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El campo y su agroindustria

Una apuesta por el cerdo ibérico y el olivar ecológicos

La finca La Umbría, ubicada en Pruna, es un claro ejemplo de un sistema de producción con valor añadido que permite a la agricultura y la ganadería vivir un momento dulce

02 jul 2018 / 07:00 h - Actualizado: 01 jul 2018 / 23:17 h.
  • Antonio Marín es el encargado de dirigir la finca ecológica La Umbría, donde cría cerdos ibéricos en sistema super-extensivo. / M.M.
    Antonio Marín es el encargado de dirigir la finca ecológica La Umbría, donde cría cerdos ibéricos en sistema super-extensivo. / M.M.
  • Una apuesta por el cerdo ibérico y el olivar ecológicos
  • Una apuesta por el cerdo ibérico y el olivar ecológicos

El sector ecológico está de enhorabuena. España se encuentra a la cabeza de la producción ecológica europea y ya es uno de los diez países que más consumen. Cada vez son más las industrias y productores interesados en producir en ecológico; siendo Andalucía un referente en este tipo de producción.

El gran caballo de batalla ha sido siempre el consumo, un hándicap que se está superando poco a poco. Esta comunidad siempre ha sido número uno en producción pero «ahora también contribuimos a que se haya entrado en el consumo», destaca Álvaro Barrera, presidente de Ecovalia, entidad sin ánimo de lucro que promueve la producción y la alimentación ecológica. Un momento dulce, «ya que es una alternativa de producción agroalimentaria: agrícola y ganadera de valor añadido».

En pleno corazón de la Sierra Sur sevillana, se sitúa la finca ecológica La Umbría, dedicada la producción de cerdo ibérico y olivar certificado en ecológico, en sistema super-extensivo. Muy cerquita del Terril, punto más alto de la provincia de Sevilla, trabaja día y noche Antonio Marín, un joven veterinario que hace dos años volvía a su tierra para apostar por esta explotación familiar, que ya estaba certificada en ecológica.

Esta segunda generación está dándole un empuje a la explotación, que cuenta con 100 hectáreas.

Correteando por la finca se encuentran los cerdos divididos en la finca dependiendo de su desarrollo. Según Antonio su sistema es totalmente integrado y, aunque «intentamos comprar lo menos posible, la autosuficiencia aún no es factible pero vamos caminando en esa línea». Se lamenta de que «todo lo que tenemos que comprar, al estar en ecológico, es más difícil de adquirir además de caro».

El cochino ibérico puro en sistema ecológico es un producto de una «excelencia tremenda». Trabaja en producción super-extensiva, apostando por la calidad del producto, lo que conlleva su tiempo de cría y engorde.

Primando siempre el bienestar animal, los cerdos se envían a matadero cuando alcanzan el peso que establece la normativa de ibéricos para su sacrificio, que se sitúa entre 12,5/14,5 arrobas, lo que viene a suponer unos 150-180 kilos. «Un sistema intensivo tarda 10 meses en poner el cerdo en su peso, mientras que yo tardo dos años». Eso supone unos costes añadidos, porque «yo no vendo los animales al doble de peso. Estamos trabajando casi para cubrir costes». Sin embargo, este producto tiene su mercado con «compradores que sí pagan la diferencia porque hacen una apuesta por la calidad».

Precisamente este sector productivo ha sabido mantenerse en tiempos de crisis. Desde Ecovalia puntualizan que «el sector agro ha sido refugio para la crisis pero, dentro del mismo, el ecológico ha ofrecido un valor más».

Estas hectáreas, divididas entre olivar, dehesa, zona de reforestación, de cultivos y aquellas donde no intervienen, suponen el mejor lugar de cría de estos cochinos. Su producción va destinada a matadero aunque como confiesa Marín «tenemos un proyecto de comercialización que está en puertas para vender en nuestros productos. De esta manera buscamos más rentabilidad».

En La Umbría los cochinos se encuentran diferenciados según su la fase, entre las que se distinguen cría, recría –desde que se desteta el animal hasta la fase de cebo– y, por último, la fase de cebo donde el animal adquiere el peso adecuado para la matanza.

Cuatro reproductoras campan a sus anchas en el cercado. Tras destetar a la camada pasan de nuevo a reproducción, realizándose sólo dos partos al año, frente a otros sistemas donde se programan dos partos y medio. Como buen conocedor de sus animales, este ganadero aprovecha al máximo el clima para que las parideras tengan lugar en abril-mayo y septiembre-octubre, «planificando para que el tiempo sea ideal ya que no tienen sistemas de calefacción».

