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Flamenco

«Voy a demostrar por qué me han dado la Lámpara Minera»

La palaciega María José Ruiz Morales (1974), más conocida en el mundo flamenco como María José Carrasco, ha sido la ganadora de la Lámpara Minera de La Unión, después de llevar una década volcada en la educación de sus hijas

16 ago 2018 / 07:26 h - Actualizado: 16 ago 2018 / 11:03 h.
  • La palaciega María José Carrasco ganadora de la Lámpara Minera de La Unión. / Á.R.
    La palaciega María José Carrasco ganadora de la Lámpara Minera de La Unión. / Á.R.

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María José Carrasco, además de cantaora es madre de Reyes, que en 2015, con solo nueve añitos, ganó en el Concurso Internacional de La Unión el premio especial para cantaores jóvenes y se ha convertido en un icono de las jóvenes promesas. Pero este año María José se preparó a conciencia para conseguir el sueño de su vida. El galardón flamenco más importante del mundo, una Lámpara, le ilumina ahora el camino.

—La emoción la embargó cuando se vio finalista ...

—Yo ya había pasado a la final, o casi, en 2004, 2005 y 2006... A lo mejor con menos cantes, pero me venía siempre sin premio, hasta ahora. Así que fue muy grande.

—Y ha vuelto más de una década después ...

—Sí, y ha sido un pelotazo. Yo me había preparado muchísimo, me he quitado muchas horas de muchas cosas para estudiar, pero me ha merecido la pena. Cuando gané el premio Antonio Mairena, hace 14 años, llegué a saber respirar donde respiraba él, porque estudio muy en serio.

—La Lámpara no se gana solo con un cante.

—Es verdad que la minera es un cincuenta por ciento, pero yo canté por cantiña, minera, cartagenera, taranta y seguiriya.

—¿Hay algún palo que le encante especialmente?

—Yo soy muy de hacer los cantes festeros, pero siempre depende del momento. Últimamente me siento muy a gusto cantando por seguiriya.

—Usted lleva más de una década no ejerciendo tanto de cantaora como de madre de una cantaora ...

—Bueno, no he dejado nunca de cantar. He tenido siempre cosas porque hay muchos sitios donde me quieren, pero tampoco era cosa de estar todos los fines de semana, porque eso yo, durante una época, no lo quería, y en los últimos años es verdad que he hecho más de madre que de artista. Pero este año, mi hija Reyes y mi marido me decían: «Hay que ver la gente que hay en los concursos, ¿y tú por qué no vas?». Siempre me han motivado porque sabían que ganar la Lámpara Minera era la ilusión de mi vida. Y eso me animó a intentarlo. Y me lo he currado mucho, sin saberlo apenas nadie: mi familia y algunos artistas como Pepa Montes, que me quiere mucho. Por eso ha sido tan inesperado.

—¿Usted sí lo esperaba una vez en la final?

—Yo competía nada menos que con Evaristo Cuevas... Nunca se puede decir que una vaya a ganar. Cuando estás allí, lo único que tienes que hacer es centrarte y cantar. Pero es importante sentirte a gusto con lo que haces en el escenario. El primer día estuve un poco más nerviosa, pero defendí los cantes. Pero cuando llegas a la final no puedes dormir. Me tuve que tomar hasta un tranquilizante. Yo a Evaristo lo quiero mucho. Hubo una época en que íbamos a todos los concursos Evaristo, Rubito de Pará, Miguel Tena y María José Carrasco éramos inseparables. Pero ya cuando me vi en la final, a un paso de la Lámpara, que era el sueño de mi vida, me ordené tranquilizarme, respirar, hacerlo como yo sabía, aislarme del mundo, ponerme los cascos para escuchar a gente que a mí me gusta, que es lo que hago cuando tengo que motivarme...

—¿Y quiénes suenan en esos cascos?

—Indudablemente Antonio Mairena. Yo muero con él, y con Fernanda y Bernarda, con Terremoto, con gente flamenca de verdad. Luego admiro mucho a Marchena o a Vallejo, porque reconozco que lo que hacen es muy complicado, pero mi personalidad va más, como decía Mairena, con el cante flamenco gitano andaluz.

—¿Hay antecedentes gitanos en su familia?

—Sí, tanto en la mía como en la de mi marido, de donde tomo lo de Carrasco. Mi abuela era extremeña, pero tuvo niños sin casarse con un gitano que se llamaba Antonio Reina. Ella era una mujer de mucho temperamento y como él la dejó y se fue con otra, no consintió ponerle los apellidos de él nunca. Ni mi padre lo conoció. Mi abuela se vino de Extremadura a Los Palacios, pero la sangre tira mucho. Nosotros no estamos acostumbrados a las cosas de los gitanos, pero sin pretenderlo nos tiran muchas cosas.

—Los Palacios y Villafranca es el único pueblo que tiene dos Lámparas Mineras, la de Miguel Ortega en 2010 y la suya.

—Y tendrá tres cuando mi Reyes la gane.

—Miguel Ortega es de su edad.

—Sí, los dos tenemos 44 años. Yo he estado con él en el colegio. En todas las fiestas del cole cantábamos y estábamos deseando que repartieran dulces y helados. Miguel lleva toda su vida cantando y lo he admirado siempre porque es un maestro.

—¿La Lámpara le ilumina ahora el camino profesional?

—Ahora sí. No se puede imaginar usted lo que cambia la vida de una persona, siendo la misma como soy. De un día para otro, es no parar de sonar el teléfono, y las contrataciones es ya otro mundo, el caché me ha subido lo que yo nunca hubiera imaginado. Yo creo que sigo en una nube y tienen que pasar muchos días para asimilar esto.

—21.000 euros no dan la felicidad pero ayudan ...

—¡Qué alegría más grande! De todas formas, aunque el dinero es muy importante para vivir, pero la mejor satisfacción es tener la Lámpara.

—También hay quienes dicen que los premios no son una manera de ayudar al flamenco...

—Siempre habrá gente en contra de todo, pero es que el que empieza no tiene otra manera, a menos que tengas un apellido, como le ocurre hoy a María Terremoto o a Rancapino hijo. Mi Reyes ahora, pero solo ahora, será la hija de María José Carrasco la de la Lámpara Minera. No se le abren las puertas de la misma manera a todo el mundo.

—¿Y a partir de ahora?

—Trabajar, solo trabajar.

—¿Aspira a ganar algún otro premio?

—Yo ya premios, no. Como lo máximo lo tengo, yo ya no voy a más concursos. Como dije el día del premio, con la pintura corrida por el lote de llorar, ahora tengo que demostrar por qué me han dado la Lámpara. Yo tengo muchísimas ganas de formar lo más grande ahora mismo, de montarme en el escenario y cantar. Rodearme de gente de arte y sentirme realizada. Ahora me voy a permitir las guitarras que yo quiera y llevar mis palmitas, como a mí me gusta ir.


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