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‘Aerohuertos’ de San Pablo

De las 535 hectáreas de superficie del aeropuerto de San Pablo de Sevilla, 201 se dedican al cultivo de algodón, trigo y habas. Esta producción agrícola sirve para evitar riesgos para los aviones como incendios o la presencia de aves, pero también recupera la memoria histórica de cuando estos terrenos eran un cortijo agrario

11 dic 2016 / 10:35 h - Actualizado: 11 dic 2016 / 10:36 h.
  • ‘Aerohuertos’ de San Pablo
    Un tractor recoge el pasto de los terrenos agrícolas del aeropuerto mientras un avión se dispone a aterrizar. / R. Gamaza

Hasta la década de 1930, los terrenos donde hoy se ubica el Aeropuerto de San Pablo de Sevilla eran un cortijo que fue el que le dio nombre al aeropuerto. El Cortijo de San Pablo era propiedad de Ildefonso Marañón Lavín, un terrateniente cuyos terrenos agrarios se extendían por todo el extrarradio de la zona Este de Sevilla. La familia Marañón decidió hace ocho décadas ceder gran parte de sus posesiones a precios simbólicos y así nacieron tanto el Aeropuerto de San Pablo como el cercano barrio de Alcosa.

En la actualidad ese pasado agrario heredado del Cortijo San Pablo sigue vivo en los terrenos del aeropuerto. Desde antes del nacimiento de Aena, hace más de dos décadas, el aeropuerto dedica casi cuatro de cada diez hectáreas de su superficie a la actividad agraria; en concreto, de las 535,5 hectáreas que abarca el recinto aeroportuario, 201 son de uso agrícola. En la actualidad en estos terrenos se cultiva trigo, algodón y habas, «aunque en otras temporadas también ha habido guisantes y girasol», explican desde el Aeropuerto. Por dar una idea de la producción que generan estas plantaciones, en el caso del algodón ronda los 3.000 kilos por hectárea, una cifra que se eleva a los 3.500, en el caso del cereal.

El Aeropuerto de Sevilla sin embargo no tiene su interés tanto interés en la comercialización agraria como en una manera natural, sostenible, relativamente barata y desde luego muy efectiva de llevar a cabo el mantenimiento y la limpieza de los terrenos que rodean su campo de vuelo; «algo fundamental para la seguridad operativa de los aeropuertos», explican sus responsables. Si bien en la mayoría de los casos los aeropuertos recurren a contratar empresas de jardinería para estos trabajos, en el caso de San Pablo se ha optado por esta fórmula que también se lleva a cabo en el aeropuerto de Jerez. Así desde hace más de 20 años, la siembra de trigo, guisantes o algodón conforma a un curioso tapiz, con el que cada día se asegura el despegue y aterrizaje de más de 120 aviones.

En el Aeropuerto de San Pablo recurren a una metáfora para explicar estos aerohuertos: «Aquí la seguridad operativa también se cultiva», explican. La fórmula es un contrato con una sociedad agrícola que mantiene y limpia los terrenos que rodean el campo de vuelo, los explota y comercializa la producción que esa actividad genera. Gracias a esta fórmula, el aeropuerto garantiza el cuidado de un área de suma importancia, pero también genera una oportunidad de negocio para empresas locales.

La labor de esa sociedad agrícola se encamina a eliminar los objetos de riesgo que pueda haber en la zona, evitar el crecimiento de las malas hierbas –y de los pastos susceptibles de arder– y contribuir al allanamiento progresivo del terreno. Todo ello bajo el objetivo primordial de que nada reste visibilidad a las señales e instrumentos de ayuda a la navegación aérea, y de que las comunicaciones avión-aeropuerto no sufran interferencias. Atendiendo a ese mismo objetivo, la selección de los cultivos que se siembran no responde sólo a la oferta y demanda del mercado, sino que tiene en cuenta otros criterios, como el hecho de que las plantas no sean altas, no sirvan de cobijo a liebres y perdices o no supongan un foco de atracción para los pájaros.

«La vocación de un aeropuerto no es la producción agrícola; por este motivo, la extensión de los terrenos que se dedican a ese fin está supeditada a las necesidades de desarrollo y ampliación de las instalaciones», aclaran desde el Aeropuerto de San Pablo; pero mientras no se requieran más espacios para la actividad principal, la de permitir el aterrizaje y despegue de aviones, el Aeropuerto de San Pablo desarrolla este ejemplo de gestión sostenible en medio de un entorno completamente industrial.


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