20 madres reproductoras

Esta explotación ecológica tiene 20 madres reproductoras que cubren con dos verracos, frente a los intensivos donde un macho cubre a 50 madres. Una semana antes del parto las reproductoras pasan a maternidad. Durante la época del destete, que se estipula en torno a 45 días, los lechones habitan en una sala con cama orgánica –no utilizan sistema de rejilla por los purines– que se renueva diariamente. Y a pesar de tener en este lugar cierto confinamiento, «esta cama hace que los animales no se estresen».

Una parte fundamental en este tipo de producción es la ausencia del uso de antibióticos para tratar a los animales en época de cría. Álvaro Fernández-Blanco, especialista en ganadería ecológica del servicio de certificación CAAE, matiza que «en la agricultura ecológica el uso de antibióticos está muy restringido. Tiene que existir una justificación muy importante para utilizarlo y puede darse el caso de que no se pueda vender la producción como ecológica si se utiliza».

Por ello, trabajar en la prevención permite reducir la necesidad de uso de antibióticos. Antonio está incorporando medicamentos hechos con plantas. Sorprende un verraco mordiendo una piedra de sales con aditivos naturales –extracto de ajo y clavo–. Mediante esta piedra se reducen las diarreas neonatales por parásitos en madres e hijos –tomándolo la madre el hijo también se beneficia– además de ser antiinflamatoria. Aunque están en fase de experimentación, «los resultados son buenos».

Desde el CAAE se ha puesto en marcha un proyecto para identificar este tipo de sustancias terapéuticas realizadas con plantas para la producción ganadera. La línea trata de verificar los productos con unos controles para formar parte de un catálogo que posibilite incorporarlos días a día. Esto marca también una diferencia frente al sistema intensivo, donde el uso de medicamentos y la atención médica es altísima «pero da mucho volumen a bajo precio».

Es durante la fase de cebo, a pesar de estar rotando entre corrales, cuando los cochinos campan a sus anchas por la finca. En ella encuentran todo lo necesario para su alimentación. Desde bellotas, algarrobas, pasando por almendras o aceitunas son parte fundamental de la dieta de estos animales que encuentran en el terreno.

Precisamente tienen certificado como ecológico el olivar que al año produce en torno a 5.000 kilos de aceitunas; sin embargo, «es raro que la recojamos ya que la dedicamos al aprovechamiento del ganado». Marín explica que este fruto «no se puede aprovechar en fase de cebo porque cuando se utiliza en elaboración, las chacinas no se secan. Es muy buen alimento en recría pero hay que quitarlo en fase de cebo».

Unas 100 hectáreas en plena Sierra Sur donde en estos años se han plantado más de 5.000 árboles. La finca ha ido ganando masa forestal y suelo «cuando la tónica ha sido perderlo».

El bienestar animal es prioritario en esta producción que va ganando adeptos por momentos. Desde Ecovalia, no dudan en calificar el momento como dulce y no fruto de una moda, sino del trabajo constante «desde hace más de 27 años».

Nuevo reglamento

Tras la aprobación del texto definitivo a finales del mes de mayo se ha publicado el nuevo Reglamento sobre Producción Ecológica y Etiquetado de los productos ecológicos que trae consigo algunos avances para la producción ecológica, como la puerta que se abre al uso de semillas locales o la inclusión de algunos productos que hasta ahora sólo podían aspirar a una certificación bajo norma privada (la sal, los insectos para el consumo humano...) o que no estaban claramente identificados en el alcance de la normativa (cera de abejas, corcho, lana...). Además, este nuevo texto refuerza la idea del cultivo ligado al suelo, incluyéndolo como base de su desarrollo.

Por otra parte, aunque inicialmente no estaba contemplado en el borrador del Reglamento, desde Ecovalia consideran «un acierto que finalmente se permitan las explotaciones mixtas, en las que un pequeño agricultor ecológico, por ejemplo, que vende sus productos vegetales certificados podrá mantener sin certificar sus animales destinados al autoconsumo».

Sin embargo, para esta asociación nacional la nueva normativa plantea algunos aspectos conflictivos. Por ello, esperan que se complete la legislación con el enfoque correcto, para que cumpla con los retos del sector ecológico, manteniendo el nivel de seguridad del actual Reglamento y el valor añadido que diferencia a los productos ecológicos, y mejorando la armonización de criterios de control, «algo especialmente relevante para los productores de España, donde las autoridades competentes presentan mayores exigencias en esta materia, lo que implica una desigualdad de condiciones y una desventaja competitiva frente a importaciones de países terceros, principalmente, y de otros países europeos».

Otro aspecto destacable es que con la entrada en vigor de la nueva normativa será obligatorio que los productos para la alimentación animal provengan de la misma región en donde se encuentra el ganado. «Si bien se trata de una cuestión deseable, totalmente acorde con los principios de la producción ecológica, esta medida podría provocar el fracaso de muchos proyectos incipientes en zonas donde la ganadería eco no está aún lo suficientemente desarrollada».


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