mundo iniciado en el siglo XVI, y que con el escultor de Dos Hermanas se sigue produciendo en nuestros días. El Calvario de Troya es el centro de la muestra, acompañado de «un trabajo didáctico realizado por el comisario de la exposición, Antonio López Gutiérrez, con diseño y producción de montaje de la empresa Plan B».

Justo al término de la exposición las imágenes partirán hacia Panamá. Continúa así el escultor de Dos Hermanas la senda de intercambio artístico que iniciaran artistas tan destacados como sus admirados Martínez Montañés o Mesa, y que permitirá a los fieles del otro lado del charco vivir su fe con el referente iconográfico de un Calvario puramente nazareno.


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